Voces de guerra en la ONU

La Asamblea General de las Naciones Unidas siempre crea expectativas. Este año los motivos para tenerlas son muchos: el debut del secretario general, António Guterres, quien ha puesto sobre la mesa una propuesta para mejorar la eficiencia del sistema de las Naciones Unidas en la persecución de la paz y del desarrollo sustentable; la participación, por primera vez en ese foro, del presidente Trump, cuyo comportamiento en política internacional ha sido tan errático y desconcertante; la agudización de los temores sobre el futuro de la seguridad internacional producida por la proliferación de armas nucleares; los efectos cada vez más devastadores de desastres naturales agudizados por el cambio climático; la presencia persistente del terrorismo proveniente del islamismo radical; y finalmente el surgimiento de nuevos peligros, como los ataques cibernéticos.

El primer tramo de la Asamblea General es un debate en el que participan todos los países miembros, frecuentemente representados por sus jefes de Estado o de gobierno. Los discursos pronunciados permiten obtener una panorámica de los acontecimientos mundiales, del estilo de los líderes más poderosos, de los problemas más críticos y sobre su posible evolución.

La nota más aguda en este debate general ha sido el ríspido enfrentamiento verbal entre los mandatarios de Estados Unidos y de Corea del Norte. El avance notable de esta última nación en materia de tecnología nuclear ha modificado las relaciones de poder en el este de Asia. Su líder, Kim Jong-un, sabe que tiene ahora un instrumento disuasorio y lo hace sentir. Trump responde con arrogancia. Ambos intercambian insultos. El secretario de Defensa y el canciller de Estados Unidos han bajado el tono a los ataques verbales de Trump, declarándose en favor de la diplomacia. El mundo entero experimenta temor ante la posibilidad de que los enfrentamientos verbales se conviertan en conflagraciones que involucren el uso de una bomba nuclear.

El ánimo guerrero de Trump también se ha expresado en relación con Irán. A pesar de que el canciller Tillerson se ha referido con cautela a las relaciones con ese país, Trump ha descargado su animosidad contra el Plan de Acción para revertir su programa nuclear y, paralelamente, levantar las sanciones económicas que se le habían impuesto. Se trata de un acuerdo trabajado cuidadosamente a lo largo de dos años y aprobado, por unanimidad, en el Consejo de Seguridad. Contiene disposiciones rigurosas para que le dé seguimiento el Organismo Internacional de Energía Atómica, el cual ha informado que Irán cumple con sus compromisos.

Sin embargo, Trump lo utiliza para criticar vivamente a la pasada administración de Obama, insistiendo en que “constituye una vergüenza para los Estados Unidos”. El propósito de abandonarlo, independientemente de la opinión de los otros seis signatarios (Alemania, China, Francia, Reino Unido, Rusia e Irán), constituiría un gravísimo precedente para la acción colegiada dentro de las Naciones Unidas, en particular la observancia de las decisiones del Consejo de Seguridad.

Esto último conduce al aspecto más inquietante de la participación de Trump. Su discurso, en el que acentuó de manera poco consistente y reiterativa la defensa de la soberanía, sugiere que no hay el menor respeto por la acción multilateral. Su atención se dirige hacia el sentir de los electores que lo llevaron al poder bajo la consigna de “America first”. Ningún esfuerzo para conciliar con otros puntos de vista y cooperar para acciones conjuntas en los organismos multilaterales resulta atractivo a ese electorado. La grandeza de la América blanca y xenófoba es suficiente, según ellos, para encarar los problemas globales. De allí el abandono de los compromisos en materia de cambio climático y la decisión de disminuir las contribuciones financieras de Estados Unidos a la ONU. Muy lejos han quedado los esfuerzos de sus predecesores para colocar a Estados Unidos como líder mundial, enarbolando valores como la democracia y los derechos humanos. Tales valores ya no están presentes en el discurso trumpiano.

La participación de otros líderes, con excepción de Corea del Norte, no siguió el tono belicista de Trump, menos aún su actitud despectiva hacia el significado de la ONU. Por lo contrario, países directamente amenazados por las tensiones en Asia del este, como Corea del Sur o Japón, fueron notablemente mesurados. Otro tanto puede decirse de líderes europeos como el presidente de Francia, Emmanuel Macron, cuyo discurso mantuvo una línea fuerte de apoyo a la acción de la ONU, con especial énfasis en el cumplimiento de los compromisos para la lucha contra el cambio climático consignados en los Acuerdos de París de 2016.

Mención especial merece la participación del canciller mexicano, Luis Videgaray. Su discurso giró principalmente en torno de los momentos dolorosos que atraviesa nuestro país, del agradecimiento por la ayuda internacional que se ha recibido y del reconocimiento a la solidaridad del pueblo mexicano con los damnificados. Subrayó el pleno compromiso de México con el multilateralismo. Ninguna concesión hacia las posiciones de Trump y, en cambio, un señalamiento oportuno sobre solidaridad y apoyo a los dreamers, cuyo futuro se encuentra ahora en manos del Congreso estadunidense.

La Asamblea no se agota con el debate general. Comienza ya el trabajo de sus diversas comisiones que este año tienen como tema central “Enfocándose en la gente: luchando por la paz y una vida decente para todos en un planeta sustentable”. La atención se ha volcado principalmente hacia la Agenda de Desarrollo Sostenible 2030. La ONU tiene pocos recursos para avanzar sola hacia las metas propuestas en ese documento. El mayor éxito de esta Asamblea sería, pues, incorporar seriamente en su implementación a la sociedad civil y al mundo empresarial.

Los temas de seguridad más perturbadores, como Siria, Corea de Norte o Irán, no corresponden a la Asamblea General, con excepción de las declaraciones que ya se expresaron en el debate general. Su tratamiento corresponde al Consejo de Seguridad. Tomar decisiones en ese foro lleva tiempo. Lo más deseable, en el corto plazo, es que se contengan las acciones unilaterales y se ponga un freno a los pronunciamientos belicistas de Trump y Kim Jong-un.