Aprovechando un conflicto de intereses entre Bolivia y Brasil a principios del siglo XX, la Real Academia de Geografía patrocina el viaje del solado y explorador británico para establecer los límites geográficos. Percy Fawcett (Charlie Hunnan) regresa a Inglaterra convertido en un héroe, pero la épica del descubridor apenas comienza; en el corazón de la Amazonia, el militar afirma haber encontrado pruebas de la existencia de una civilización perdida, en contra de la opinión corriente de la época que consideraba a los nativos como meros salvajes, incapaces de un desarrollo sofisticado.
Dirigida por James Gray, Z, la ciudad perdida (The Lost City of Z; E.U., 2016) es la adaptación del reportaje de David Grann, periodista del New Yorker, quien siguió los pasos perdidos de Percy Fawcett, personaje histórico que parece extraído de una novela de Joseph Conrad. Aventurero obsesionado con la ilusión de encontrar El Dorado oculto en lo más profundo de la selva, Fawcett deja familia y país, y más tarde, con el pretexto de reparar los años de abandono, termina por arrastrar al primogénito en sus peligrosos lances; todo, claro, ocurre en pleno auge del colonialismo que financia la empresa o promete dinero y fama si el sueño se cumple.
Exploradores ambiciosos en medio de la jungla, animales salvajes, pirañas, nativos caníbales, ataques con lluvia de flechas de tribus hostiles, Z la ciudad perdida recobra el cine americano de aventuras en la selva, tan popular en los años cincuenta, que cayó en desuso con la Guerra de Vietnam; Apocalipsis Now de Coppola, y Herzog con su Aguirre o la ira de Dios, directores que supieron transmitir el horror del colonialismo en los filmes como lo hizo Conrad en la literatura, aniquilaron ese género que apenas subsistió gracias a la saga cómica de Indiana Jones.
Al igual que Siete años en el Tíbet o El renacido de G. Iniárritu, la historia de Percy Fawcett está basada en hechos reales, y por más que la leyenda los adorne con sus desaforadas obsesiones y aventuras, estos Odiseos desbalagados que se atreven a escuchar el canto de las sirenas, pertenecen a la ficción por derecho propio. La dirección de Gray, apoyada en la magnífica fotografía del iraní Darius Khondji (Delicatessen, Amour), combina imágenes tan realistas como fantásticas. Khondji es todo un músico de la imagen.
James Gray, que proviene del cine independiente, ha logrado mantener su sello aún ya como realizador de producciones millonarias; sus héroes intentan sobrevivir la amenaza constante de aniquilación por parte de la misma sociedad que los seduce (Los inmigrantes); en Z la ciudad perdida, sin embargo, la exigencia de mantener la coherencia en un relato tan lleno de peripecias, incluyendo la Primera Guerra Mundial a la que Fawcett acude y que sirve de contraste entre la barbarie de la civilización europea frente al estado supuestamente salvaje de las tribus del Amazonas, hace que Gray desaproveche el carácter trágico de su personaje.
En el sistema de clases inglés, la tentación que acecha a Percy Fawcett es querer recuperar el honor de su familia, el prestigio arruinado por un padre alcohólico y jugador, la seducción por el reconocimiento es el error trágico de este héroe; pero hombre de buen corazón, Fawcett no entiende qué busca en el corazón de las tinieblas, y a Charlie Hunnan le falta densidad como actor para transmitirlo.








