Por tres razones sería muy conveniente que el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) publicara un listado de las 567 obras murales que, con base en lo que señala su boletín número 1285 emitido el pasado 2 de octubre, verificó el Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam) a raíz del terremoto del 19 de septiembre en la Ciudad de México, el Estado de México, Tlaxcala y Morelos.
La primera razón es porque la verificación fue realizada en sólo 12 días, incluyendo los domingos: ¿cuál fue su protocolo y cuántas personas participaron para lograr revisar y evaluar 47 murales por día?
La segunda razón es que sería un gran acierto que los ciudadanos conociéramos la existencia y ubicación de esas 567 obras murales. La pésima decisión que han tenido los funcionarios del INBA de favorecer exposiciones ajenas a los acervos museísticos, ha derivado en el desconocimiento de nuestro propio patrimonio y esta es una oportunidad para reencontrarlo.
Y por último, una razón muy relevante: detectar si entre las obras verificadas se encuentran los cinco murales monumentales y relieves de gran formato de los edificios pertenecientes al Conjunto Habitacional Morelos, en la Colonia Doctores de la ciudad capital. Conocido también como la Unidad Soldominios, este conjunto de edificios emplazado entre las calles de Dr. Lucio y Dr. Navarro, es un importante testimonio histórico y artístico de lo que significó la integración plástica en unidades habitacionales.
Diseñados en 1971 por el arquitecto Guillermo Rossell de la Lama como un proyecto de la iniciativa privada, Los Soldominios sorprenden porque no fueron intervenidos por artistas tradicionales de la integración plástica –como Siqueiros–, sino por creadores vinculados con el neohumanismo expresionista del movimiento conocido como Nueva Presencia.
Entendida como una propuesta interdisciplinaria que conjugaba arquitectura, pintura y escultura para convertir el edificio en una obra unitaria, la integración plástica de Los Soldominios destaca tanto por sus lenguajes abstractos como por sus poéticas matéricas. Realizados por José Hernández Delgadillo (México, 1927-2000), Benito Messeguer (España 1930-México 1982), Francisco Moreno Capdevilla (España 1926-México 1995) y Gustavo M. Bermúdez (México 1936-2013) –autodenominados como Arte Colectivo en Acción–, los murales, al realizarse con cemento y polvo de mármol adherido al muro, se perciben como una piel estructural que recubre los 15 pisos del edificio en su exterior.
Ignorados notoriamente por los historiadores del arte, Los Soldominios carecen de estudios que permitan comprobar su fecha de construcción, identificar las autorías de los murales y entender el origen de su sobrenombre. Construidos donde alguna vez fue la colonia de los trabajadores de la fábrica El Buen Tono, algunos edificios contienen interesantes relieves abstractos en fibra de vidrio; uno de ellos, realizado por la artista Azucena Salomo (México 1938).








