Urge estrategia del Estado para el rescate: Cottom

Día a día se incrementan los inmuebles del patrimonio dañado, ahora son ya más de 1600. Es impostergable, entonces, un plan, a decir del investigador del INAH, Bolfy Cottom. Por lo pronto, la Secretaría de Cultura debería crear ya una comisión técnica de restitución de los bienes históricos, en coordinación con el mismo INAH e INBA, y Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural. Pero que no se anteponga al valor simbólico, cultural y educativo del patrimonio, el del mercantilismo y uso turístico que los discursos oficiales han enfatizado.

El tiempo apremia para la restauración de los monumentos históricos dañados durante los sismos del pasado mes de septiembre, pues el 2018 será un año electoral, de “caos político institucional”, y podría pasar a segundo plano esta tarea que se antoja titánica.

Y es que suman ya más de 1600 los inmuebles dañados que requerirán de al menos 8 mil millones de pesos.

Por ello, el especialista en patrimonio cultural, Bolfy Cottom, investigador de la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), plantea la urgencia de contar con un programa nacional de restauración de bienes históricos que señale objetivos y metas claros a corto, largo y mediano plazo; establezca cronogramas; busque los recursos económicos; y coordine la participación de las instituciones públicas, universitarias, privadas y hasta religiosas, que podrían sumarse.

No hay personal para atender todo a la vez, por ello debe tenerse un plan. El investigador pide además que no se anteponga al valor simbólico, cultural y educativo de este patrimonio (que incluye vastos acervos de obras de arte, objetos de culto, archivos y otros bienes muebles) el mercantilismo y uso turístico que los discursos oficiales han enfatizado para esta misión.

Primero, dice en entrevista con Proceso en su cubículo de la DEH en Tlalpan, la Secretaría de Cultura debería estar creando ya una comisión técnica de restitución de los bienes históricos –en coordinación con los institutos nacionales (INAH) y de Bellas Artes (INBA), y la Dirección General de Sitios y Monumentos del Patrimonio Cultural– vinculada con los tres órdenes de gobierno para garantizar que no se pierda de vista la coordinación técnica profesional que por ley corresponde a los institutos.

Expresa preocupación porque “no habrá presupuesto que alcance y tendrá que haber mucha imaginación para conseguir recursos”.

Según las cifras del INAH hasta el 4 de octubre pasado, la cantidad de recintos afectados es de 1612, en los estados de Chiapas (102), Ciudad de México (92), Estado de México (337), Guerrero (83), Hidalgo (19), Morelos (260), Oaxaca (325), Puebla (275), Tabasco (26), Tlaxcala (86) y Veracruz (7). Son 1529 monumentos históricos, 58 museos y centros culturales, 2 monumentos artísticos, 23 zonas arqueológicas. Se tendrá que ir dando atención gradualmente:

“Será imposible trabajar simultáneamente todos los bienes. Para empezar, no hay personal suficiente para hacerlo. Tendrán que trabajar los tres órdenes de gobierno.”

En opinión del antropólogo, historiador y doctor en derecho constitucional, los institutos INAH e INBA y Sitios y Monumentos, han tenido un “papel realmente ejemplar” en la conformación de brigadas para ir a levantar los censos y estudios preliminares de los edificios dañados, pues ello permitió tener realmente una idea del desastre.

Se pudo así también tener mayor claridad respecto de los recursos con los cuales se va a contar: los provenientes de los seguros que el INAH ha adquirido para los inmuebles de carácter histórico, los fondos de emergencia como el de Desastres Naturales (Fonden). Se ha planteado también la participación de la iniciativa privada y fundaciones. En este sentido expresa la necesidad de actuar sobre la base de un plan:

“Que sea parte de una estrategia de Estado y no meras ocurrencias o imaginaciones, porque esto lleva a perder la coordinación, la visión integral de esta política, y a caer en un desorden, entonces se pueden cometer barbaridades; en aras de reponer algo termina perdiéndose la dimensión de Estado, de coordinación, de vinculación de las instituciones con los particulares, con fundaciones, etcétera.”

–¿Quiénes tendrían que integrar la comisión técnica?

–Hay gente suficientemente especializada en los institutos y Sitios y Monumentos, para formar parte de esa comisión. No tengo la menor duda de que el órgano facultado por ley para preservar y vigilar estos bienes es el Instituto de Antropología, quizá debería quedar al frente coordinando los trabajos, con la visión de conjunto de lo que está pasando en este sentido.

“Porque preocupa que estamos entrando al final del año y empezando el siguiente entramos a una especie de caos político institucional. ¿Y qué va a pasar?, porque esos trabajos no van a ser tan rápidos como se quisiera que fuera.”

Documento público

El INAH debe tener la capacidad para sistematizar la obtención de recursos, explorar en el ámbito internacional, aparte de los fondos ya existentes como los de la Organización para las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), acudir con la Comunidad Económica Europea y otras regiones, dice el especialista en legislación de monumentos.

La pregunta es si no tendría que ser un documento público al alcance de todos los interesados, pues si a las redes sociales se les criticó en la emergencia por exceso de información, la falta de comunicados oportunos por parte de las instituciones gubernamentales causó, por ejemplo, que el templo de Santa Prisca en Taxco, Guerrero, joya del barroco churrigueresco, fuera reportado con severísimos daños por algunos medios y más tarde con afectaciones que podrían atenderse con prontitud para tenerlo abierto en próximas semanas.

Cottom opina que se comprende que la sociedad demande transparencia, como  en el caso de las instituciones, pues tienen presión de parte de sus superiores jerárquicos, de los medios de comunicación, y de cientos de comunidades que están pidiendo se les atienda de manera integral, “aunque deberían estar preparados para aguantar este tipo de presiones, tomando en cuenta que estas coyunturas no forman parte de ningún plan sexenal”.

La lección, dice, es que deberían existir comités de emergencia que puedan ser convocados ante las catástrofes, liderados por las instituciones, SC, el INBA y el INAH, que a través de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos cuenta con los conocimientos técnicos, los diagnósticos, y los especialistas. Y se podrá invitar a expertos de la UNAM, el Instituto Politécnico Nacional y la UAM, que cuentan con arquitectos e ingenieros estructuristas reconocidos.

–Ya existía el Programa de Prevención de Desastres (PrevINAH)…

–Pero ante la magnitud de este desastre, imagínese, hasta sin edificio se quedó el INAH (pues resultó dañado el Conjunto Aristos), es realmente dramático. Hay que pensar en definir una estrategia institucional, un programa nacional de restauración de los bienes históricos, entonces le quitamos un poco de presión unipersonal al director de instituto (Diego Prieto), que debe atender lo cotidiano.

–El INAH es una institución insigne, con casi 80 años de existencia, para muchos entrañable. ¿Es del tamaño de la tragedia?

–Creo que sí. Si me lo preguntara de otra manera: ¿El INAH está rebasado? Le diré que en este tipo de circunstancias todo el gobierno queda rebasado, no hay institución, no hay ente público que tenga la respuesta integral ante un fenómeno de esta naturaleza. Si me pregunta si el INAH está a la altura de las circunstancias, le diría que nunca vamos a conocer la dimensión de todas las circunstancias, entonces toda institución queda rebasada, pero al mismo tiempo debe ingeniárselas para resolver el problema.

Incalculables pérdidas

A decir del especialista, también se debe reflexionar sobre la política de las instituciones responsables del patrimonio hacia las iglesias, si se ha sido capaz de penetrar en sus estructuras, de trabajar en conjunto para la conservación de los bienes artísticos, ornamentales, documentales que resguardan los inmuebles, para la elaboración de catálogos.

“Si la respuesta a esa cuestión es negativa, muy probablemente habremos perdido piezas de las que nunca vamos a saber y eso es muy dramático. En algunos casos tenemos idea de lo que había, hay inventarios, catálogos, registros. Ahí la preocupación es saber cómo resguardamos, cómo restauramos, cómo seguimos conservando lo que pudo haber sufrido daños.”

Habrá también, agrega, que llegar a una mejor coordinación con Protección Civil pues sus criterios difieren de los del INAH e INBA: mientras el primero insistía en la demolición inmediata en casos de inmuebles con daños estructurales, el INAH defendió con base en su conocimiento y disposiciones legales la importancia de preservar toda evidencia histórica, lo cual llegó a provocar tensiones. Lo que Cottom encontró al participar en diversas brigadas fue “la disposición de la gente para contribuir al rescate de sus bienes históricos, esa es una lección”.

El INAH reportó en este sentido, a través del arquitecto Arturo Balandrano, coordinador general de Monumentos Históricos, que mientras continuaba con la elaboración de dictámenes sobre los inmuebles, se demolió la capilla de San Nicolás Tolentino en Tetelcingo, Morelos, y el torreón de la casa de la primera mujer médico en Puebla. El instituto abrió investigaciones para determinar quiénes dieron la orden de hacer estas demoliciones.

“Yo creo que en el futuro –señala Cottom–, Protección Civil, sin descuidar la vida de la gente, que es lo prioritario, deberá tener suficiente personal, si no capacitado, abierto a tener una estrecha colaboración tanto con el INAH como con el INBA para conocer sus criterios. Porque no es el mismo criterio para un edificio reciente de veinte o treinta pisos que para un monumento histórico del siglo XVI o XVII”.

–El arquitecto Sergio Zaldívar (responsable del rescate de la Catedral Metropolitana en los años noventa del siglo pasado) ha expresado que así haya quedado un muro, se le puede poner un jardín y debe conservarse, porque es un testimonio histórico.

–Estoy de acuerdo. Y esa otra vertiente que le mencionaba el arquitecto Zaldívar es fundamental: me preocupa mucho haber escuchado que el criterio predominante en la restitución de estos bienes, es el meramente turístico, el criterio puramente mercantil. El discurso en general, proveniente de las instituciones de gobierno, se centra mucho en eso. Pareciera ahora que es la política turística la que nos está llevando a hacernos cargo de la vida íntegra o de la sobrevivencia de estos bienes.

Es preocupante, subraya, porque para las comunidades es de suma importancia ese patrimonio, “es su identidad, su referencia, su memoria histórica, su pasado, su forma de vida, significa un testimonio educativo para las nuevas generaciones”.

Se le comenta que en el estado de Morelos, durante un recorrido para evaluar los daños, el gobernador Graco Ramírez, el secretario de Turismo, Enrique de la Madrid Cordero, y la secretaria de Cultura, García Cepeda, De la Madrid habló de la urgencia de recuperar la infraestructura turística refiriéndose a la cultural. No parece sorprenderle pero advierte:

“Creo que debemos ser sensibles y no negar que hay lugares, regiones, donde la gente –nos parezca o no– depende para su sobrevivencia, su economía, del flujo turístico de esos sitios, pero triste realidad si nos quedamos nada más con eso, porque entonces ¿qué caso tienen las instituciones culturales y educativas? ¡Que lo resuelva Turismo!”

Considera que frente a la tragedia no deben predominar cuestiones ideológicas, sobre todo si la gente está demandando y pidiendo restablecer su actividad turística, pero tampoco negar el valor histórico del patrimonio. La prioridad es devolverle a la gente esperanza respecto de su lugar de residencia, sin olvidar que para ella los monumentos son sitios emblemáticos, en algunos casos sagrados, y en otros son fundamentales para su subsistencia.

“A eso me refiero con la dimensión turística a la que no podemos negarnos ni cerrar los ojos. Qué va a pasar si en comunidades determinadas les reconstruyen sus viviendas o les dan algún recurso para su casa, si la gente se va a quedar sin fuentes de ingreso…  Pero sostengo que sería triste que las instituciones, a estas alturas, se quedaran en la pobreza de ese discurso.”

Insta entonces a otra reflexión que debe hacer el gobierno sobre las fuentes de empleo e ingreso, porque las catástrofes naturales son recurrentes y cada vez castigan más sitios donde la gente depende del turismo, y no habrá   recursos que alcancen para resolver esos problemas:

“Se debe reflexionar sobre los problemas estructurales que tienen que ver con zonas y cadenas productivas, con fuentes de ingreso para la gente, que no dependan exclusivamente del turismo donde estos fenómenos son inevitables, por ejemplo las playas. Es una gran enseñanza, de visión integral, y, esto ya se ha dicho, pero ahora lo reitero:

“La cultura no va a resolver el problema económico de la gente, ni la miseria, para esto se requiere de otros ámbitos, de generar otras cadenas productivas”.