Amalia Hernández, 100 años

Se celebró en días pasados el centenario del nacimiento de Amalia Hernández, creadora del célebre Ballet Folclórico de México que lleva su nombre, en el Palacio de las Bellas Artes, su sede desde 1959. Celebración por todo lo alto con un espectáculo de casi tres horas en donde echaron literalmente la casa por la ventana, pues además de lo fastuoso del propio grupo, contaron con la colaboración de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) y la compañía Nacional de Danza del INBA (CND), cerca de trescientos artistas en escena.

Bailarina, coreógrafa, investigadora y exitosa empresaria, Amalia Hernández es una figura de referencia en la danza mexicana. La institución que formó ha sido embajadora cultural en prácticamente todo el mundo, recibiendo las más altas distinciones.

Nunca se habían juntado la CND y el ballet. La OSN abrió el espectáculo con La noche de los mayas (1939), que Silvestre Revueltas (1899-1949) hizo para la película homónima de Chano Urreta. Vino entonces Los mayas, coreografía basada en las leyendas del Popol Vuh y el Chilam Balam donde se cuenta la historia de Xtabay, diosa de la caza, quien seduce a sus víctimas y las atrapa llevándolas al bosque sagrado. También la de los tres príncipes hermanos, donde uno de ellos desaparece misteriosamente, y la de Nic-Te, hechicera que devuelve con sus ritos el amor perdido. Aquello fue para la historia.

Siguieron cuadros coreográficos como el homenaje a Vicente Guerrero, un fragmento de la Suite México 1910 de Manuel Esperón (1911-2011), además de “La Revolución”, “Nereidas”, “Tlacotalpan”, “Los Matachines” (con 25 tambores prehispánicos en estruendoso diálogo polirrítmico), danza del centro de la República de origen religioso que a partir del siglo XVI se baila en honor del Dios cristiano y que ha permanecido casi inalterada hasta nuestros días. Además, sones antiguos de Michoacán, donde por si fuera poco se presentó la súper estrella mexicana del ballet Elisa Carrillo.

Continuó con La vida es juego, basada en los juguetes mexicanos y el juego controlado por el diablo que maneja a los personajes a su antojo, determinando su destino: cupido, la muerte, la novia, el novio y el amante se mezclan en un divertido enredo. No podía faltar la Danza del venado, de origen yaqui, estilizada al máximo, sí, pero de indudable efectividad escénica.

“Guadalajara”, “Las olas”, “Fiesta en Jalisco”, y el ineludible Huapango de Moncayo, bajo la dirección huésped, de manera brillante, a la OSN por el maestro Eduardo García Barrios.

Hay que mencionar al coro del Ballet, al grupo jarocho con sus espléndidos solos de arpa, al necesarísimo mariachi, todos microfoneados… ¿realmente hace falta la amplificación en un teatro acústico como Bellas Artes?

Espectáculo sin intermedio, incluyó breves discursos de las autoridades del INBA, de Cultura de la CDMX y de los descendientes de la festejada, así como un filme homenaje a Doña Amalia Hernández y su inolvidable legado.