El minucioso reporte del INBA

Una pormenorizada evaluación inicial de las afectaciones a la riqueza mueble e inmueble resguardada por el Instituto Nacional de Bellas Artes fue dada a conocer a Proceso mediante su dirección de Patrimonio Artístico. Los daños, de acuerdo al diagnóstico en curso, son mínimos. Ahora la prioridad es restablecer la vuelta de los estudiantes a los planteles de su tutela.

“Si pensamos en la tragedia nacional que se vive, nos fue bien, los daños en el INBA fueron mínimos”, declara a Proceso Xavier Guzmán Urbiola, subdirector general de Patrimonio Artístico del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), luego de detallar pormenores y que, hasta el cierre de esta edición, siguen en fase de “diagnóstico”, teniendo claro que la prioridad será abrir las escuelas artísticas.

Guzmán Urbiola detalla que tras el sismo del pasado día 19, trabajan en ese diagnóstico de muebles e inmuebles: 36 personas del Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (Cencropam), 15 de la Dirección de Arquitectura, 5 de la Dirección de Recursos Materiales, y 3 de la Subdirección de Arquitectura (incluido él), para un total de 59.

De los 96 inmuebles, 35 de los cuales tienen declaratoria como  monumentos artísticos e históricos de valor estético, porque se ubiquen en zona patrimonial (Perímetro “A” o “B”), o bien de importancia, como el caso de la Capilla Alfonsina, los daños fueron:

Un florón de cornisa en el Museo Nacional de Arte (Munal) de cerca de un metro cúbico de cantera, que a pesar de tener anclaje de acero, por fatiga, se penduleó y cayó, parte en la Plaza Manuel Tolsá y otra en la azotea del recinto” –dijo–, así como algunas grietas que se ampliaron.

Cristales que se rompieron en La Tallera, ubicada en Cuernavaca, Morelos.

Remates (elementos decorativos) que cayeron en la barda posterior del Museo Nacional de San Carlos (que dan a la Plaza Buenaventura) de cerca de 50 centímetros.

Y en el Cencropam, justamente el Centro Nacional encargado de la Restauración y Registro del Patrimonio Artístico Mueble –edificio jesuita del siglo XVII–, grietas que se ampliaron.

Sobre éste informó:

“El Cencropam tiene dos patios, la unión de ellos está apuntalada en el centro, tenía grietas, mismas que se atendieron entre noviembre (2016) y enero (2017). Se inyectaron, se comportaron perfectamente; y tras el sismo aparecieron otras nuevas, y algunas de las existentes se ampliaron”.

Además de que este viernes 22, en recorrido de las autoridades del INBA –Lidia Camacho a la cabeza– realizado en el Centro Nacional de las Artes, una junta constructiva de la Torre de Investigación “se golpeó”, el historiador de la arquitectura dijo:

“Pero está diseñada para trabajar en sismos, acusa el daño para que la Torre de Investigación y el cubo del elevador no los sufra, es toda la afectación.”

Y agregó:

“Como decía (el arquitecto) Félix Candela, se aprende mucho de estructuras no sólo construyéndolas sino al demolerse, por tanto ver cómo se comportó San Carlos, el Palacio de Bellas Artes o la Torre Prisma habla de la nobleza y profesionalismo de los arquitectos mexicanos que construyeron en este valle tan singular.”

Respecto al Conjunto Aristos, proyectado por el arquitecto José Luis Benlliure y el ingeniero Manuel Klaschky en 1961, considerado Patrimonio Artístico de la Nación, acotó:

“El Conjunto Aristos está dentro de la relación de inmuebles de declaratoria artística, son 24 mil inmuebles incluidos, y obviamente al dueño de cada inmueble es al que le corresponde hacer la declaración… somos una autoridad con injerencia normativa”.

Respeto a la obra mueble –65 mil 487 objetos, de los cuales 2 218  están declaradas monumentos artísticos–, explicó que el mismo día 19 se revisaron los murales de Los informantes de Sahagún, de Federico Cantú, en el Laboratorio de Arte Alameda, y Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, de Diego Rivera, en el Museo Mural Diego Rivera. Y el miércoles 20 La fiesta de la Santa Cruz, de Roberto Montenegro, en el propio Cencropam. Entre el 20 y 21 todos los murales del Palacio de Bellas Artes, y el viernes 22 la Sala de Arte Público Siqueiros.

“En algunas de las salas del Munal por ejemplo, se cayeron algunos cuadros (que no presentaron daños), y en el Museo de Arte Moderno algunas esculturas de exposiciones temporales, pero se habló con el coleccionista y los seguros y no pasó más.

“Del Museo Casa Estudio Diego Rivera se cayeron unas piezas de arte popular que ya fueron trasladadas al Cencropam y se van a restaurar.”

Aunque aseguró que se encuentran en fase de “diagnóstico”, en el caso de los daños del Munal y Cencropam la directora de Arquitectura del INBA, Dolores Martínez Orralde, ya inició el proceso de solicitud y protocolos para el Fondo de Desastres Naturales (Fonden).

Guzmán Urbiola también dejó claro que Lidia Camacho, directora general del INBA, pidió prioridad de labores en las escuelas, aunque por el momento no hay una fecha de regreso a clases.

“Partimos de evaluar cómo está la ‘casa’, para después seguir con el barrio, la ciudad y la República. Hay que ubicarnos dentro de la tragedia nacional que vivimos”, comentó.

El INBA sí aprendió la lección del temblor de 1985. Aquel 19 de septiembre a las 7:20 de la mañana, cuando el director del entonces Cencoa (Centro Nacional de Conservación de Obras Artísticas) –hoy Cencropam–, el restaurador Tomás Zurián, se ajustaba los calcetines para ir a trabajar, vio desde la ventana de su edificio en la colonia Roma cómo el de enfrente se desplomaba. Bajó las escaleras corriendo y en medio de una nube de humo dobló la esquina hacia la casa de su madre. Antes de llegar vio otro inmueble caer. sobre el estacionamiento de junto, donde guardaba su coche. La casona antigua de su madre estaba intacta. A partir de ese momento, él y su equipo, durante una semana ininterrumpida, revisaron todos los murales y sus posibles afectaciones para entregar un diagnóstico impecable.