Denuncia acoso laboral contra mujeres en BBVA Bancomer

Señor director:

Hace un año aproximadamente terminé la licenciatura en psicología y entré a trabajar al corporativo de BBVA Bancomer, aunque contratada por una agencia outsourcing como asistente de piso. Acepté porque tenía que pagar la escuela y porque el sueldo no estaba nada mal.

El 23 de mayo de 2016 fue mi primer día. Mis funciones eran administrativas: entrega de mensajería, papelería, asesoría en aplicaciones dentro de la empresa, donde la mayoría éramos mujeres.

Y aunque me informaron que mi jefa directa era la coordinadora de los asistentes, otra persona –Diego Didier Vásquez Diaz, consultor de servicios personales–, era quien tomaba las decisiones.

Mis compañeras me decían los primeros días: “Trata de llevarte bien con Diego para que no te corra”; “bloquéalo de Facebook porque si le llegas a gustar y te manda solicitud y no lo aceptas la va a agarrar contra ti”. No les hice caso.

Meses después, Diego me consideró para algunas actividades, como los recorridos corporativos, incluso me asignó la capacitación de las chicas nuevas y llevarlas a las demás sedes de Bancomer. Volvieron los comentarios. “Yo creo que le gustas, por eso te está considerando; tú aprovecha”, me dijo una compañera.

El 11 de marzo último por la noche –a las 21:20 horas– recibí un WhatsApp de Diego. Me saludó y yo le respondí. Me comentó que le gustaba y quería invitarme a salir. Le respondí que era mi jefe y no lo veía de otra manera. Y aunque me negué varias veces, él insistía; ya no le respondí.

A partir de entonces Diego dejó de tomarme en cuenta. Sin embargo, guardé los mensajes y comencé a investigar con mis compañeras si alguna vez él les había hecho insinuaciones fuera de lo laboral. Como no tuve pruebas fehacientes, decidí dejar las cosas así.

Sin embargo, a principios de agosto se nos avisó que el corporativo cambiaría los uniformes. Como hubo muchas inconformidades, el día 21 de ese mes hubo una junta en la que se nos explicó que, como pertenecíamos al área de servicios personales, no deberíamos llevar vestidos o faldas; también se nos pidió que, a partir del 22 de agosto, las mujeres no podíamos llevar el cabello suelto ni labios pintados de rojo porque eso era un “distractor”.

Yo comenté: “Estos motivos se me hacen machistas. Si peino mi cabello de cierta forma o uso un labial de cierto color, no quiere decir que esté coqueteando con los colaboradores”.

Tres días después, el 24 de agosto de 2017, me despidieron. Recibí en mi celular notificaciones de que la contraseña de mi correo del trabajo había sido cambiada; también me sacaron de los grupos laborales de WhatsApp y me bloquearon para que no pudiera comunicarme con mis jefes.

Media hora después se comunicó conmigo la persona del outsourcing. Me dijo que, como había sido dada de baja, debía ir a la agencia a firmar mi renuncia y recoger mi finiquito.

Sé que muchas mujeres han sufrido el acoso laboral por parte de sus jefes por no acceder a sus insinuaciones por lo cual le infunden miedo. Eso es violencia psicológica, por eso escribo esta carta. (Carta resumida.)

Atentamente, 

Adriana Batres Pinelo