La destrucción de los templos del Istmo rebasa al INAH

El sismo que golpeó sin misericordia las zonas más pobres del país no sólo echó por tierra las casas de los más necesitados, también las construcciones tradicionalmente sólidas –buscadas con frecuencia como refugios ante eventualidades de esta índole– están caídas o a punto de derrumbarse: se trata de los recintos católicos de Oaxaca y Chiapas. Ni la emblemática Catedral de San Cristóbal ni la mayoría de los templos de Tehuantepec se salvaron.

Las 47 parroquias de la diócesis de Tehuantepec, así como decenas más en la de San Cristóbal de las Casas y en la arquidiócesis de Oaxaca, resultaron gravemente dañadas por el sismo del pasado jueves 7.

Varios de esos templos son monumentos históricos de los siglos XVI, XVII y XVIII y, por lo tanto, un valioso patrimonio cuyo resguardo corresponde al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), instancia que ya quedó rebasada por la magnitud de la catástrofe.

En este rubro, la de Tehuantepec fue la diócesis más perjudicada, al grado que su catedral y muchos de sus templos fueron cerrados, por lo que las celebraciones religiosas se realizan en la calle. Hasta la casa episcopal resultó dañada, por lo que el obispo Óscar Campos Contreras ha tenido que dormir en un catre, a cielo abierto.

El vocero de esa diócesis, José de Jesús Gutiérrez, comenta sobre la magnitud de los estragos:

“Las 47 parroquias en que se divide nuestra jurisdicción territorial quedaron dañadas por el sismo. ¡Todas! Algunas de ellas llegan a atender hasta 80 comunidades con sus respectivas iglesias y capillas. También resultaron afectadas casas parroquiales y otros edificios eclesiásticos anexos.

“Actualmente las celebraciones religiosas se están haciendo en las calles, pues no podemos exponer a los fieles realizando el culto al interior de las parroquias, unas dañadas en mayor y otras en menor medida.”

–¿Ya se tiene el número total de parroquias, iglesias y capillas afectadas?

–No. Aún no concluye el conteo. Estamos en eso. Hay inmuebles eclesiásticos situados en zonas muy apartadas y de difícil acceso a los que primero se debe llegar para después hacerles un peritaje. Hasta el momento se ha logrado detectar 71 iglesias dañadas. El INAH ya intervino, pero no tiene el personal suficiente para realizar recorridos por todo el istmo. ¡Es imposible! Actualmente se está echando mano de jóvenes estudiantes de arquitectura que ayudarán a realizar los peritajes.

Por lo pronto, señala el vocero, ya se detectaron daños estructurales en importantes templos dominicos catalogados por el INAH como “monumentos históricos”, por haber sido construidos durante el periodo colonial.

Y agrega:

“A esta región la evangelizaron los dominicos, quienes levantaron estas construcciones que son un valioso patrimonio arquitectónico. Incluso tienen un seguro por parte del INAH.”

–¿Qué pasará con los templos construidos en épocas posteriores, dañados igualmente por el sismo?

–Los templos levantados del siglo XIX a la fecha no están asegurados por el INAH. Ni siquiera el Fonden puede apoyar, pues esa institución no prevé apoyos a los templos. De manera que deberán ser reconstruidos por las propias comunidades, ya de por sí muy empobrecidas… Tardará años la reconstrucción.

Pone como ejemplo de monumentos afectados a la misma Catedral de Tehuantepec y a dos espacios arquitectónicos anexos: la iglesia de Santo Domingo y el exconvento de Santo Domingo, del siglo XVI.

Agrega el vocero:

“La casa del obispado, construida de 1891 a 1905, también resultó agrietada y con peligrosos desprendimientos. Actualmente los peritos del INAH la están dictaminando. El obispo ya no vive ahí. Por las noches llega incluso a dormir en la calle, sobre un catre, acompañando a sus feligreses que corrieron igual suerte.”

En situación parecida, dice, viven actualmente varios de los 65 sacerdotes de la diócesis de Tehuantepec, cuyas casas parroquiales quedaron resquebrajadas.

Por otro lado, Gutiérrez indica que las valiosas piezas de arte sacro de los templos –óleos novohispanos, esculturas estofadas, cálices, retablos– ahora quedaron expuestas a la intemperie y a la rapiña.

Se lamenta:

“Muchas piezas están tiradas en el piso. Otras son protegidas por algunos feligreses que las guardan en sus casas. Otras de plano ya se perdieron. La rapiña está haciendo de las suyas. Tehuantepec es una región donde ya de por sí se da el robo hormiga de arte sacro, incluso por pedido.”

En la arquidiócesis de Oaxaca –con otro rico acervo en inmuebles religiosos coloniales– también hubo templos dañados. Su vocero, Guadalupe Barragán, comenta a Proceso:

“Ya hemos detectado 50 templos con afectaciones, 13 de ellos ya fueron cerrados al culto por la gravedad de sus daños.”

Indica que, “por fortuna”, en la Catedral de Oaxaca y en el convento de Santo Domingo –dos importantes edificios de la zona– no se han detectado afectaciones.

“Es todo lo que puedo adelantar, pues aún no se termina el conteo de los daños”, dice el vocero de la arquidiócesis.

El jueves 14, la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), que aglutina a los más de cien obispos del país, confirmó en un comunicado de prensa que las diócesis de Tehuantepec, San Cristóbal de las Casas, Oaxaca y Tapachula, así como la prelatura de los Mixes, son las circunscripciones eclesiásticas más afectadas por el sismo.

Señaló la importancia de reconstruir sus catedrales, templos y conventos –sobre todo del siglo XVI, XVII y XVIII–, aunque esto debe hacerse, recalcó el episcopado, “después de atender la prioridad que son nuestros hermanos afectados”.

El mismo jueves, el INAH emitió un reporte inicial donde indica que ya contabilizó 300 templos, recintos culturales y zonas arqueológicas afectadas en Oaxaca y Chiapas, donde actualmente tiene a 80 “especialistas” trabajando a marchas forzadas.­

Entre los recintos culturales incluyó al Teatro Macedonio Alcalá, de la ciudad de Oaxaca, y a la Casa de Cultura de Juchitán. Y de las zonas arqueológicas mencionó a Monte Albán.

Afectaciones en Chiapas

Respecto a San Cristóbal de las Casas, el obispo de esa diócesis, Felipe Arizmendi, emitió un documento donde detalla los daños que, hasta el momento, se detectan en sus inmuebles.

Ahí señala que en la ciudad de San Cristóbal sufrieron estragos la catedral así como los templos de Santa Lucía, San Francisco, Santo Domingo, La Merced, San Diego y San Nicolás.

Sobre la catedral de San Cristóbal –el histórico inmueble de colores encendidos y emblemático de Chiapas–, dice el documento:

“Nuestra catedral quedó muy dañada. Hay columnas resentidas, que representan un peligro mayor. Hay cuarteaduras de consideración en varias partes, sobre todo en los arcos internos. Unas piedras que estaban en la cima de la fachada cayeron sobre el coro, destruyeron el órgano antiguo y parte del entarimado del mismo coro. Donde están las campanas, hay hendiduras de consideración que hacen imposible su uso. Muchas tejas se recorrieron y hay goteras por todas partes.”

Igualmente detalla fracturas de muros, torres caídas, techos derrumbados o bóvedas agrietadas de los otros templos afectados de la ciudad de San Cristóbal.

Hace después un recuento de algunos templos de los pueblos aledaños. Dice por ejemplo:

“El templo parroquial de Zinacantán perdió la parte superior de su fachada, que se vino abajo. En San Andrés Larráinzar, los contrafuertes están resentidos y parte del techo se vino al suelo. En Venustiano Carranza cayeron parte de los techos de San Bartolomé, Señor del Pozo, Calvario y El Carmen. En Tenejapa y Huixtán cayó parte de la fachada, donde están las campanas. En San Felipe Ecatepec también se dañaron la fachada, las torres y el interior.”

Menciona otros inmuebles eclesiásticos de Pantelhó, San Sebastián de Comitán y Villa de las Rosas, y señala que se trata sólo de “un breve recuento de lo que ya tenemos confirmación”. Y estos edificios –indica– “requieren una revisión de los expertos, para valorar sus daños”.

Por último, el documento del obispo Arizmendi aclara:

“Estos templos no son propiedad de la diócesis, sino que son patrimonio del país. Nosotros somos los responsables inmediatos de su uso, pero de quien depende su restauración es de la federación. Por ello esperamos que, así como no tardaron en ordenar que se mantuvieran cerrados al culto, no tarden en su pronta restauración.”