Señor director:
Para destruir uno de los edificios de la Secretaría de la Marina Armada de México (Semar) –que debería estar en un puerto, pero a los titulares les fascina estar cerca del señor presidente para practicar su servilismo– decidieron utilizar una carga de dinamita. El hecho tuvo lugar el lunes 4, pasadas las 18:00 horas, donde sin conocimiento de la física y las matemáticas, sus ingenieros excedieron la cantidad de material explosivo y causaron, además del susto-pánico en un área de 50 kilómetros a la redonda, daños estructurales en casas y edificios, y no sólo la ruptura de los cristales, lo único que se comprometió a pagar el titular de la dependencia.
El almirante Vidal Francisco Soberón Sanz se ha ido apropiando de grandes terrenos para expandir una secretaría que es ya un estorbo a lo largo y ancho del sur de la capital del país. Sin medir las consecuencias –entre ellas algunos infartos a no pocos habitantes–, la arbitraria medida criminal de la cúpula de esa dependencia movilizó a los bomberos, la Cruz Roja y policías porque la destrucción de ese edificio cimbró la tierra cual temblor de 7 grados Richter.
No hubo previo aviso para los habitantes en torno a la Secretaría de Marina y tampoco exhibieron el permiso del Gobierno de la Ciudad de México para llevar a cabo la demolición con dinamita; por los serios y dramáticos resultados, se deduce que los marinos no saben manejar ese sistema que provocó la estampida de los vecinos, quienes no se explicaban el pavoroso estruendo y movimiento telúrico, nacido de la explosión en las instalaciones de Marina, para cuyas autoridades todos los días parecen ser “fiestas patrias” con sus ensayos de tambores y cornetas durante toda la semana, causando daños psicológicos y físicos a niños y adultos, porque en las madrugadas provocan un ruido espantoso.
Todos los edificios y casas en un perímetro de 50 kilómetros a la redonda tienen daños estructurales, y no ha habido una revisión por parte de la Semar ni de los órganos de Protección Civil; mientras la dependencia se ha comprometido únicamente a pagar el costo de los vidrios dañados y que los perjudicados paguen la instalación. El Estado militar que priva con aprobación de Peña Nieto ha permitido ese atentado.
Atentamente,
Álvaro Cepeda Neri








