Y los campesinos se niegan a ser despojados

San Salvador Atenco, Estado de México.- Un camino de tezontle atraviesa los campos de cultivo. Aunque es posible circular por encima a baja velocidad, la cantidad de camiones y trascabos hace optar por una terracería adjunta, que es el viejo camino vecinal. De pronto el tezontle choca con una vivienda rural.

La estampa parece irreal, tanto como otros escenarios que se conocen apenas saliendo de San Salvador Atenco con rumbo al campamento ejidal El Porvenir, el último asentamiento antes de que el llano verdoso que es el lecho seco del antiguo lago de Texcoco se interrumpa por una enorme barda perimetral, imposible de trasponer, donde se construye el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM).

El lecho no está tan seco, las lluvias despiden agosto y saludan septiembre con crecidas de hasta metro y medio, en canales que, según los campesinos del lugar, suelen desbordarse y anegarlo todo, por más que a través de los siglos han intentado conducir el cauce de los siete ríos que, vivos o muertos, desembocan ahí y a los que atribuyen la fertilidad de sus parcelas. Tanta fertilidad que ese 28 de agosto se hacen acompañar de agrónomos de la Universidad de Chapingo y del brasileño Sebastiao Pinheira, el científico opositor al maíz transgénico que les ha llevado semillas susceptibles de cultivarse en la salinidad.

Pero nada supera el camino de tezontle que se acaba en la casa de Nieves, una campesina que, con su familia, resiste sola la obra y cuyo patio retiembla mientras el ruido ensordecedor de un trascabo acecha al otro lado del jardín, donde se reinicia el camino que se interrumpirá más adelante, en la parcela de Miguel Medina, quien tampoco quiso vender su propiedad.

Nieves no quiere dejar su casa ni su parcela ni ceder a las presiones que, a base de ofrecimientos económicos e intimidación, la quieren echar de su tierra ancestral.

El camino parte en dos un territorio: el viejo lago de Texcoco queda al poniente, mientras que los pueblos de origen prehispánico circundantes, como Atenco, Acuexcomac y Tocuila, aprovechan desde siempre los brazos del río Papalotla.

Por la maquinaria que trabaja a toda marcha en distintos puntos, es posible advertir que los ingenieros que ahí aplican su técnica, decidieron hacer lo mismo que, a unos cuantos kilómetros, realizan otros ingenieros en el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM).

El camino y la maquinaria no tienen marcas, pero los integrantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT) saben que son de Pinfra, la empresa de Alfredo Miguel, uno de los empresarios más poderosos de la élite mexiquense, que desde hace años adquiere tierras a precios bajos y desarrolla la autopista Pirámides-Texcoco, que el gobierno peñista le concesionó en 2015 por 60 años.

Los miembros del FPDT han cambiado en tres lustros. Hoy saben nombres de empresas, contratistas, hablan de adjudicaciones y licitaciones que afectan sus tierras y dominan una jerga jurídica a base de amparos, como el que se les concedió para que la obra de Pinfra no siga avanzando.

Marta Pérez Pineda, campesina e integrante de dicha organización que se opone al NAICM y sus obras, lleva consigo expedientes judiciales y planos históricos y vigentes. Ella es quien observa, a pesar del amparo pleno que ordena la suspensión de obras, que Pinfra las mantiene.

En Atenco hay cinco amparos, en Tocuila dos y uno en Acuexcomac. En contra de la autopista son tres: Tocuila, Atenco y Acuexcomac. Pero solamente en Tocuila y en Acuexcomac hay suspensiones de plano. Ninguno se ha respetado.

La jugada del despojo

En 2001 la intentona del presidente Vicente Fox por construir un NAICM se vio frustrada ante las movilizaciones, procedimientos jurídicos y solidaridad internacional que recibieron los atenquenses del FPDT. Luego, en 2005, la represión llegó con un enorme operativo: saldo de dos muertos, decenas de mujeres violadas y su dirigente, Ignacio del Valle, a prisión junto con sus vecinos.

San Salvador Atenco se convirtió en un referente de resistencia para unos y conflictividad para otros. En cualquier caso, un lento proceso se fue desarrollando. En 2008 la Comisión Nacional del Agua compró tierras del antiguo lago de Texcoco, con el argumento de que eran improductivas y construirían ahí una reserva ecológica en las comunidades de Ixtapac y Nextipayac, explica Marta.

Además, la organización Antorcha Campesina amplió su presencia repartiendo dádivas y prebendas, tomando cargos y posiciones políticas; entre ellas la de comisariado ejidal, gracias a la operación que a través de ellos se hacía de programas sociales.

En una entrevista realizada por Proceso en 2014, cuando aun estaba al frente del GACM, Manuel Ángel Núñez Soto aseguró que no había conflicto pues las tierras eran del gobierno y eran tan salitrosas que resultaban improductivas. Esa son las tierras que adquirió la Conagua en 2008.

Con esa preparación y la presencia de los antorchistas, todo se precipitó y el 1 de junio de 2014, tres meses antes del anuncio del NAICM que haría Peña Nieto, una asamblea ejidal aprobó el cambio de uso de suelo y la venta de la tierra.

“Esa fue la jugada principal, la jugada del despojo”, dice Ignacio del Valle, durante un trayecto entre el campamento ejidal El Porvenir y San Salvador Atenco.

Desde entonces –afirma– la oposición del FPDT ha resentido confrontaciones con grupos de choque que llegan respaldados por la policía y el Ejército, especialmente para los habitantes de Tocuila.

Las comunidades afectadas por el NAICM y las obras complementarias son 13. Son Ixtapan, Nexquipayan, Acuexcomac, San Salvador y Zapotlán, todas pertenecientes a Atenco; además, ocho de Texcoco, entre esas Tocuila, la más afectada por los grupos de choque, lo mismo que La Magdalena, Texcoco, San Andrés, San Felipe y Santa Cruz.

“Son las comunidades que colindan directamente con ese proyecto (el NAICM). Aunque donde están poniendo la barda perimetral, el gobierno argumenta que son tierras federales. Nosotros decimos que no porque hay un decreto de 1971-1982 en donde el gobierno, a través de la Conagua, hace el reconocimiento del exlago de Texcoco, para hacer una zona protegida y lo que están haciendo es poner una plancha de concreto en un lugar que tiene otra encomienda natural, que es ser un vaso hídrico.”

Del Valle denuncia: “La represión se da de diversas formas: lo sentimos, como presionan, por medio del ofrecimiento, las dádivas, el engaño y, sobre todo, la contratación de empleo temporal a los jóvenes de diferentes comunidades, a los cuales cuando hay una manifestación en contra de lo que están haciendo, es a la gente que utilizan para reducir el asunto, en un asunto local”.

Del Valle se refiere a los participantes en brigadas de empleo temporal que participan en el terreno del NAICM “reforestando” o retirando árboles para su reubicación. Les pagan 300 pesos semanales. l