Podría decirse que los Tigres de la UANL es el equipo de la década en el futbol mexicano: hasta ahora, ningún club tiene más campeonatos conquistados en el ámbito nacional y continental, pues el conjunto participa con frecuencia en las finales de la Concachampions y la Copa Libertadores. Ese vertiginoso ascenso y posicionamiento es producto de la planeación, y de la comunicación con sus jugadores, sostiene Alejandro Rodríguez Michielsen, El Inge, quien está al frente de la oncena nuevoleonesa desde mayo de 2010.
MONTERREY, NL.– La plantilla del Tigres está bien armada, sostiene Alejandro Rodríguez Michielsen, El Inge, quien preside el club desde 2010. Rechaza que sus muchachos hayan crecido a base de billetazos. Es un mito, dice, que el equipo, al que salvó del descenso y ahora es el campeonísimo, sea la plantilla más cara del balompié nacional.
Lo que pasa es que en sus filas alinean jugadores de renombre como André Pierre Gignac, Eduardo Vargas, Ismael Sosa, Javier Aquino, Enner Valencia y Nahuel Guzmán. Y se justifica: en la liga mexicana hay tres o cuatro equipos con una nómina más alta.
En las oficinas del club hay administradores hábiles. Ellos han sabido manejar bien los recursos del equipo para adquirir elementos que llaman la atención en México. Además, nunca han necesitado echar mano de los recursos de la empresa dueña del equipo, Cemex, una de las cementeras más importantes del mundo.
En 2013, el dueño de Cemex, Lorenzo Zambrano –fallecido en mayo de 2014– llamó al Inge para encargarle el proyecto de Tigres, que tenía tres años peleando por mantenerse en la primera división. Y él, junto con el gerente deportivo, Miguel Ángel Garza, y el entrenador Ricardo Tuca Ferretti formaron una tripleta que llevó al equipo a su época de oro.
Cuando la cementera se encargó de Tigres firmó un contrato de 30 años con la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL), que le cedió para su administración el equipo, así como el estadio y las instalaciones de La Cueva, en Zuazua. No obstante, la marca sigue siendo propiedad de la institución educativa.
Según El Inge, Cemex nunca ha considerado al equipo como un negocio, sino como un instrumento para entregar a la comunidad diversión y espectáculo social.
Desde el principio, relata, estableció un puente directo con la administración de Cemex, primero con Víctor Romo y posteriormente con Mauricio Dohener, a quienes comunicaba las necesidades del club.
El Inge y sus auxiliares Tuca y Garza comenzaron la reingeniería de los felinos en mayo de 2010, una semana antes del draft, previo al inicio del Torneo Apertura 2010.
Con un margen de maniobra mínimo se concentraron en observar a los jugadores en venta. Tuvieron una jornada de pesca afortunada: firmaron a Jorge Torres Nilo, Hugo Ayala y al defensa Juninho, quien lleva siete años con ellos.
Luego se unieron otros jugadores que estaban esperando en la cantera, ya maduros e ignorados, como Israel Jiménez, Enrique Palos, Alberto Acosta, Manuel Viniegra, Jesús Dueñas, Alan Pulido. A la base sólida llegaron después Danilinho y Héctor Mancilla, dos figuras que reforzaron el proyecto.
En esa época Tigres estaba a punto del descenso y la afición estaba dolida con los jugadores y sus directivos. El antecesor del Inge, Santiago Martínez, y el entrenador Daniel Guzmán habían sido despedidos.
Una estrategia exitosa
Alejandro Rodríguez, quien trabajó durante dos décadas en el Grupo Alfa, habló con los jugadores. Les pidió una comunicación abierta para evitar conflictos destructivos; los invitó a participar en la planeación y organización deportiva, comenta al corresponsal en su oficina del Estadio Universitario.
En el primer torneo logró estabilizar el conjunto; en el segundo los jugadores ya pisaban tierra firme, y en el tercero, Tigres ganó el campeonato. El Inge recuerda aquella final de diciembre de 2011 en la que arrollaron al Santos con marcador global de 4-1 y levantaron el trofeo después de 29 años.
En la cancha y fuera de ella, El Inge trabajó en proyecciones a mediano y largo plazos. La clave fue la planeación y el trabajo en equipo, comenta orgulloso. Y así lo sigue haciendo con los directivos de Cemex Rogelio Zambrano, presidente del consejo, y Fernando González, director general de la empresa.
El Tuca Ferretti llegó con su auxiliar técnico Hugo Hernández y el preparador físico Guillermo Orta. Más tarde se les unió Miguel Mejía Barón como auxiliar y recientemente Abdón Calderón llegó como entrenador de arqueros.
Cada martes por la mañana los directivos de Cemex se reúnen con el equipo técnico para evaluar al equipo; por la tarde lo hacen los encargados del aspecto deportivo.
En sus años de gloria Tigres contrató a jugadores de clase A como el francés Gignac, el chileno Vargas, los argentinos Sosa, Guzmán, Zelarayán, el ecuatoriano Valencia y los mexicanos Aquino y Damm.
La directiva ha volteado hacia el extranjero para importar jugadores debido a que todos los canteranos destacados ya están detectados, dice el mandamás felino. Es bueno, dice, para cualquier equipo tener un buen cuerpo de reservas para que reemplacen a los que se van.
Cada mes, en la Universidad, el cuerpo técnico del primer equipo observa el desempeño de los prospectos recomendados por los visores de fuerzas básicas. Cada miércoles y jueves hay encuentros interescuadras; a quienes se distinguen en la cancha los invitan a practicar con los mayores, donde los observa Tuca.
Las finanzas saludables le permiten al club tener un cuadro con sus 11 titulares y otro grupo de jugadores considerado equipo B, quienes están listos para el reemplazo en la cancha. Eso le permite al equipo jugar con cuadros combinados. Los jugadores no se desgastan.
Eso permite también a los directivos pensar en el siguiente torneo y observar a los nuevos jugadores o prestarlos a otros clubes, como el colombiano Luis Quiñones, quien juega como extremo izquierdo.
En México, dice El Inge, son muy codiciados los jugadores zurdos, pues escasean. Cuando Quiñones llegó, el titular era Aquino, por lo que sólo alineó durante unos minutos y sólo podía iniciar en la Copa o en la Confederaciones (la Concachampions) o cuando Aquino se lesionara.
Y como Quiñones se empeñaba en ser titular, Tigres lo cedió seis meses, sin opción a compra, a Lobos BUAP, donde hoy es parte del primer equipo; allá continúa su proceso de maduración, insiste El Inge.
Sólo buena administración
Poco antes del encuentro de la jornada 3 Tigres-Gallos Blancos, en El Volcán, Jaime Lozano, técnico de la oncena queretana, dijo que el conjunto felino es el Real Madrid de México, en alusión a la organización merengue, que se caracteriza por contratar a lo mejor del mercado.
Rodríguez Michielsen rechaza que el club se arme a golpes de cartera. Aclara que el equipo no rinde utilidades ni es una empresa ordinaria donde cada año los accionistas se reparten las ganancias.
Tigres recibe 33% de los ingresos de taquilla y esquilmos, otro tanto por patrocinios y un porcentaje similar por derechos de televisión. Todo lo que entra se reinvierte para mejorar al club, dice Rodríguez, quien tiene dos licenciaturas, una maestría en Estados Unidos y un doctorado en contaduría pública y administración por la UANL.
Todos los ingresos son para remodelar instalaciones o mejorar las operaciones; se emplean principalmente en la formación de la plantilla. De las entradas de la empresa, 88% se asigna al área deportiva, e incluye la adquisición de jugadores, mientras el 12% restante es para cuestiones administrativas.
Según él, algunos medios toman como referencia el portal internacional transfermarkt.com que tasa a los jugadores con base en los factores que ellos evalúan.
En esa tabla, Tigres es el primero en la lista mexicana con valor 58.9, en millones de euros, le siguen Rayados, con 44.6, Pachuca, con 43.2, Chivas, con 41.7, y América, con 38.6.
De acuerdo con ese portal, Enner Valencia es el jugador más valioso en el circuito azteca, con 10 millones de euros.
“Esos valores –dice el presidente de Tigres– que ponen son suposiciones que hacen y exponen todo el roster de Tigres, con Gignac, Sosa y Vargas… Hacen las sumas y nos dicen que tenemos el equipo de mayor valor; ¡qué bueno!”
Otra ventaja que tiene la marca Tigres es que los competidores en el mercado les tienen confianza. De esta forma, dice Rodríguez, el club es hábil al adquirir refuerzos e inteligente para hacer transacciones.
“También sabemos comprar: adquirimos jugadores con abonitos fáciles y enganches bajos. Somos buenos administradores. Si tengo 10 pesos y necesito comprar un jugador de 15 y otro de siete, pues doy cinco y cinco a los vendedores, y luego voy pagando poco a poquito. Como tenemos buena fama de que sí pagamos, nos dan crédito”, comenta.
E insiste: es mentira que Tigres eche mano al dinero de Cemex. El equipo nunca se sale del presupuesto. Por fortuna, la marca es exitosa, lo que le permite hacer movimientos con holgura, con los propios réditos que generan. Ayuda también que la franquicia tenga 38 mil abonos colocados, en un inmueble con 43 mil localidades.
“Está lleno el estadio y lo prevendemos en cada torneo. Pero todo es por la afición. Por eso te digo que los patrocinadores nos respaldan por ellos, el contrato de televisión y la taquilla, igual. Todo es la afición y tengo que responderle a ella, que hace que todo esto suceda. Así de sencillo. Creemos interpretar lo que la afición quiere”, señala.
Para mantener la estabilidad del grupo, la presidencia del club es cuidadosa en la contratación de elementos. Más que eso, buscan jugadores con cualidades y con compromiso.
Gignac es un caso ejemplar. Desde el principio supo lo que el equipo esperaba de él y asumió el liderazgo, con el que responde en cada juego a los aficionados, quienes no dejan de seguirlo.
Además, Tigres tiene un compromiso social permanente. La directiva encontró la manera de capitalizar toda la atención que genera el equipo, entre centenares de miles de seguidores, que están al pendiente de los jugadores y los resultados.
Por ellos canalizan esa sinergia para hacer visitas a escuelas primarias. Osvaldo Batocletti, exjugador y exentrenador, acude a los planteles a dar charlas sobre los valores. Alumnos de primaria hacen recorridos semanales por las instalaciones del estadio universitario. Con estas dinámicas han tocado unos 20 mil jóvenes en los años recientes.
Éxito y campeonatos
En los últimos cuatro torneos de liga, Tigres ha estado en tres finales de las que ha ganado dos. Y recientemente se coronó como Campeón de Campeones.
En total, desde la llegada de Rodríguez, el club ha disputado 12 finales, de las cuales ha ganado seis, entre ellas tres títulos de liga.
El Inge se engalla cuando se le menciona si el éxito va emparejado a la conquista de títulos, pues Tigres es permanente protagonista y, aunque llega al último juego, no siempre se lleva el gallardete.
“Me enojo contigo y con el que me diga que fracasamos. No ganar el campeonato es un enojo, una frustración que te llega al fondo de tu corazón. Porque luchas, peleas y te esfuerzas. Pachuca nos saca de la Concachampions en abril con un gol al minuto 78 y va al Mundial de Clubes. Nos enferma. Queríamos ir a ese torneo. Pero en el futbol aprender a lidiar con la derrota es aprendizaje enorme si lo asimilas bien”, dice.
Recuerda que en el torneo pasado Tigres fue derrotado por Chivas, que se proclamó campeón. Tampoco acepta que por ese descalabro se le llame perdedor al equipo.
“Yo lo veo como que no alcanzamos la meta, no logramos el objetivo, no culminamos el sueño. Pero ¿fracasado? Rechazo el término. Eso es para quien no puso lo mejor de sí, para el que se fue en sentido contrario de su objetivo. Pero un equipo que se entrega y enfrenta a otro que fue mejor y que tal vez tuvo mejor suerte, no puede ser llamado así. No lo comparto”, afirma.
Recuerda otra “palabreja” que los medios utilizan al referirse a Tigres como un equipo “obligado” a levantar la copa.
“No. La obligación de los jugadores es ir a entrenar, cuidar su peso, condición física, respetar reglas. Eso sí es obligación, y luego de cumplirla tiene que ganar el partido. Y el otro también quiere lo mismo. ¿O sea que el que pierde es un desobligado? Claro que no”, precisa.








