A 20 años de Kids, la cinta a medio camino entre denuncia sociológica y explotación morbosa sobre la conducta sexual de los adolescentes de fin de siglo, de Larry Clark, Bang Gang: una historia de amor moderna (Bang Gang: une histoire moderne d’amour; Francia, 2015) busca actualizar el tema durante la plena adolescencia de este nuevo siglo de sexualidad intrincada en el tejido del internet, redes sociales y sexualizada trivializada.
En esta historia, escrita y dirigida por Eva Husson, de título irónico porque hay sexo, pero no amor, los chicos tienen, precisamente, 16 años con padres ausentes, comparten un verano demasiado cálido, juegos de botella y sexo en grupo; otro guiño de ojo que anuncia el título es la inversion de la expresion del “gang bang” que alude a una forma de sexo en grupo, sin que la directora resista asociarlo al famoso Big Bang como métafora de explosion de vida y hormonas; la voz en off de uno de los chicos que narra los hechos, recuerda un tanto a la famosa Verano del 42 (1971) sobre la iniciación sexual de un adolescente.
Pero durante este verano de canícula, juegos no prohíbidos, y de desnudez que la directora mira con ternura y la cámara del fotógrafo Mattias Troelstrup esculpe con luz, pero de desnudez que los chicos manejan banalmente y sin misterio, no hay iniciación sino mero descarrilamiento de trenes; metáfora también obvia que anunciam las noticias en la televisión como parte del ambiente de música, drogas (las de ahora), y sexo desangelado. Claro, los actos, sobre todo los promiscuos, tienen consecuencias, pero nada que no pueda resolverse con antibióticos y abortivos.
La pornografía es la muerte del Eros, aniquila a la sexualidad misma, sentencia el coreano Byung Chul Han en su estupendo ensayo sobre la cultura del internet, La agonía del Eros; los enemigos del placer no son, afirma, la represion y la moral, antes bien lo potencian; lo obsceno del porno no es el exceso de sexo, sino que ahí no hay sexo.
Los adolescentes de Bang Gang juegan al porno, graban sus experimentos y se graban a sí mismos sin pensar que la imagen del YouTube queda ahí, quizá para siempre. Sin caer en el voyerismo sórdido de Larry Clark, la directora Eva Husson intenta un retrato honesto de la conducta sexual y amorosa de esta nueva generación. El manejo de luz y sonido es elocuente en cuanto a pintura, pero el desenfado naturalista, casi siempre virtud del cine francés, es aquí contraproducente, deja una moral floja y a medias tintas; y no lo digo por moralismo, sino porque es imposible asomarse al asunto sin desconcierto, so pena de caer en la misma actitud de esos casi niños.
Hasta ahora el mejor acercamiento al tema ha sido Klip (2012), la película Serbia que muestra, sin concesiones, la incrustación de la pornografía y los aparatos del internet en el manejo sexual de los jóvenes, la agonía misma del Eros.








