“Aquí sigo”

“No quisiera morirme nunca, quisiera ser eterno”, confiesa de todo corazón uno de los nonagenarios en Aquí sigo (México, 2016), documental de Lorenzo Hagerman que combina una serie de entrevistas con ancianos de diferentes partes del mundo para armar una pieza, bien rimada, sobre la experiencia de vida desde la perspectiva de la vejez.

Ejemplo de armargura y pesadumbre, temas asociados a la senectud, Aqui sigo alegra por su optimismo: no dejar de probar las mieles de la vida y no desperdiciar el tiempo. Se entiende la respuesta entusiasta del público joven en las funciones del documental, de acuerdo al director, porque la perspectiva de los jóvenes al revés en la línea de tiempo es prepararse para llegar con plenitud; sin duda el mensaje, en este sentido, es claro, pero el entusiasmo que provoca el documental proviene sobre todo de la vitalidad de los entrevistados, y de su contagiosa manera de disfrutar la vida.

Ya sea Balbino, campesino de Peña de Bernal, Primitiva Ruiz en Costa Rica, Saeko en Okinawa (este ultimo a los 95 años canta todo el día) o los demás entrevistados, cuentan y se actúan a sí mismos, se presentan como protagonistas del momento, y presbíteros de vida; por eso el director no abusa de las metáforas obvias asociadas a la edad, apenas unos instantes de imágenes de montaña o de árbol; los viejos se muestran como símbolo de vida, sin castigo ni amenaza… la existencia como previlegio.

Lorenzo Hagerman, cinefotógrafo de Heli, también codirector de H2O (2014), uno de los documentales más importantes sobre la distribución y la contaminación del agua en México, logra humanizar al viejo, casi siempre tratado en otros documentales o ficciones con sentimentalismo y horror que deja en el público una mezcla de culpa y amenaza. Claro, en Aquí sigo los casos elegidos son felices, pero en los mapas de vida que cada uno traza de sí mismo se perciben abismos que supieron sortear. Su plenitud es mérito ganado.

Los temas son los básicos: amor, muerte, alimentación, dormir y soñar, pasar el tiempo; en vez de atiborrar las entrevistas con relatos testimoniales y recuerdos, un mínimo de episodios y anécdotas del pasado dan cuenta del temperamento y la postura de cada uno ante la vida.