El Chuki, de rector

Ni en la imaginación. Pero antes de abrir tema, obliga a este redactor enmendar un error cometido en su artículo anterior (“Otra vez mugre en la UdeG”, Proceso Jalisco 661). Cambió el orden de los apellidos del señor Chuki. Es Ricardo Gutiérrez Padilla y no Padilla Gutiérrez como fue escrito. Ahora sí, al tema.

Pues resulta que el bello angelito, apodado El Chuki quién sabe desde cuándo y desde dónde, fue vicerrector de la UdeG con Trinidad Padilla López, allá por inicios del siglo. Trino fue el títere más confiable que se halló el capo, su hermano, para seguir manipulando a la universidad estatal, o mejor dicho los dineros que por ella corren. Raúl es personaje más que conocido en la grilla estatal. Casi todo mundo sabe de él que es, o bien uno de los últimos dinosaurios o bien un señor de horca y cuchillo en sus dominios, como se le quiera pintar.

Deformación tan cruel no es mérito de Padilla solo. Nuestra vida política tan defectuosa, tan alejada de la libertad real y del funcionamiento democrático, prohija a granel a tales especímenes. El discurso general abomina de la imagen del presidencialismo, del caciquismo y de toda figura paternalista engendrada por el monopolio del poder. Pero poco hacemos por desmontar la dinámica en que se fincan estos abortos. Desde su inicio la universidad fue concesionada a personajes políticos de baja laya dentro de la caterva de buscadores de fortuna vía  grilla. El premio de regentearla pone en sus manos el manejo discrecional del dinero que, so pretexto de la educación superior, corra por ella. Nadie, ningún movimiento interno, ningún grupo organizado a su interior, ha logrado sacudirla de tal enfermedad endémica.

Tan es así que, vista bajo la lupa de sus caciques, la historia de la UdeG se puede reducir a tres periodos. El primero corre desde su fundación moderna en 1925 hasta 1959 (año de la huelga ferrocarrilera). Mantuvo en ella la batuta principal don Guadalupe Zuno. El segundo periodo vivió etapas complejas de control, pero conoció la férula de la familia Ramírez Ladewig. Corre de inicios de los sesenta hasta 1989. Carlos Ramírez Ladewig, hijo del exgobernador Margarito Ramírez Miranda, fue asesinado en 1975. Pero bajo la tutela de su nombre, los controles siguieron en manos de fieles cancerberos. Uno de ellos era el joven y ambicioso grillo, el conocido Raúl Padilla López.

En 1989 arranca el tercer período, hasta los días que corren. Padilla fue ungido como rector de la máxima casa de estudios, consagrado con los mismos santos óleos con que el ramirismo entronizó siempre a sus testaferros. Mas en cuanto se sentó a la silla rectoril rompió con sus cuates y avasalló los controles. No le fue fácil desbancar a sus viejos amigos, que le armaron sorda resistencia. Pero poco a poco, fraguando con los mecanismos del más puro patrimonialismo con que funcionamos, logró apartar de los espacios de decisión a todo opositor y sentó sus reales en nuestra bella, bicentenaria y benemérita UdeG de Padilla.

Como bien se entiende, el presidencialismo vigente en tal casa de estudios es un trasunto fiel del utilizado para armar y componer el país. No hay que buscar flecos extraños ni formatos novedosos. Los mismos vicios paternalistas, patriarcales, patrimonialistas y corporativos que se dan en los sindicatos, en los partidos políticos, en las familias mexicanas en general, se reproducen a la calca dentro de los espacios universitarios udegeístas.

Imposición, arbitrariedad e impunidad son sus elíxires básicos. No hay de otra. No se mueve una sola hoja del árbol si no es por la voluntad del señor de los cielos. Decimos que ya queremos cambiar la solfa, pero no tenemos para cuándo. Es una espera que se prolonga demasiado.

Pues bien, de las muchas tretas experimentadas para mantener con careta de formalidad el dominio de la rectoría, desde la que hace y deshace, Raúl puso de rector general a su hermano Trino. No hay que buscarle méritos a este hermanito, pues es perder tiempo en ello. Fue diputado federal a instancias de su hermano; igual lo trajo luego para diputado local. De ahí ensayó, no con mucha fe, a promoverlo para gobernador. Toda una carrera de favores para Trino, de raspas para conseguirle espacios, sin que brille en cartera alguna.

Fue rector en 2001. Ricardo Gutiérrez Padilla apareció como suplente suyo, como vicerrector, sea porque su hermano se lo impuso, o porque el propio Trino haya logrado convencer a su poderoso hermano. No tardó este personaje en desenvainar el sable y tratar de imponerse a la brava, como lo hace el tutor RPL. Sólo que en un esquema de controles unipersonales, de monopolios irrestrictos de poder, no caben dos mandos. Dicen los que saben de esto que el poder no se comparte. Los cobrones de la UdeG sintieron que había dos caciques dentro de la armoniosa e idílica vida burocrática y regalada en que se desenvuelven. Pegaron ante el capo su grito en el cielo.

Acostumbrados a obedecer una sola voz de amo, sintieron que la presencia de dos era insufrible. Se quejaron a RPL y éste, atendiendo la súplica de su rebaño fiel y para no arriesgar la más mínima disidencia, cortó por lo sano y puso de patitas en la calle al vicerrector, nuestro mentado Chuki. Tal defenestración ocurrió la segunda semana de octubre de 2003. Quedó en su lugar una señora de nombre Gloria Angélica Hernández Obledo. En su casa la conocen. Pero debe haber sido para el capo una gregaria de confiar.

Vino a resultar memorable el pasquín que El Chuki hizo correr como correo electrónico, comentando aquella su renuncia. En tal carta afirma sentirse calumniado y pinta a sus detractores de tartufos, de maestros en la simulación y la farsa. Uno de sus párrafos es digno de ser transcrito: “Los marqueses, las preciosas, los cornudos han sufrido sosegadamente que los hayan sacado a escena… es un crimen que no pueden perdonarme. Se han alzado todos contra mi comedia con un furor espantoso. Son demasiado políticos para revelar el fondo de su alma”.

Motu proprio, o siguiendo el encargo de su ‘tartufo defenestrador’, pues todo es posible en esta comedia de enredos, El Chuki ingresó de lleno al PAN y ahí buscó hacer carrera política. Una mala apuesta, según enterados, pues poco éxito habrá de obtener con haber ido a dar a un instituto político que enaltece a sanguinarios como Felipe Calderón o a bufones como Vicente Fox, que ahora busca dictarle cátedras de democratización a Venezuela. Aceptando sin conceder que busca meterse en serio a disputar la rectoría de la universidad por rescatarla de las garras de RPL, no lo conseguirá buscando sustituir al dinosaurio. Es camino equivocado. La UdeG no mejorará cambiando a un dinosaurio por otro. Para democratizarla en serio, se necesita que otros conjuros desparasiten de su mal endémico a la gran masa que la conforma. Tampoco se ve que al tal Chuki lo mueva tan generoso objetivo, aunque lo tremole como bandera de lucha.