Venezolana de nacimiento, como José María Heredia según sus investigaciones, María Eugenia Leefmans trabajó arduamente en su novela histórica Lluvia, que recoge la vida del Poeta Nacional de Cuba.
Radicada en México desde 1969, y ya nacionalizada, la autora fue finalista en 2011 con esta obra del Certamen Internacional de Literatura Letras del Bicentenario “Sor Juana Inés de la Cruz”, convocado por el Estado de México a través del Consejo Editorial de la Administración Pública Estatal, mediante un jurado compuesto por Mónica Lavín, David Martín del Campo y Anamari Gomís.
En la contraportada de la Colección Letras/Narrativa, del Fondo Editorial Estado de México (FOeM) de 2012 (con reedición 2015 en 303 páginas), se presenta así la novela de la colaboradora permanente del diario El Sol de Toluca:
“Una indígena de la guajira venezolana crece física e intelectualmente al lado de su hijo de leche, el niño al que amamantó y que, con el tiempo, se transforma en abogado y pensador de alta estima: José María Heredia.
“A través de la mirada amorosa que se percibe en los recuerdos de Lluvia, personaje ficticio creado por María Eugenia Leefmans, podemos acercarnos a la vida del poeta y político de quien se dice nació en Cuba, pero en esta novela, la autora no sólo nos lleva hacia otro origen, sino también hacia un desenlace inesperado.”
Configurada en capítulos cortos sin nombre, la novela narrada por la esclava Lluvia, a quienes los Heredia le dan trato de familia, muestra la convulsión en las colonias españolas a finales del siglo XVIII; el padre del poeta, José Francisco, va comisionado al virreinato de la Nueva España como Alcalde del Crimen de la Audiencia de Méjico. Ya establecido con su esposa Mercedes, los hijos y Lluvia, descubre que la rebelión contra el imperio también se gesta ahí. Escribe Leefmans:
“Una vez en el tianguis del Parián de la ciudad de Méjico escuché a la vendedora de tortillas decirle, entre risas, al de los tamales:
–Mira nomás qué india tan refinada.
–Y tan engreída –agregó el tamalero–. “Una comadre entrega dulces en la casa del alcalde y cuenta que la tratan como si fuera de la familia.
“No faltó la dama de alcurnia que le aconsejara a mis señores hacerme cambiar mis amplias vestiduras, o por lo menos que me obligaran a usar un delantal y además, trenzar mi cabello. ¡No juegues! Hay que imaginarme sin mi túnica de colores y sin lucir suelta mi melena negra. Metiches, sí, metiches. Así le dicen en Méjico a los que se meten en lo que no les importa.
“Trabajaba mucho José María. Le gustaba estudiar cerca de su padre; escribía un cuaderno de composiciones, seguramente para que lo leyeran los señores. En esos días, ya para cumplir quince años, impresionado por los aztecas y recordando al italiano Roffetti cantando su pegajosa aria de ópera, comenzó a escribir lo que él llamaba una tragedia en verso, Motezuma o los mexicanos, y decía mi muchacho que ahí desfogaba pasiones altas y generosas.
“Yo me divertía al ver a los compañeros del señorito Heredia ensayando en uno de los patios de la casa. ¡Ah!… también escribía para un periódico llamado Noticioso General. Para el padre, el hijo se alebrestaba, los estudiantes de tendencia liberal, con los que se identificaba el joven Heredia, deseaban la independencia de los españoles. Uy…, no faltaron los chismes de los allegados en la alcaldía, quienes mortificaban a mi señor José Francisco al comentarle las habladurías de la gente. El poder de la justicia era representado por el alcalde Heredia en el régimen realista que tanto combatían los mejicanos. Mi señor extrañaba a su esposa.”








