Cual “homenaje abierto” a la cinta cubana de 1993 Fresa y chocolate, se exhibe en nuestro país Últimos días en La Habana, dramática película con tintes de humor realizada por el cineasta Fernando Pérez Valdés, quien celebra 50 años de trayectoria fílmica. En opinión del también escritor habanero, sólo una parte de sus paisanos anhela alcanzar “el sueño americano”. Y en torno al voluble Donald Trump, pluraliza: “Ya con todo lo que hemos padecido con el bloqueo, no nos asusta nada. En Cuba estamos preparados para cualquier cosa.”
Fernando Pérez es uno de los cineastas cubanos más reconocidos no sólo en la isla caribeña sino también fuera de ella, y justo en sus 50 años como director de ficción estrena de manera simultánea en México y Cuba su reciente largometraje, Últimos días en La Habana.
“Este filme me dejó mucha emoción. Siempre he tratado de crear películas en las cuales pueda yo reconocerme, en ésta me reconozco mucho y me alegra que se estrene al mismo tiempo en la República Mexicana y mi nación”, expresa vía telefónica desde la capital cubana donde prepara su siguiente cinta larga ubicada en el siglo XIX llamada Insumisa. La filmación empezará el próximo 3 de julio y finalizará el 30 de agosto.
Últimos días en La Habana se exhibe en la Cineteca Nacional hasta el viernes 30 y también en Cines Siglo XXI de Mérida. Se empezará a proyectar el lunes 26 en Sala Indi de Aguascalientes. El mes de julio se mostrará en el Cine Tonalá de Tijuana y en Cineteca Tijuana; para el 16 de agosto estará en la Sala Julio Bracho del Centro Cultural Universitario de la UNAM.
El relato se ubica en el corazón de La Habana actual, donde Miguel, de 45 años, sueña con huir a New York. Mientras espera una visa, trabaja como lavaplatos en un restaurante particular. Allí, Diego, también de 45, sólo anhela vivir ya que padece SIDA, por lo que trata de liberar toda su energía desde el estrecho camastro en el cual yace. El realizador de Clandestinos (1987), Hello Hemingway (1990), Madagascar (1994), La vida es silbar (1998), Suite Habana (2003), Madrigal (2007), José Martí: El ojo del canario (2011) y La pared de las palabras (2014), describe cómo le llegó la idea original de Últimos días en La Habana:
“Un día tocó la puerta de mi casa Abel Rodríguez, y me dijo: ‘Me presento… Me dieron la dirección de su casa porque a mí me gusta escribir guiones… Trabajo en un banco; pero lo que me gusta es escribir’.
“Me brindó la propuesta de un guión el cual leí y me interesó por los diálogos y los personajes, aunque la historia no me convencía porque me recordaba mucho a la que ya había realizado Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío en Fresa y chocolate, y así se lo dije. En seguida me expuso: ‘Bueno, está bien, pero… ¡tengo 10 historias más!”
Le entregó más relatos, hasta llegar al núcleo de lo que es ahora el largometraje, de 92 minutos, interpretado por Jorge Martínez, Gabriela Ramos y Patricio Wood, entre otros.
“Empezamos a desarrollar el guión juntos y lo que me motivó de lo que me dio Abel fue justamente la autenticidad de esos dos personajes, pero sobre todo que la acción ocurre en un contexto que a mí me interesa mucho: lo muy popular, que considero es lo más representativo de la sociedad y que muchas veces no se incluye en nuestros medios ni de fuera de Cuba, porque es la vida cotidiana, el día a día que no es noticia porque no son grandes acontecimientos.”
–Se dice incluso que Últimos días en La Habana es la segunda parte precisamente de Fresa y chocolate.
–Sí, es un homenaje abierto porque el personaje principal lleva el mismo nombre del protagonista de Fresa y chocolate, interpretado por Jorge Perugorría. Aunque en el guión de nuestra película hay resonancias al Diego de Fresa y chocolate, son dos personajes muy distintos porque el Diego de Fresa y chocolate es un intelectual, se mueve en otras esferas, y el Diego nuestro es un mucho más popular, se mueve en un medio más de pueblo.
Una larga carrera
Pérez, también escritor y licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas por la Universidad de La Habana, cuenta con 71 años e inició en el cine hacia 1971 como asistente de dirección en varios largometrajes de ficción.
–¿Podría autodefinir su estilo?
–Me resulta muy difícil definir mi estilo, como quizá lo puede uno hallar en otros directores de películas. A mí me gusta crear todo tipo de cine. Mis primeras cintas le deben mucho al cine de género. A partir de Madagascar y La vida es silbar exploro más un cine simbólico y metafórico. Soy cineasta, pero también soy muy cinéfilo y no discrimino, me gusta ver todo tipo de cine. Intento también realizar todo tipo de cine, porque creo que más que un estilo de cine único que pase de película en película, cada filme es único en sí mismo.
–Sin embargo, en el drama es en donde más lo ubicamos. ¿Es donde se expresa más fácil, es su género preferido?
–Es cierto… Todas mis películas de alguna manera son dramáticas, en las que puede haber momentos y situaciones de humor, pero la definición va por el drama. Quizá tiene que ver con mi manera de ser; no que tenga tendencia al drama, pero sí un carácter melancólico que no quiere decir triste: la melancolía es una manera, creo, de pensar y de ver. Desde la serenidad, uno puede sentir tal vez mejor las cosas.
–Además, en sus historias retrata al cubano. Para usted, ¿eso ha sido complicado?
–Tengo 71 años y en 50 de director de ficción, he narrado como que mi vida porque me identifico con todo lo bueno y lo malo que hay en Cuba. Me siento responsable de reflejar la realidad de mi país, y hago cine justamente para participar.
Su nueva cinta
Ahora trasportará a la pantalla grande la vida de una mujer que para ser médico se disfrazó de varón:
“Es sobre el médico suizo Enrique Faber que llegó a principios del siglo XIX a Baracoa, un pueblo al este de Cuba, y ahí se estableció, trayendo nuevos procedimientos de tratamiento como doctor.
“Se enamora de Juana de León, y se casan. A los tres años estalla el escándalo porque se descubre que Enrique era Enriqueta, que había tomado la personalidad de hombre para poder ejercer la medicina porque eso estaba prohibido, como otras profesiones en la época, para las mujeres.”
Todo eso está registrado en escritos, apunta.
“Entonces, la condenaron a prisión por blasfema, por endemoniada y por pervertida y después la deportaron a un convento en Nuevo Orleans, ahí se perdieron sus huellas. Nosotros retomamos esa historia y la desarrollamos de otra manera.”
–¿Por qué el título de Insumisa?
–Porque queremos enfatizar que es una mujer que se adelantó a su época. Rompió con muchos prejuicios, no sólo de género sino sociales. Escribí el guión junto con Laura Hunter, una muchacha suiza, y nos basamos en los hechos históricos. Es una coproducción con Cuba-Suiza.
Últimos días en La Habana, en tanto, es coproducción Cuba-España.
El pasado 16 de junio, Donald Trump anunció continuar el bloqueo económico con Cuba. Se le pregunta al cineasta su opinión sobre el actual presidente de Estados Unidos:
“Mira, Trump… ¡Ay, Dios mío!… Ha movido todas las sillas y creo que hay que estar prevenidos para todo.”
–¿No le sorprende nada de Trump?
–Ya con todo lo que hemos padecido con el bloqueo, no nos asusta nada. Ya aquí estamos preparados para cualquier cosa.
–Sin embargo, sigue el cubano aspirando al “sueño americano”, ¿verdad? ¿Cómo se ve esto en Últimos días en La Habana?
–Una parte –ataja–, yo no diría el cubano, sino una parte de los cubanos sí anhela el sueño americano; pero otra parte no.
“Ahí está la complejidad de la realidad… Por muchas razones y también por la cercanía geográfica y por todo lo que ha ocurrido últimamente, esto sí forma parte de nuestra realidad hoy día.”
El pasado 20 de junio, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) enviaron a este medio una carta donde se lee:
En un discurso anticuado, obsoleto, cargado de falsedades y estereotipos que responden a la lógica de la Guerra Fría, se pronunció [Trump] por abolir los pasos positivos que se dieron en la administración anterior. Sus palabras estuvieron dirigidas en particular a un auditorio que no representa a la mayoría de la emigración cubana y ha estado asociado al terrorismo contra Cuba y otros países de la región.
Entre los firmantes están el poeta y escritor Miguel Barnet, la directora coral Digna Guerra, y el crítico y periodista Pedro de la Hoz, entre otros.








