Bajo el disfraz de un drama familiar, Kirokazu Koreeda construye un microcosmos del Japón actual, la ineficacia de la figura del patriarca, el hombre fracturado desde la posguerra, la mujer como fuerza de sostén. Es la abuela (queridísima Kirin Kiki) quien reúne, de manera casi mágica, a la familia en su pequeño departamento mientras dura el tifón. Después de la tormenta (Umi yori mo mada fukaku; Japón, 2016) confronta el deseo de refugiarse en el seno materno con la necesidad de elegir un destino individual.
A diferencia del padre de familia obsesionado por el estatus y la herencia de la sangre en De tal padre, tal hijo, Ryota (Hiroshi Abe) es un cuarentón desubicado, aficionado al juego e incapaz de pagar la pensión de divorcio; quince años atrás recibió un premio por su primera novela, ahora se enfrenta a la página en blanco y sobrevive trabajando como detective, espía a su exmujer (Yoko Maki) y busca recuperar la relación con su hijo, Shingo (Taiyo Shoshizawa), y esta vez aprovecha la tormenta para acercase a él.
El gusto de Koreeda por la época de oro del cine japonés y su exploración de la familia como mapa del corazón humano tiende a asociarlo con la figura de Ozu; en realidad, el modelo auténtico es Yukio Naruse, otro gran maestro de cine descubierto tardíamente en Occidente. De Naruse hereda la visión sombría de la familia como ideal que no se cumple y a la vez refugio inevitable ante la hostilidad o la indiferencia de la sociedad. Así ocurre en Nobody Knows (Nadie sabe) con los niños abandonados por la madre que subsisten sin que nadie se atreva a acercase por miedo a involucrarse.
Koreeda parte siempre de momentos reales: es común quedar atorado en situaciones y lugares en la temporada de tifones, el departamento donde habita la madre de Ryota se halla en el mismo edificio donde el realizador vivió hasta los 28 años, el gusto por el juego y las apuestas llega a ser un problema grave en muchas familias, el índice de divorcios crece y la mujer toma más y más el control de su propia vida. Fuera del modelo patriarcal, le es difícil a un hombre sensible encontrar su sitio en la sociedad y justificarse a sí mismo.
Adolescente eternizado, Ryota debe confrontar que no es el hombre que quiso ser. En la apertura de Shingo, tanto para formular la pregunta como para escuchar la respuesta, Koreeda, excelente director de niños, se muestra opitimista hacia las nuevas generaciones.
Si familia es el lugar del dolor (Still walking, 2008, Nuestra pequeña hermana, 2015), es aún más el espacio de la ternura y del aprendizaje del amor. El título original, Después de la tormenta, que suena poco convincente en inglés y español, lo sacó Koreeda de una canción, éxito pop de los años 80, “Umi yori no mada fukaku”, que significa “Aún más profundo que el mar”; tal imagen corresponde mejor a la nostalgia que impregna la obra del director. Conforme pasa el tiempo, la fantasia de Wonderful life (1988), donde después de la muerte cada personaje debe escoger un solo recuerdo para llevarse a la eternidad, se mira como clave.








