“Ceremonia. Claudia Fernández”

Como una radiografía que transparenta la compleja relación existente entre el escenario mexicano del arte contemporáneo y la creación artesanal de nuestro país y sus productores, la exhibición Ceremonia. Claudia Fernández, que se presenta en el Museo Tamayo de la Ciudad de México, es un confrontante testimonio que oscila entre el acierto, la ambigüedad y el doble discurso.

Definida en la cédula introductoria como un proyecto expositivo con propósitos de revalorar los objetos incluidos y reactivar y rescatar los talleres artesanales en vías de extinción, la muestra, si bien comprueba el afecto que existe por el objeto artesanal, también evidencia la soberbia neocolonial de los protagonistas del arte contemporáneo: Una exposición, aunque sea en el pretensioso Museo Tamayo, no es suficiente para construir valor, posicionamiento y demanda de lujo para la artesanía mexicana.

Centrado en el uso y características formales de los objetos –material, textura y color– sin mencionar el nombre de sus productores, el proyecto de Claudia Fernández consiste en la creación de instalaciones que se configuran a partir de composiciones en las que el género, material, técnica y sobre todo color, definen la propuesta visual. Divididas en textiles, cerámica vidriada, palma, barro cocido, vidrio, lacas, cartonería, alimentos rituales y golosinas,  las instalaciones con sarapes, sombreros, enredos, huaraches, palmas, objetos laqueados, madejas de lana, ollas, comales, luminarias, vajilla, judas, mamertos –charros panzones–, chocolate y piloncillos, no logran manifestar una propuesta artística que rebase las estéticas del diseño comercial de aparadores.

Interesante por la inclusión de la creación artesanal en un museo de arte contemporáneo de aspiraciones internacionales y globales, el proyecto de Claudia Fernández evidencia las posverdades que sustentan la gestión del director canadiense-colombiano Juan Gaitán. Si el interés del museo se centra en reactivar y rescatar los talleres, ¿por qué no promueve la venta de artesanías en la sofisticada y exquisita tienda del museo? Sobresaliente por la inclusión de finos y atrevidos diseños textiles y cerámicos que vinculan la tradición con el gusto contemporáneo, la tienda no ha incluido, hasta la fecha, los productos artesanales que exhibe como materia prima del arte contemporáneo.

Notoria en los años noventa por el desarrollo de un proyecto que se basó en la visualidad del popular peltre azul con puntitos blancos, Claudia Fernández introduce a la artesanía en el mundo del arte contemporáneo ponderando al objeto e ignorando al sujeto. Acríticamente correcta para el contexto del arte contemporáneo de circulación global que, como en las actuales ediciones de la Bienal de Venecia y la Documenta de Kasel, celebran la apropiación artística de la creación artesanal, la exposición sorprende por la  potencia simbólica-visual del objeto artesanal. Contundentes y afectivas, las artesanías se imponen disolviendo la propuesta museística que intenta revalorarlas.