El vicepresidente Ortiz y “Chepe Diablo”: Una sociedad con dinero oscuro

Su sonrisa ingenua y su trato afable le abren casi todas las puertas y él lo ha sabido aprovechar para hacerse amigo, o socio, de las principales figuras políticas de su país. Se trata de José Adán Salazar Umaña, Chepe Diablo, un empresario hotelero, mecenas del futbol profesional y ganadero, pero también lavador de dólares y traficante de la cocaína colombiana que le vende a los principales cárteles mexicanos. Y uno de sus socios es el actual vicepresidente salvadoreño, Óscar Ortiz.

El Salvador.- Se conocieron en los noventa. Kirio Waldo Salgado había iniciado su ascenso en la política primero como columnista de un periódico de circulación nacional, después con una organización no gubernamental y en 1994 fundó el Partido Liberal Democrático­ (PLD).

Entonces emprendió una batalla encarnizada por ganar espacio en la Asamblea Legislativa de El Salvador que dominaban los partidos Alianza Republicana Nacionalista (Arena) y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Un día llegó a la sede de su nueva organización política José Adán Salazar Umaña con su sonrisa ingenua, ojos oscuros y cara redonda. Quería convertirse en su compañero de batallas y hasta en su mecenas. Rápidamente se dieron cuenta de que tenían cosas en común. Ambos, por ejemplo, eran cristianos protestantes.

Transcurrieron los meses y Salgado se dio cuenta de que Salazar Umaña, apodado Chepe Diablo desde que era un niño que trabajaba en la frontera con Guatemala, actuaba de manera sospechosa, como si fuera un espía. Descubrió su secreto: informaba de las interioridades del PLD a su archirrival Arena. El conspirador fue marginado y el hombre que le había abierto las puertas lo despreció profundamente.

Más de 20 años después Salgado, cuyo cabello ha encanecido, participa todos los viernes como analista en la televisión salvadoreña. Y el conspirador, que desde aquellos años mostró una gran habilidad para amistarse con políticos y funcionarios, está detenido desde el pasado 4 de abril, acusado de lavado de dinero.

En la mira de las autoridades están también sus hijos José Adán y Mayra Lisseth;­ su esposa, Sara Paz; y sus socios Juan Umaña Samayoa, alcalde de Metapán –localidad fronteriza– y Wilfredo Guerra Umaña. La Fiscalía General les imputa haber montado un imperio empresarial de hoteles, importación y distribución de granos básicos, gasolineras y otros negocios con dinero sucio.

El Cártel de Texis

El 16 de mayo de 2011 Chepe Diablo se convirtió en la comidilla de la opinión pública. La publicación electrónica El Faro difundió un extenso reportaje, basado en informes de inteligencia policial y del Estado, en el que le endilgó rimbombantes motes, como “el señor de la droga de Occidente”, “jefe de uno de los cárteles más grandes del país”, “uno de los más acaudalados narcos en el norte del departamento de Santa Ana”.

Lo señaló por llevar una cuádruple vida: empresario hotelero, mecenas del futbol profesional, ganadero y traficante de drogas; por ser el amo y dueño de El Caminito, la ruta que se inicia en el norte y termina en el occidente del país, donde la cocaína que viene de Colombia es vendida al mejor postor: el Cártel del Golfo, el de Sinaloa o Los Zetas; y por ser uno de los más codiciados objetivos de las fuerzas de seguridad pública desde el año 2000, cuando fue identificado como el cabecilla número uno del Cártel de Texis.

Tres días después –el 19 de mayo de 2011– aceptó una entrevista. El veterano periodista tico-salvadoreño Lafitte Fernández fue a su oficina en el Hotel Capital, en Antiguo Cuscatlán, a preguntarle: “¿Es usted el señor de la droga de Occidente?”, “¿Es cierto que trabaja con tres cárteles de México?”

Las respuestas fueron: “Cuando uno sale del salario mínimo empieza a ser objeto de crítica”, “no he visto un árbol con buenos mangos que no lo agarren a pedradas”, “es una ingratitud lo que están haciendo” y concluyó con una declaración de principios: “fui criado en un hogar humilde y no pienso dejar una fortuna mal habida a mis hijos”.

Fernández lo describió: “Simpático, hablador, dicharachero, sin grandes giros o lujos lingüísticos”.

En 1996 y a sus 46 años fundó Hoteles de El Salvador, sociedad propietaria en la actualidad de siete hoteles. Al año siguiente, con sus socios Umaña y Guerra, inauguró la importadora de granos básicos y harinas Gumarsal. En menos de 11 años había amasado una fortuna superior a los 15 millones de dólares. Su ascenso era vertiginoso.

Desde el 2000 y en los siguientes 13 años llevó adelante una operación inusual: fundó empresas con las que compró propiedades y vehículos que sólo le produjeron pérdidas. Ese año se asoció con Óscar Ortiz, entonces alcalde de Santa Tecla, y con el empresario hotelero Rogelio Cervantes Aguirre, para abrir Desarrollos Montecristo, una sociedad que en su acta de constitución dice que se dedica al desarrollo urbanístico.

En 2014 Ortiz ganó la vicepresidencia de la República como compañero de fórmula del actual presidente, Salvador Sánchez Cerén; los dos militan en el gobernante FMLN.

A mediados del año pasado la físcalía descubrió transacciones irregulares. Por ejemplo: Ortiz vendió en 40 mil dólares un terreno a Desarrollos Montecristo; después esa empresa le vendió el mismo terreno al mismo precio a Ortiz; al año siguiente él le vendió el mismo terreno por igual precio a su socio Cervantes Aguirre y en 2012 Cervantes Aguirre le vendió el mismo terreno por 10 mil dólares a su socio Ortiz.

O por ejemplo: Desarrollos Montecristo pagó 22 mil 857 dólares por un terreno y después se lo vendió al vicepresidente por 5 mil; en la operación hubo una pérdida de 17 mil dólares.

Otro ejemplo: Desarrollos Montecristo compró en 40 mil dólares un terreno y después se lo vendió al vicepresidente –y socio– en 10 mil dólares.

La empresa compra inmuebles en el cantón Montecristo, Tecoluca, en la zona Paracentral del país, que es de alto potencial turístico. Las propiedades, cada día que pasa, ganan más plusvalía.

Desde que Desarrollos Montecristo fue fundado nunca operó. Al fisco siempre le presentó sus declaraciones de impuestos en cero. El fiscal del caso explica, en el documento de acusación contra Salazar Umaña, que ésta es una sociedad de papel; es decir, que únicamente fue ocupada para blanqueo de capitales.

“Uno de los métodos utilizados para la legitimación de capitales es la constitución de sociedades de papel y la compra y renta de bienes inmuebles sobrevalorados para venderlos subvalorados, lo que se hace para introducir al tráfico lícito de bienes dinero en efectivo que se desconoce su origen (…) estas operaciones son altamente indicadoras de lavado de dinero”, dice el documento.

El vicepresidente se negó a explicar su relación con el empresario al que el 30 de mayo de 2014 Estados Unidos designó capo internacional de la droga. Dijo: “No tengo sociedades ni negocios con nadie”.

A principios de 2017 Ortiz se perfiló como el candidato a la Presidencia para 2019. Pero su aspiración ha tropezado. Extraoficialmente se sabe, además, que se le investiga por sospecha de enriquecimiento ilícito.

“Créditos prepago”

Por su parte Chepe Diablo fundó otras tres empresas que operaron de manera similar a Desarrollos Montecristo: Inversiones Salazar, Servicios Logísticos y Servicios Turísticos.

Servicios Logísticos, por ejemplo, compró seis vehículos en 100 mil 640 dólares, pero un año después los vendió por menos de la mitad. Servicios Turísticos pagó 33 mil 805 dólares por tres pick ups y en los siguientes 12 meses los vendió por 18 mil dólares. Ambas empresas fueron cerradas poco tiempo después.

Con sus propiedades hacía procedimientos similares: compraba casas o terrenos y los donaba a sus hijos. Casi siempre pagaba en efectivo.

De 1996 a 2010 obtuvo nueve préstamos que ascendieron a 3 millones 58 mil dólares. Cinco, según los registros del sistema bancario que rastreó la Físcalía, los pagó, como mínimo, siete años antes de la fecha de vencimiento del crédito. Y pagaba en efectivo. Los investigadores los llaman “créditos prepago”.

Entre 2003 y 2015 administró 71 cuentas bancarias a su nombre. Todas fueron auditadas. La conclusión: al menos 21 millones 463 mil dólares son de origen oscuro.

Gumarsal es otra de las empresas más fuertes que fundó. Pero pasado un tiempo se desligó de ella y la dejó en manos de sus socios Umaña y Guerra. La inversión inicial fue de 11 mil dólares y 10 años después ya registraban transacciones por hasta 30 millones.

Umaña y Guerra también entendieron que era necesario colarse en los partidos, asociarse, negociar con los políticos, tenerlos de su lado. Y, con los bolsillos llenos de dinero, encontraron con los brazos abiertos al Partido de Concertación Nacional (PCN).

Al PCN lo fundó en 1961 un grupo de militares que se enraizaron en el poder más de 18 años y empujaron al país a la guerra civil. En los siguientes años perdió poder y como método de sobrevivencia se dedicó a transar con el partido de turno en el gobierno.

En el PCN también encontraron refugio los políticos defenestrados de otros partidos. Uno de ellos es Francisco Merino López, vicepresidente de la República en los ochenta y quien desde 2013 se ha declarado amigo del alcalde de Metapán. La amistad tenía un propósito: Umaña Samayoa, que también milita en el PCN, financió las campañas electorales de Merino para diputado.

Umaña Samayoa tiene como aliado al exvicepresidente Merino; el actual vicepresidente es socio de Chepe Diablo.

De las 12 empresas que fundó Umaña Samayoa cinco nunca operaron. A su nombre abrió seis cuentas bancarias en las que movió más de 5 millones de dólares. Una parte de ese dinero tenía procedencia lícita, pero el resto fue de origen oscuro. La físcalía le preguntó quién le había depositado. Respondió: “No recuerdo quién”.

Las irregularidades que los investigadores encontraron en la fortuna de Guerra Umaña se repiten: fundación de empresas que nunca realizaron operaciones, millones de dólares de origen oscuro depositados en cuentas bancarias, propiedades compradas por encima o vendidas por debajo del precio de mercado. En 12 años manejó casi 10 millones de dólares.

Guerra es hijo del alcalde de Metapán y hacían negocios juntos. Por ejemplo: prestaron 1.2 millones de dólares a la constructora Salazar Romero y en garantía de pago recibieron una finca valorada en 28 mil dólares. El préstamo fue en efectivo.

En 2012 Salazar Umaña y sus socios asumieron como directivos del Club Isidro Metapán, uno de los equipos más ricos de la Primera División del futbol salvadoreño. De sus empresas salieron miles de dólares para financiar la contratación de jugadores extranjeros.

Chepe Diablo nunca dejó de lado la política. Tanto, que impulsó a su hermano Marcos Francisco Salazar Umaña como diputado por el PCN. Pero fracasó. En 2012 su hermano volvió a intentarlo y ganó la diputación suplente por Arena. También fue uno de los principales donantes de la campaña del ahora expresidente Mauricio Funes Cartagena.

La investigación de la físcalía se inició hace tres años, cuando Chepe Diablo y sus socios fueron condenados por evasión de impuestos. La Dirección de Investigación Penal Tributaria del Ministerio de Hacienda concluyó, entre 2011 y 2012, que se habían enriquecido de manera ilegal. Luis Martínez, entonces fiscal general, los procesó por evasión y ordenó cerrar cualquier otra arista de la investigación.

En 2014 pagaron una multa después de ser condenados por evasión. Nada más. Al año siguiente Martínez terminó su periodo en la institución. La Asamblea se negó a reelegirlo.

Douglas Meléndez, unos tres meses después de asumir como nuevo fiscal general, dijo que la investigación contra Chepe Diablo había sido “cortada de tajo”. Ordenó reabrirla.

En agosto de 2016 el exfiscal fue detenido acusado de ser parte de una red que manipulaba procesos judiciales con su cómplice el empresario Enrique Aquiles Rais. El Tribunal de Ética Gubernamental dijo que Martínez había “vendido justicia”