Señor director:
En la sección Análisis del número 2111 de Proceso, su colaboradora Sabina Berman comienza su artículo –“Pensar con el pene”– de la siguiente manera: “Marcelino Perelló se parece al poeta Bukowski”. Esa comparación me parece completamente desproporcionada. Por un artículo que se publicó la semana pasada en la sección editorial del periódico Reforma y que firma mi amiga Rosaura Baraona me enteré que Marcelino Perelló aún vive y tenía un programa en Radio UNAM. Desde 1969 no escuchaba nada acerca de él. En ese artículo, Baraona califica de patán y misógino a Perelló.
Como me pasó de noche el asunto de Los Porkys, las únicas referencias que tengo de Perelló son las que mencionan Baraona y Berman. De Charles Bukowski sé un poco más porque he leído algunos de sus libros y ese escritor estadunidense, de origen polaco, me parece genial.
Yo creo que Bukowski no odia a las mujeres, como afirma Sabina Berman; más bien creo que las ama. En uno de sus libros hay un pasaje en el que declara que los hombres feos –como él se consideraba– siempre tienen éxito con las mujeres. Tal declaración la hace en el momento en que se liga a la mujer más bonita del pueblo. Cuando los dos se dirigen a un hotel, él dice: “Qué aburrido, siempre lo mismo. Bueno sería buscar algo menos grosero, más elevado”.
Los libros de Charles Bukowski, de Henry Miller, de William Burroughs son una denuncia al sistema corrupto estadunidense. Ellos son escritores de talla internacional, y no creo que ése sea el caso de Marcelino Perelló.
Atentamente:
Óscar José Rodríguez Flores
Repuesta de la colaboradora
Bukowski es un gran poeta. Y odia a las mujeres. En sus poemas habla de ellas solo en términos del deseo de él. Son deseables para el coito. O no lo son. Son hospitalarias para su deseo. O no lo son.
No he leído los muchos libros de Bukowski. Solo he leído 16 de ellos. Puedo entonces equivocarme, pero no por mucho. En los que he leído lo antedicho es cierto. Y esto otro. No hay un solo poema en que hable de una mujer como de una amiga. O una enfermera generosa. O una gran poeta. O una artista. O una mesera empática para sus borracheras de días y noches. O una maestra que le enseñó el abecedario. O una tía amable. Nada. Nada. Bukowski escribe de ellas desde su deseo. Escribe de ellas con el pene.
Igual que Perelló, que no es un gran poeta, pero también habla de las mujeres con el pene.
¿Eso es odiarlas? Sí me lo parece. Es reducirlas. Es no lograr imaginarlas como seres humanos completos. Autónomos del deseo de quien habla de ellas.
¿Eso me hace a mí odiar a Bukowski? Resulta que no. Ser mujer es comprender que una ha nacido en una cultura construida desde hace siglos en buena medida en contra de las mujeres. Es aceptarlo, no perderlo de vista, y sin embargo no quedarse ciega de todos los otros valores que coexisten con la misoginia. En el caso de Bukowski, es padecer su misoginia y no dejar de ver su humor, su ritmo, su genial narcicismo loco, del que él mismo se mofó.
Y es también sacarse el sombrero y lanzar rosas rojas a los hombres más hermosos, los hombres feministas, esa novedad de nuestro siglo, los nuevos hombres feministas. Otra forma de ser hombre, sin odiar a las mujeres.
Atentamente:
Sabina BermanT








