El “maleficio de la Malinche” llega al MUAC

Pareciera que la maldición ancestral de Doña Malinche continúa paseándose entre los mexicanos, y ahora alcanzó los pasillos del MUAC en la máxima casa de estudios, con el arribo de la exposición cuya diamantina joya estelar es el “anillo Barragán” de Jill Magid, según el historiador y arquitecto Enrique X. de Anda Alanís, experto del Instituto de Investigaciones Estéticas puma:

“Como con la conquista española hace 500 años, hoy nos siguen llegando extranjeros para cambiarnos cuentas de vidrio, y a nosotros, malos mexicanos, se nos cae la baba. No sabemos valorar nuestras gemas culturales.”

Autor de 19 libros y coautor de otros 24 sobre historia del arte y de la arquitectura, su oposición a que se exhiba el anillo se debe a razones éticas y al afán de necrofilia en la muestra:

“Ninguna cultura en el mundo permite que la gente profane tumbas. Aquí tenemos una historia de hadas que se fabricó una mujer estadunidense que se dice artista: ella se enteró de que cierta coleccionista casada en un país lejano posee unos archivos arquitectónicos muy famosos. Así que se le ocurrió inventar que como el marido no le había obsequiado a dicha coleccionista un anillo de bodas, entonces se lo daría esta artista gringa a cambio de consultar sus archivos. Entonces nos vendió a los mexicanos este cuento para permitirle profanar la tumba de Luis Barragán. ¡Eureka!”

De Anda habla de Federica Zanco:

“Los archivos de Barragán están en muy buenas manos. Y Federica Zanco, con quien tengo una larga amistad, se halla profundamente indignada por todo este merequetengue que le armó Jill Magid, engañando a todo mundo, incluso a las autoridades jaliscienses, afectando su vida y prestigio.”      

A su vez, César Cervantes, coleccionista por varias décadas, empresario y promotor cultural, acusa:

“Al aceptar esta exposición de Jill Magid, la UNAM se vuelve cómplice del delito cometido contra la memoria de Luis Barragán en la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres. Tanto mata el que mata a la vaca, como el que le agarra la pata, en este caso el curador del MUAC Cuauhtémoc Medina y su feudo, gente de una mediocridad insulsa.”

El arte contemporáneo actual es “la parte más oscura de la cultura visual, el principal aliado del capitalismo y del imperio”, apunta, “no así la literatura ni la música ni la arquitectura, pues con unos pesos compras un libro u oyes en tus audífonos a Bach… Nos quiere ver la cara el MUAC trayendo a una dizque artista de avanzada, y el público engañado y feliz, paga y aplaude como a las focas del circo. Dime alguna pieza verdaderamente trascendental en el arte contemporáneo que se haya creado en los últimos diez años, para impacto de la sociedad y que haya cambiado las vidas de las personas”.

Se pregunta ¿por qué el MUAC mantuvo a escondidas o en sigilo la exposición desde que la planearon?, se pregunta Cervantes, quien ha firmado cartas contra Magid y la exposición con De Anda, Emma Barragán y Adriana Williams.

“Cuando va a venir una exhibición importante siempre es anunciada con anticipación. Pero esta vez no se dio sino hasta después de que un grupo de ciudadanos, que no hacemos otra cosa sino velar los intereses de nuestra comunidad y en nuestra cultura, hicimos público el escándalo con los restos de Luis Barragán; Jorge Volpi salió a dar la cara y anunciar que habría mesas redondas apenas el 17 de abril. ¿Por qué no invitaron con antelación a verdaderos conocedores de arte?, ¿por qué no invitaron al debate su consejo de colegiados y no sé qué, en un primer momento, antes de la exposición?”

Para Cervantes, dicho consejo autónomo (“o como lo llame Volpi”) está integrado por Patricia Sloane, Carmen Cuenca, Laura González, Vázquez Mantecón y Gerardo Mosquera.

Las mesas redondas fueron convocadas tardíamente, pues la exposición del MUAC programada para el próximo 27 de abril estaba “amarrada” desde 2016, ejemplifica De Anda. Critica su ánimo mercantilista y necrófilo, “pues asemejan la invitación a peritos para discutir acerca de la validez o no de un asesinato en la escena del crimen”, cuando la víctima está a la vista y ya se le pagó al homicida.

“A qué nos invitan a discutir, si el muerto se halla enfrente de nosotros. Para eso, que mejor llamen a un sacerdote”, coincide Cervantes.