Estructurado a partir del sensacionalismo intelectual, emotivo o amarillista, el arte posverdad se mantiene hasta que su apariencia de arte se resquebraja, se desvanece o explota.
Es el caso del anillo que la artista norteamericana Jill Magid mandó hacer con un diamante sintético producido con cenizas del cuerpo cremado del arquitecto mexicano y premio Pritzker Luis Barragán.
Contradictorio respecto a la identidad artística del anillo, Cuauhtémoc Medina, curador en jefe del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) –perteneciente a la Universidad Nacional Autónoma de México– y también promotor de la exhibición del diamante, afirmó en la entrevista publicada el pasado miércoles 19 de abril (La Jornada): el anillo es “una obra de arte que abre una historia muy compleja, hay que darle la oportunidad de ser percibida como tal”.
Sin embargo, en la entrevista que publicó en línea el diario Excélsior el mismo miércoles, Medina dijo: “La obra de arte no es el diamante… la obra de arte es la propuesta de intercambio de este diamante por la propiedad del archivo profesional de Luis Barragán que, desde 1995, permanece en Suiza.”
Y de nuevo esta última afirmación es contradictoria, porque en el excelente artículo que publicó Alice Gregory en la revista The New Yorker el 1 de agosto de 2016, “The architect who became a diamond” (“El arquitecto que se convirtió en un diamante”), escribe: “Magid está de acuerdo con aquellos que argumentan que el archivo Barragán debería estar abierto al público y retornar a México, pero ella insiste que éste no es su foco de atención.” E inmediatamente cita lo que le dijo Jill Magid: “Si esas fueran mis intenciones, no pienso que haría arte.” (https://www.newyorker.com/magazine/2016/08/01/how-luis-barragan-became-a-diamond).
Nacida en 1973 en Bridgeport, Connecticut, Estados Unidos, Magid ha desarrollado una propuesta conceptual de soportes multidisciplinarios y narrativos que se basa en la exploración del secreto y la intimidad en sistemas burocráticos de poder. Llamativos por el tipo de instancias que selecciona –como el Servicio Secreto de Holanda–, sus proyectos se constituyen a partir de su propia infiltración y convivencia con autoridades de distintos rangos con las que se relaciona a través de la seducción y el coqueteo.
Conocedora de las estrategias mercadológicas de los distintos circuitos del sistema artístico –galerías, ferias, bienales, espacios no lucrativos–, Magid adapta y cambia el contenido visual de un mismo proyecto presentándolo como una narrativa en diferentes estados e interacciones.
En la conversación que sostuvo con Jovana Stokic en mayo de 2014 para la revista neoyorquina BOMB, la artista comenta el origen de una pieza que, por sus diferencias y similitudes con el anillo de Barragán, adquiere una relevancia especial: su Autorretrato pendiente. Diseñado para presentarse en la edición 2013 de la Feria de Arte Independiente de Nueva York, el proyecto que promovió la galería suiza RaebervonStenglin consistió en la promesa de venta de un anillo con un diamante sintético que se obtendría del cuerpo cremado de la artista. En esa ocasión, la obra consistió en una montura vacía, una carta en la que ella explicaba cómo debería tratarse su cuerpo y dos contratos, uno firmado con la empresa que convertiría su cuerpo en un diamante y otro con el coleccionista que adquiriera el anillo.
“Como la Independiente es una feria y la audiencia son principalmente coleccionistas, pensé que esta pieza podría resonar realmente, de manera diferente en este contexto, que como lo hace en un museo.” (https://bombmagazine.org/article/1000125/%20Jill%20Magid%20by%20Jovana%20Stoki%C4%87).
Concebido para atraer la atención del mercado en un evento ferial, este proyecto es clave para ubicar la producción del anillo sobre Barragán, como de su exhibición en el MUAC. Si la intención artística de Jill Magid no era intercambiar el anillo por el archivo –como señaló a Gregory– y si además conoce tan bien las estrategias sensacionalistas del mercado, ¿cuál es la verdad de su interés por el arquitecto Barragán y, sobre todo, cómo puede justificar una institución como la UNAM la exhibición del anillo?
Peligrosa por su capacidad de convertir la mentira en verdad y el espectáculo en acontecimiento artístico, la resonancia mediática que ha provocado el anillo corre el riesgo de apoyar la legitimación de un proyecto que no merece constituirse como artístico.
Sensacionalista, morboso y tercermundista, el anillo será exhibido, a partir del próximo 27 de abril. Justificada por un astuto discurso de construcción y discusión del conocimiento, que evade y descalifica la importancia de construir así como difundir valores universitarios que inhiban las apariencias de la posverdad y del posarte, la muestra Jill Magid: Una carta siempre llega a su destino. Los archivos Barragán, evidencian la decadencia estética en la que se encuentran algunas prácticas y sectores del arte contemporáneo. Protegidos por una nueva y problemática autonomía de gestión del MUAC sostenida por el Coordinador de Difusión Cultural, Jorge Volpi –y que el curador Cuauhtémoc Medina ha denominado “la Doctrina Volpi” (La Jornada, 19 de abril)–, los integrantes de los órganos colegiados que señala la Ley Orgánica, el Estatuto General y el Reglamento Universitario se han mantenido hasta ahora al margen.
En conclusión: Si no fuera porque el tema involucra a Barragán, el proyecto no sería importante. Sin el anillo, la exposición no resonaría. Si no estuviera en la UNAM, los mexicanos podríamos sostener nuestro afecto por la institución.








