La cooperativa La Invencible enfrentó durante ocho décadas varias crisis, de las que siempre se repuso. Pero en 2006 empezó a dirigirla Esther Carranza, quien la puso en riesgo de desaparecer al expulsar a muchos socios y vender ilegalmente gran parte del patrimonio de la empresa. Sólo con el cambio de administración, los socios afectados la demandaron y comenzaron a recuperar sus bienes.
Los socios de La Invencible, una de las cooperativas de consumo más antiguas del estado, denuncian que ésta fue objeto de una liquidación fraudulenta de sus bienes y propiedades, los cuales se vendieron a 30% de su valor real.
Fundada hace 80 años en Tequila, aunque obtuvo su registro el 16 de abril de 1939, la empresa se dedicó al principio a la molienda de nixtamal; después a elaborar y distribuir productos de maíz como tortillas, masa y tostadas.
Los inconformes calculan que el capital acumulado en fincas y equipo era aproximadamente de 80 millones de pesos, pero todo fue rematado en la administración de María Esther Carranza Castañeda a espaldas de los más de 350 socios, después de expulsarlos ilegalmente.
Agregan que, para lograr su propósito, la expresidenta de La Invencible nombró como responsable del consejo de vigilancia a su esposo, Gilberto Calderón Rosales, lo cual es un acto abierto de nepotismo y viola la Ley General de Sociedades Cooperativas.
Desde hace tres años, Carranza Castañeda enfrenta una serie de recursos legales para revertir esa enajenación de bienes. Uno de ellos es la demanda mercantil interpuesta por más de 20 socios para que devuelva el patrimonio (expediente 138/2014, del 23 de abril de 2014).
Además la demandaron por la vía penal por presuntas violaciones a la Ley General de Sociedades Cooperativas y por el uso del patrimonio de La Invencible en su beneficio, según consta en la carpeta de investigación 137/17-J, que se abrió el pasado 3 de enero.
Sin embargo, a decir de Guillermo Ramírez Pineda, uno de los abogados de los denunciantes, la respuesta de Carranza y su grupo no se ha limitado a las instancias legales. Afirma que, ante la movilización de los cooperativistas, tres desconocidos lo golpearon el pasado 25 de febrero para intimidarlo a fin de que abandonara a sus clientes.
La agresión ocurrió después de que los cooperativistas lograron recuperar 10 propiedades que habían sido enajenadas por Carranza Castañeda.
Entre las propiedades que vendió la acusada hay varios locales, así como una finca y un terreno en Sixto Gorjon número 24, en el primer cuadro de Tequila, donde se planeaba construir un lujoso hotel. El litigante Ramírez Pineda dice que, según sus representados, la expresidenta recibió por la finca 14 millones de pesos del empresario tequilero Luis Rubio Jiménez.
El cooperativista Armando Castillo Castañeda, de la tercera generación de socios, formó parte del consejo de vigilancia de La Invencible pero fue dado de baja a causa de sus constantes críticas a la dirección de la empresa.
En 2003 lo eligieron como presidente del consejo de administración. “Desde entonces –recuerda en entrevista– conocí los detalles de los movimientos y el patrimonio de la cooperativa, los datos de los bienes y las propiedades que tenían en su beneficio los integrantes de La Invencible, que superaban los 60 o quizás rondan los 80 millones”.
Por ejemplo, indica que forman parte del patrimonio de la cooperativa las fincas de Hidalgo números 70 y 257, colonia Centro; General Arteaga número 2, así como las de la calle Ejido 389 y Texcoco 69, ambas en la colonia Texcalame.
En los diversos juicios están involucradas otras propiedades: una finca en la calle 3 de Mayo número 129, en Texcalame; y una más en Francisco Villa número 33, en el Centro.
En el listado se incluyen las fincas de José Trinidad Cervantes 22, La Primavera 56, Iturbide 33 y Lázaro Cárdenas 59. En todos esos domicilios había locales con molinos de nixtamal y máquinas tortilladoras, además de que se vendían tortillas o se almacenaba maíz.
Castillo Castañeda cuenta entre el equipo que tenía la cooperativa cuatro tortilladoras, cada una con un valor estimado entre 120 mil y 150 mil pesos; dos molinos industriales y uno chico, además de dos revolvedoras grandes y un equipo para transportar maíz.
“Contaba con un horno grande, construido con ladrillo refractario, que era muy costoso. Esa obra significó una fuerte inversión para la cooperativa y existían otros tres hornos más pequeños”, continúa el excooperativista. Agrega dos camionetas pick up y una gran cantidad de herramienta no cuantificada, que fue desapareciendo poco a poco.
En sus mejores tiempos La Invencible tenía más de 350 socios y empleaba de 35 a 40 personas en la producción de sus mercancías, pero al final de la administración de Carranza Castañeda quedaban menos de 50 cooperativistas.
El fin del interés colectivo
Catalina Hernández Castellanos, de 83 años, es una de las afectadas con el fraude atribuido a Carranza Castañeda. Con voz ronca, frente a sus compañeros, en la reunión del 18 de marzo dice a este semanario que ahora muchos socios no tienen ni para su entierro, mientras antes era conocido el apoyo que la mutualista de La Invencible otorgaba a sus integrantes a cambio de un peso por mes.
“Los que nos amolaron en la cooperativa fueron los últimos que tomaron el consejo de administración en forma ilegal, y más esa desgraciada vieja, Esther Carranza… Ella tiene un hijo sacerdote, ella y el marido acabaron con todo en la cooperativa… Íbamos a las juntas para que nos rindieran cuentas y ella y su gente nos echaban a la calle, ponían a la policía (municipal) para que nos corriera del lugar.”
Asegura que entre 2006 y 2016, cuando Esther Carranza se hizo cargo de la cooperativa, expulsó a los socios y comenzó a deshacerse de los bienes comunes, mientras los cooperativistas más viejos se morían sin recibir ningún beneficio de la empresa.
La señora Hernández Castellanos enfatiza que no teme las posibles represalias de Carranza Castañeda por sus críticas. Al contrario, dice, la expresidenta agravió a muchas personas mayores en Tequila. “No nos quería como socios, pero nos obligaba a pagar cuatro kilos de tortillas diariamente a todos, sin llevarnos una sola tortilla; para eso sí éramos socios y nos lo exigía si queríamos seguir ahí”.
Jesús Reynoso, un socio de 70 años, asegura que los problemas en la cooperativa surgieron cuando llegaron a la administración personas que carecen de sensibilidad y no entienden las necesidades de sus compañeros ni respetan lo que no les pertenece. “Les falta Dios en su corazón. Una persona que tiene esa carencia no puede entender que no puede robarle a otro”.
Los afectados en Tequila, dice, “somos muchos de la tercera edad a los que nos urge que la cooperativa funcione, porque antes protegía a todos los más necesitados. Como socios teníamos derecho al pan, al café y al sepelio digno; la cooperativa cubría ese gasto”.
Sobre Carranza Castañeda señala: “Ella nada más trabaja para su beneficio. A la gente que le reclama sus dividendos simplemente les dice que no se vendió nada y que hubo muchos gastos”.
A su vez, Martha Pineda Hernández cita el caso de su hermana Delfina, quien laboró para la cooperativa desde los 13 años y enfermó de leucemia. Cuando tenía 43 años fue hospitalizada y al salir Carranza Castañeda le ordenó que regresara al trabajo. Falleció ocho días después de dejar el nosocomio.
Martha recuerda: “Ella entraba a las cuatro y media de la mañana. No le daban tiempo para desayunar y salía cerca de las siete de la tarde. Debido a las malpasadas empezó a enfermarse, cada vez en forma más constante. Le aparecieron manchas en el cuerpo y luego desarrolló la leucemia.
“Estuvo internada, muy grave. La cuidé tres meses, días y noches. Cuando la dieron de alta fue Esther (Carranza) a la casa y le dijo: ‘Qué bueno que ya estás bien, Delfina. Tú eres mi brazo fuerte, me haces mucha falta, vente a que me ayudes’. Yo me molesté hasta con mi mamá, por ver cómo sufría mi hermana con su enfermedad y la forma en que la mujer la quería de regreso en el trabajo, cosa que finalmente ocurrió. Delfina fue un día más a su trabajo, pero al volver a la casa sufrió una gran recaída y a los ocho días falleció. De la cooperativa no recibió apoyo, nada más los 5 mil pesos que ‘le correspondían’.”
Hacia la recuperación
El excooperativista Castillo Castañeda relata cómo Carranza consiguió controlar la empresa para su beneficio:
“Empezó a platicar con los socios y como tiene un hijo que es sacerdote y casi todos somos católicos, fue convenciendo a la mayoría y se quedó de presidenta por más de 10 años. En ese lapso, en lugar de haber progreso o algún incremento en los bienes o el patrimonio, lo que hizo la mujer fue ir vendiendo cada propiedad sin ningún procedimiento de orden legal.”
Otra socia, Martha Pineda, sostiene que cada acción de la cooperativa valía 5 mil pesos y eso se le daba al integrante que pidiera retirarse. “Cuando ella (Carranza Castañeda) inició al frente del consejo de administración eran 250 socios y terminó su gestión sólo con 50”.
Victorina Romo García, quien fuera secretaria de la cooperativa, dice: “Yo trabajé por cerca de 20 años. Cuando la nombraron presidenta, la señora Esther me dijo que no necesitaba secretaria y que ella misma iba a hacer todo, pero la asamblea, como máxima autoridad, determinó que me siguiera quedando.
“Esther hizo caso omiso y me dijo que si quería ir iba a ser sin sueldo. Sólo fui 15 días porque no me pagó y decidí no regalar mi trabajo. Yo le estorbaba para hacer sus movimientos dolosos contra los socios.”
En respuesta, Romo García demandó por la vía laboral y ganó una liquidación de 70 mil pesos. “Después de mí fueron otras dos trabajadoras a quienes les pasó lo mismo”.
Antes de que Carranza Castañeda presidiera la cooperativa, ésta pasó por varias crisis pero siempre se recuperó e incluso había reparto de dividendos a los socios. “Lo más que yo recuerdo es que en un año se dieron 2 mil pesos, y cuando me retiré ya eran 350 socios y la cooperativa tenía más de 45 trabajadoras”.
Sostiene que la mayoría de los socios son personas mayores. Hace menos de dos semanas murió una de ellas, María de Jesús Palacio, que acababa de cumplir 103 años, y fue una de los 100 integrantes a los que dieron de baja en una sola asamblea y de forma ilegal, con el pretexto de que “no hacían el consumo”.
Elisa Martínez Murillo, actual presidenta de la cooperativa, elegida por la asamblea de socios el 25 de junio del año pasado, dice que entró a la sociedad al descubrir los abusos que se cometían contra las personas de la tercera edad y la forma en que Carranza Castañeda manipulaba las asambleas. Tuvo que enfrentarse a la expresidenta:
“Cuando intenté entrar a la asamblea para defender a mí madre, ella no me dejó ingresar porque no era socia directa. Le comenté que llevaba una carta poder para votar y ejercer los derechos de mi madre, pero ella no lo permitió y en la siguiente junta nos echó a la policía. Desde entonces decidimos poner una demanda, con otras 20 personas, por las irregularidades. De hecho ya fallecieron cuatro de las personas que promovieron la demanda”.
Mucha de la gente mayor necesita medicinas o pañales, pero bajo la dirección de Carranza Castañeda no se les apoyaba en nada, asegura Martínez Murillo. También denuncia que, de manera extraña, los abogados contratados por los socios inconformes “ya no nos hacían caso o se vendieron y nos dejaron la defensa tirada. En el Poder Judicial a cada rato se perdía el expediente de la demanda y por eso metimos una queja a la Judicatura, pues la demanda no fluía”.
Explica que su objetivo es reactivar la cooperativa a como dé lugar, pues benefició a la comunidad de Tequila durante ocho décadas. Para ello, puntualizan, “pretendemos vender tortillas de tipo artesanal, de mano, y buscar la elaboración de otros productos”.
En cuanto a las propiedades, los cooperativistas decidieron organizar guardias para resguardarlas. Sin embargo, admite, las autoridades locales encabezadas por el alcalde priista Felipe de Jesús Jiménez Bernal, en vez de proteger el interés de los socios le hacen el juego a la expresidenta defraudadora y a los empresarios que le compraron bienes de forma ilegal.
Además, dice Martínez Murillo, el periódico regional El Tequilense se ha dedicado a denostar la lucha de los cooperativistas que pretenden resucitar La Invencible.








