El nuevo libro del poeta, filósofo y promotor cultural que es Jaime Labastida nos revela esta evidencia: pensar es provocar. El título mismo es una petición de alas: ¿Pueden las aves romper su jaula? (Siglo XXI editores). Pensar se opone a repetir (incluso a repetir el saber acumulado). El libro discute nociones y criterios esenciales sobre el acto de pensar México. Provocando, invita a discutir con los interlocutores especializados sobre el status quo de lo que nombramos cuando decimos “México”.
En su mayoría los textos provienen de conferencias; lo cual recuerda que el ensayo tiene una filiación clásica: el discurso, la pieza oratoria en que las cuestiones se debaten desde la arena humana del pensar y opinar. Pólemos es su musa. Labastida la honra sin titubeos. Así, escribe a favor de las convicciones que ha cavilado y contra lo que a su juicio son lugares comunes acarreados por inercia mental.
El autor se cuestiona “lo obvio”: ¿a qué corresponde legítimamente llamar “México”? Insiste en señalar que solamente después de consumada la Independencia el topónimo deja de remitir al señorío meshica o azteca para englobar la entonces naciente nación que justamente en ese siglo fue definiendo sus fronteras que al ser geopolíticas lo son ideológicas.
Arengatorio, Labastida rompe lanzas contra una creencia “atractiva” sobre la Nueva España, propalada desde Gabriel Méndez Plancarte y José Gaos: la tendencia a “poner el acento en todo lo que pertenece en forma particular al continente americano … para demostrar … el germen de la independencia”. Labastida no acepta que todas las peculiaridades de pensamiento de los jesuitas, y de los novohispanos cultivados en general, contribuyesen a una búsqueda de independencia intelectual y política ante España. Concluye que “se puede ser moderno y al mismo tiempo enemigo de la independencia”. Estamos ante un libro erudito que usa su saber para preguntar y reclamar reflexión.
Labastida es, entre otras funciones culturales públicas, el director de la Academia Mexicana de la Lengua; nadie mejor para reclamar que tengamos cuidado con las palabras a la hora de escribir tratados sobre todos estos temas. Otro caso: ¿no suena sensato aceptar que en riguroso sentido no hay una filosofía náhuatl o purépecha o maya, sino un pensamiento mítico gestado por una mentalidad religiosa en una sociedad teocrática? Aquellas sociedades produjeron “una doctrina mítica coherente”.
Examinar las ideas aceptadas: tal la provocación del libro, pues pensar es moverse hacia nuevos planteamientos. “El sujeto filosófico de la enunciación es un solitario”, quien “se construye en tanto que se desdobla en otro, en el gran Otro”… “Desde Grecia nace una nueva actitud: la duda, la perplejidad, el asombro”. Este libro bien puede ser tomado como una guía de perplejos sobre México y sobre pensar en México. “¿A qué reto se enfrenta nuestra filosofía hoy? Al de participar de un modo activo en la transformación de la sociedad para ofrecerle un modelo de rigor y de congruencia.”
Justamente. El 2017 es el largo, incierto año en que la nación entera se agita en espera de la llegada del nuevo Gran Señor que conduzca los destinos desde la Casa Sexenal. ¿Y los políticos mexicanos leen libros o no hay tiempo para todo? Obras como ésta abren los barrotes oxidados para que los más saludables impulsos de renovación social batan alas hacia aires frescos y puros. Pensar es provocar es construir.








