Carta de un investigador jubilado a la diputada Verónica Delgadillo

Señor director:

Ojalá pueda usted autorizar la publicación de estos renglones en Palabra de Lector.

Diputada Verónica Delgadillo:

A principios de la década pasada, un doctor en ciencias, investigador del Instituto de Investigaciones en Materiales de la UNAM en el área de ciencia de materiales, con un cierto prestigio en su especialidad y con un buen promedio de publicaciones –superior al promedio nacional–, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y muy cerca de cumplir 30 años de servicio académico en la UNAM, se planteó la posibilidad de jubilarse. Esto no lo hace prácticamente nadie que tenga el estatus de investigador titular, como era el caso.

Por supuesto, había razones para esta decisión. Una de ellas era que su salud comenzaba a resentir la presión del esfuerzo que implica competir en el área científica a nivel internacional: ¿vale la pena sacrificar salud personal por un país donde nadie sabe para dónde vamos? ¿Un país donde lo único que prospera es la corrupción? ¿Un México donde el bien común, la justicia, la equidad son sueños inalcanzables? ¿Donde lo seguro es que los gobernantes sólo quieren asegurarse de que el pueblo siga en la pobreza y la ignorancia para seguir medrando con ello?

Peor todavía si se piensa en la retribución económica que se recibe por el honroso, pero exigente, quehacer académico, comparada con la que reciben muchos políticos, empleados del poder público o aviadores de la administración federal. Gente que se pega a la teta presupuestal del Estado sólo por corrupta y cínica. Gente que, con frecuencia, se llena de asesores para cubrir su ignorancia. Y no conforme con eso, mucha de esa gente se retira pensionada en condiciones leoninas, ofensivas para la gran mayoría de los mexicanos. Gozando de indemnizaciones vergonzantes. Dinero público alimentando el vicio de abusadores. Privilegios que se adjudican lejos, pero muy lejos de cualquier cosa relacionada con la honestidad. Somos pobladores de una nación gobernada por la avaricia y la estulticia.

El doctor Ernesto Villanueva nos ha ilustrado respecto de esta clase de parasitismo nacional en su libro Los parásitos del poder y en sus artículos en Proceso. También nos ha informado (Proceso 2104) de la honesta actitud de la legisladora Verónica Delgadillo. ¡Enhorabuena, señora diputada! Eso no se ve todos los días.

Pues bien, el investigador universitario decidió jubilarse y ahora está “disfrutando” de una pensión, como corresponde, cuyo monto sería causa de gran hilaridad por parte de los beneficiarios del sistema corrupto que sufrimos los mexicanos. Pero aquí está el hombre, tranquilo, haciendo cosas que le gustan y escribiendo esta carta.

Atentamente:

Alfonso Huanosta Tera