Como si no tuviera varios frentes abiertos, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) ha intentado hacer un ajuste de cuentas contra el senador Luis Miguel Barbosa, coordinador de su fracción parlamentaria en el Senado. La causa: el legislador ejerció su derecho humano a la libertad de expresión al pronunciarse por que Andrés Manuel López Obrador sea el abanderado de las izquierdas. Ese dicho generó una reacción casi inmediata por parte del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PRD para removerlo de la coordinación parlamentaria que detentaba. Lo que está pasando es inédito en la historia contemporánea del país. Veamos.
1. Al margen de su normatividad interna, el CEN del PRD tomó una decisión sin tener facultades para ello. Además, violó el principio básico del debido proceso al no respetar el derecho de audiencia, por ejemplo. De ahí que Barbosa interpusiera un recurso ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Y el viernes 10 ese tribunal ordenó que se concluyeran todas las instancias partidistas. Sólo cuando se agote la última el caso podría pasar, ahora sí, a consideración del TEPJF.
2. De entrada, el presidente del Senado, Pablo Escudero, expresó que su propuesta sería reconocer a Barbosa en la coordinación hasta que el Tribunal Electoral resolviera lo conducente. Así pues, el martes 14 es de esperarse que la mesa directiva del Senado oficialice esa primera declaración de Escudero, aun con esa nueva decisión del TEPJF.
3. La designación de la senadora Dolores Padierna –quien es una mujer proba y con un verdadero compromiso social– como coordinadora de la fracción parlamentaria en el Senado no se consumó y se encuentra en un incómodo limbo jurídico y político que en nada abona a Padierna.
4. El respaldo –debidamente hecho en tiempo y forma– de 15 de los 19 senadores del PRD a Barbosa –es decir, 80% de los integrantes de esa bancada– ha caído como un mazazo en ese partido. El PRD no hizo la tarea básica de consultar con sus senadores un eventual cambio en la coordinación. Es sorpresiva la torpeza política que ha exhibido al PRD como una fuerza que ya ha perdido hasta sus básicos reflejos políticos. Este respaldo le ha dado el tiro de gracia al perredismo ante la opinión pública.
5. Peor aún, en el supuesto –muy improbable– de que Barbosa recibiera un revés jurídico, el problema trascendería la exhibición pública que está sufriendo el PRD: sustituirlo con Padierna configuraría una violación a la normatividad del Senado, por la simple y sencilla razón de que ella no contaría con el apoyo mínimo de cinco senadores requerido para formar una fracción parlamentaria. En ese supuesto, el PRD debería negociar con el PAN para que le cediera un senador y alcanzar así a conformar una minifracción meramente simbólica, sin capacidad de incidir en el Senado. O quedarse sin bancada.
6. El PRD ha dicho que varios de los senadores que dieron su apoyo a Barbosa ya no son miembros de ese partido. No obstante, me dicen que no hay evidencia jurídica de que hayan entregado renuncias observando el proceso previsto. Las “renuncias” han sido sólo declarativas.
Otra opción de ese importante grupo de 15 senadores sería sumarse a la fracción del Partido del Trabajo o crear un gran bloque independiente que, de facto, sería una fracción más.
7. El éxodo de militantes y liderazgos naturales del PRD hacia Morena será más fluido. Que no apoyen a la dirigencia del PRD ni siquiera sus senadores es un desdoro para esa formación política, que va en caída libre rumbo a su desaparición. Es el costo de traicionar a la sociedad –en temas como la reforma energética y muchos otros– a cambio de favores políticos concedidos a sus principales tribus internas.
@evillanuevamx
ernestovillanueva@hushmail.com








