Acerca de “A cien años, ¿un nuevo pacto?…”

De José Asunción Luna Ortiz

Señor director:

Le pido atentamente publicar en Palabra de Lector la presente carta acerca del artículo de Judith Amador Tello titulado “A cien años, ¿un nuevo pacto? No con estos políticos: Garcíadiego”, publicado en el número 2101 de Proceso.

Recordamos que la Constitución mexicana, que este domingo 5 cumplió cien años, fue producto de la revolución burguesa que inició Madero y concluyó Venustiano Carranza, estableciéndose desde entonces el régimen de la dictadura de la burguesía, representado por los gobiernos republicanos, unos constitucionalistas, otros progresistas, otros neoliberales, pero todos ellos han protegido a la burguesía y desarrollado el régimen capitalista.

El 16 de septiembre de 1916 se publicó el decreto para la celebración de elecciones a la asamblea constituyente, que se realizarían el 22 de octubre; según ese decreto sólo podrían ser electos diputados los que hubiesen jurado fidelidad al Plan de Guadalupe, o dicho de otro modo, los adictos a Carranza. Por ello, la mayoría de la población no participó en dicho proceso electoral; además, el Plan de Guadalupe no contemplaba los grandes anhelos de bienestar de las amplias masas populares. En la capital mexicana participaron en la votación menos de 5%, pero en varios distritos de Chiapas, Chihuahua, Guerrero, Estado de México, Oaxaca, San Luis Potosí y Zacatecas, las elecciones no se realizaron. Queda claro que éstas fueron tan fraudulentas como las que hoy organiza el gobierno.

La asamblea constituyente fue inaugurada el primero de diciembre en la ciudad de Querétaro. Uno de los diputados, Machorro Narváez, declaró: “La revolución todavía no es popular en México… nosotros aún formamos minoría”. En el constituyente de Querétaro la gran mayoría eran representantes de las capas poseedoras de riqueza, Carranza mismo era un gran terrateniente y explotador de peones del campo. De los 200 diputados sólo tres eran obreros, a éstos se les apartó de toda participación en los debates. En la primera sesión Carranza presentó el proyecto de modificación a la constitución de 1857, apoyado por exdiputados de la dictadura de Victoriano Huerta: Luis Manuel Rojas, Félix Palavicini y J. Macías. Fue así como Carranza formó su Poder Ejecutivo y su proyecto fue aprobado sin incluir la reforma agraria ni los derechos de la clase obrera. Los que se opusieron a la aprobación fueron los activistas de la Revolución, generales Francisco J. Múgica, Heriberto Jara, Cándido Aguilar y Álvaro Obregón, quienes expresaron los intereses de la burguesía progresista y de la pequeña burguesía mexicana. Ellos son los antiguos liberales burgueses que propagaron la ideología de los hoy nefastos neoliberales que han gobernado desde la época de Salinas. Bajo presión la asamblea tuvo que designar, el 16 de diciembre de 1916, una comisión especial presidida por Francisco J. Múgica para que se hicieran los cambios necesarios; sin embargo, a pesar de las reformas introducidas los artículos referentes a la tierra y al trabajo quedaron muy lejos de satisfacer el ideal de las masas explotadas.

Respecto de un nuevo pacto, como lo menciona Garcíadiego, no resolvería en nada la situación de explotación, hambre, miseria y muerte que sufrimos los mexicanos, atrocidades que se eliminarán sólo cuando la clase obrera y campesina adquiera conciencia de la necesidad de tomar posesión de los medios principales de producción, que hoy están en manos de una minoría burguesa, para administrarlos en beneficio de la sociedad entera. No hay otra forma para lograr un real bienestar. (Carta resumida).

Atentamente:

José Asunción Luna Ortiz