Durante la primera quincena de febrero se registraron 19 hechos violentos en el estado con un saldo de 32 muertos, de acuerdo con la información recabada por Proceso Jalisco en medios locales y en las redes sociales. Para los analistas consultados, esta espiral de violencia se debe a los reacomodos de los cárteles de la droga que buscan el control de la plaza. Según ellos, las disputas se incrementaron tras la captura de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, y cada vez son más frecuentes.
Al igual que Sinaloa –donde la semana antepasada murieron 12 personas, entre ellas un marino, en cinco balaceras registradas en sólo 72 horas–, Jalisco se encuentra inmerso en la violencia, que en la primera quincena de febrero cobró 32 víctimas.
La inseguridad mantiene postrada a la entidad, sostiene Fernando Espinoza de los Monteros, presidente de la sección mexicana de la Asociación Internacional de Derecho Penal (AIDP). Jalisco, dice, se convirtió en una zona de guerra por las disputas internas entre los cárteles que operan en la entidad: el del Pacífico, el de los Beltrán Leyva y el de Jalisco Nueva Generación (CJNG), así como por los enfrentamientos de las bandas con fuerzas policiacas locales y federales.
Su colega de la Universidad de Guadalajara, Francisco Jiménez Reynoso, comenta en entrevista que al llegar a su cuarto año de gestión, el gobernador Aristóteles Sandoval Díaz carece de una política pública para combatir a las bandas criminales y garantizar la seguridad a los jaliscienses.
Entre 2015 y 2016, comenta, la cifra de homicidios dolosos se incrementó en más de 20%, según reconocen las propias autoridades estatales. Peor aún, la actual administración no ha logrado marcar una diferencia con las cifras de 2007 –el primer año de la gestión del panista Emilio González Márquez–, cuando el índice de impunidad oscilaba entre 92 y 95%.
Por desgracia, comenta Jiménez Reynoso, el gabinete de seguridad está dejando de lado la profesionalización de las corporaciones. Los colaboradores de Sandoval Díaz se preocupan más por “negociar” las designaciones de los responsables de las “áreas estratégicas” que en combatir a la delincuencia o instrumentar programas preventivos.
Con base en la información difundida por autoridades y medios de comunicación locales, así como en portales de internet, del 1 al 15 de febrero se contabilizaron 19 “hechos violentos” en diferentes municipios. Y aun cuando las corporaciones policiacas estatales no lo admiten, se incrementó la vigilancia en la zona metropolitana, donde incluso participan soldados y marinos.
La ola de violencia, comenta Espinoza de los Monteros, se debe a un reacomodo al interior de las bandas criminales que buscan posicionarse en la plaza y ocupar el espacio que dejó Joaquín El Chapo Guzmán, líder del Cártel de Sinaloa.
El lunes 13, dice, el titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), el general Salvador Cienfuegos, declaró que había “una lucha por el poder en el campo que dejó El Chapo Guzmán”; obviamente esa lucha tiene repercusiones en Jalisco.
“Si bien hay un cártel que aparentemente maneja todo en el estado –el CJNG–, siempre ha habido presencia del Cártel de Sinaloa”, insiste Espinoza de los Monteros.
De acuerdo con el general Cienfuegos, agrega, hay una lucha interna por el control del cártel del Chapo y otra externa, donde el rival es la organización liderada por Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho: el CJNG. De ahí la violencia entre ambos bandos para “tener el control absoluto del estado de Jalisco. Eso está para mí perfectamente claro”, reitera el presidente de la sección mexicana de la AIDP.
Los cuatro detonantes
Espinoza de los Monteros menciona cuatro hechos recientes que, a su juicio, “ayudan a explicar toda esa situación”: la detención de José Óscar “N”, presunto operador del CJNG en Tamazula de Gordiano por elementos de la Sedena el viernes 3; la denuncia sobre el supuesto intento de asesinato de Jesús Alfredo e Iván Archivaldo Guzmán Salazar, hijos del Chapo Guzmán, dada a conocer en el portal zetatijuana.com el miércoles 8; la ejecución de Idalia Romelia Salazar González, presunta cuñada del Chapo Guzmán, el jueves 9, y la Operación Barcina, donde fue ejecutado Juan Francisco Patrón Sánchez, El H2, operador del Cártel de los Beltrán Leyva en Nayarit y el sur de Jalisco, el mismo jueves 9.
Esas cuatro acciones, sostiene Espinoza de los Monteros, marcaron el inicio de la inestabilidad que dejó 32 muertes en Jalisco durante la primera quincena de febrero; esos cuatro hechos, reitera, marcan “una cronología de ejecuciones” en la entidad.
Tlaquepaque, Guadalajara, Tonalá, Zapopan, Tequila, Lagos de Moreno, Ocotlán, Cuautitlán de García Barragán, Zapotlanejo y Tlajomulco de Zúñiga son los municipios más afectados por la inseguridad de las últimas semanas. Lo que preocupa, según el entrevistado, es que las autoridades estatales no admiten en público sobre esta situación crítica. Y es precisamente su silencio lo que provoca más inestabilidad, pues es evidente la sobrevigilancia de fuerzas federales.
La presunta agresión a los hermanos Guzmán Salazar puede ser una de las causas de un “arreglo” entre narcotraficantes, sostiene el especialista.
En una carta que ambos enviaron a varios medios de comunicación afirmaron que resultaron heridos en un ataque de un grupo de sicarios de Dámaso López Serrano, El Mini Lic. Ese día, según la carta manuscrita de los hijos del Chapo, los acompañaba Ismael Zambada García, El Mayo, quien junto con Guzmán Loera fundó el Cártel de Sinaloa.
El Mini Lic es hijo de Dámaso López Núñez, El Licenciado, quien es compadre del Chapo y presuntamente le disputa el liderazgo del Cártel de Sinaloa al Mayo Zambada. El Licenciado fue jefe de la Policía Judicial del estado de Sinaloa, agente del Ministerio Público y se desempeñó como subdirector de Seguridad y Custodia del penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, cuando El Chapo estuvo recluido allí. Según las autoridades fue uno de los fundadores de Los Ántrax, brazo armado del Cártel del Pacífico.
Con respecto a la ejecución del H2, de acuerdo con los informes de la Secretaría de Gobernación, era líder del Cártel de los Beltrán Leyva en Nayarit y el sur de Jalisco. La Operación Barcina, coordinada por marinos, fue cuestionada por las ráfagas lanzadas por un helicóptero.
Al día siguiente, el viernes 10, elementos de la Secretaría de la Marina Armada de México abatieron a Daniel Isaac Silva Gárate, El H9, sobrino del H2 y uno de los líderes del Cártel de los Beltrán Leyva. El enfrentamiento ocurrió en el poblado El Ahuacate, cerca de Tepic.
El mismo viernes 10 se difundió el caso de Salazar González, presunta cuñada del Chapo Guzmán, abatida el día anterior. Según las informaciones, los hechos ocurrieron cuando ella salió de un consultorio dental en la colonia Real Vallarta, en Zapopan, y se disponía a subir a su Mercedes Benz C-200 blanco.
Violencia envolvente
Espinoza de los Monteros insiste: las ejecuciones en Jalisco no son hechos aislados; están vinculados con lo que pasó en Nayarit.
El lunes 13 vimos al fiscal de esa entidad, Édgar Veytia –“un hampón”, según el entrevistado– declaró a Televisa que todo estaba controlado, que no había muerto ningún menor en la Operación Barcina.
Se afanó en desmentir a Andrés Manuel López Obrador, quien declaró la víspera que había muerto un menor durante el operativo del jueves 9 por la granizada de balas.
La ola de violencia se inició el miércoles 1. Ese día las autoridades localizaron un cadáver en la brecha a La Fortuna y Valle de los Encinos en Tlajomulco; otro hombre murió en el hospital Puerta de Hierro de López Mateos, en el municipio de Cuautitlán de García Barragán. Su cuerpo recibió 10 balazos.
El sábado 4, un grupo armado asesinó de un tiro en la cabeza a un hombre en el poblado de Telcruz, en el mismo municipio. Dos días después fue asesinada una pareja en la plaza principal de Cuautitlán de García Barragán. El jueves 9 un hombre murió acribillado en Villas de Los Belenes, Zapopan.
El vienes 10 fueron asesinados dos hombres en Matamoros y Hacienda Dalias, en la colonia La Capacha, en Tlaquepaque. El mismo día, en una camioneta Blazer, en el cruce de las calles Allende y Vicente Guerrero, en la colonia El Mante, Zapopan, fueron localizados cuatro cadáveres, presumiblemente con huellas de violencia. Más tarde se localizó el cuerpo de otra mujer, estaba atado y amordazado en la barranca, en San Esteban, en la carretera a Saltillo.
El sábado 11, en Ocotlán, un grupo armado disparó contra tres jóvenes, entre ellos una mujer, quien murió; los otros dos quedaron heridos. El domingo 12, dos personas fueron ejecutadas en Tabachines, en Zapopan.
El lunes 13 fue uno de los días con más ejecuciones, pues fueron localizados cuatro cuerpos de hombres de entre 25 y 35 años en el poblado de Santa Teresa, en Tequila; también fue baleado el dueño de un negocio en el antiguo camino a Tesistán y Periférico, muy cerca del lugar donde hace ocho años fue ejecutado Carlos Alberto Rayas Rodríguez, director de la División de Homicidios Intencionales y Asuntos Relevantes de la extinta Procuraduría General de Justicia de Jalisco.
Ese día también fue ejecutado un joven en El Calvario, en Lagos de Moreno; mientras que en El Dean, en Guadalajara, un hombre fue atacado a navajazos.
El martes 14 las autoridades reportaron la ejecución de dos personas en la colonia Miramar, un hombre y una mujer, quienes viajaban en su auto.
Espinoza de los Monteros puntualiza que las muertes no sólo implican a los integrantes de los cárteles, sino también a la clase política y a los cuerpos policiacos.
“Aquí también juegan otros elementos –dice–. Por un lado, tenemos la corrupción… Hay intereses atrás de esta lucha; la impunidad que brindan a los cárteles de las drogas desde las esferas policiacas para que los sicarios realicen sus actividades ilícitas en el estado. También se dan los casos que llegan hasta las esferas políticas.”
Según el entrevistado, el Cártel de los Beltrán Leyva no tiene mucha presencia en Jalisco; es parte del Cártel de Sinaloa. Ambos buscaron sus zonas de influencia. Y cuando las encontraron, cada quien trabajó en esas áreas. Los problemas entre ellos surgieron, dice, cuando El Chapo fue capturado.








