Crece el malestar republicano

La orden ejecutiva firmada por Donald Trump el 27 de enero, la que restringe el acceso a su país de ciudadanos de siete naciones musulmanas, fue la que colmó el plato a los legisladores republicanos; según la prensa, hay un creciente número de éstos –que, sin embargo, aún no se atreven a hacer pública su disidencia– que ya reniegan de la forma de gobernar del magnate. El descontento en las filas de su partido se hizo evidente cuando dos senadoras amenazaron con votar en contra de la nominación de Betsy DeVos como secretaria de Educación.

Washington.- La inconformidad con el presidente Donald Trump y la oposición al mismo van en aumento entre los republicanos del Congreso federal de Estados Unidos, si bien en público quieren dar una imagen de total unidad con el habitante de la Casa Blanca.

Los grandes medios de comunicación, analistas políticos y reconocidos articulistas –a quienes Trump llamó “partido de oposición” a su gobierno– revelan aspectos puntuales sobre el repudio a las órdenes ejecutivas del nuevo presidente y a su manera de gobernar.

En particular citan la orden ejecutiva que emitió el 27 de enero –para prohibir o restringir la entrada a Estados Unidos de ciudadanos de siete países musulmanes– como la bola de nieve que va haciendo crecer el descontento republicano hacia su presidente.

“La orden ejecutiva de Trump exhibió la dolorosa lucha dentro del Partido Republicano y alarmó a los miembros de su gabinete”, reportó el 31 de enero The ­Washington Post.

El enojo de los republicanos con Trump por prohibirle o restringir la entrada a ciudadanos de Irak, Irán, Yemen, Libia, Siria, Sudán y Somalia, de acuerdo con los reportes de prensa, se generó porque el presidente, además de cambiar y radicalizar las leyes migratorias, omitió consultar al Poder Legislativo o al Departamento de Seguridad Interior antes de emitir la orden.

El 29 de enero la cadena de televisión MSNBC reportó que los republicanos del Congreso estaban “furiosos” con Trump porque éste no midió las consecuencias negativas que habría para el país con esa medida unilateral y violatoria de las leyes de inmigración.

“El presidente no se da cuenta de que provocará un encono mayor en el mundo musulmán contra Estados Unidos, y todos ya sabemos lo que eso puede significar”, dijo a MSNBC el vocero de un líder republicano del Congreso, cuyo nombre se reservó la cadena de televisión.

“Lo de la orden ejecutiva que afecta a los musulmanes es una crisis que sigue escalando entre los republicanos del Congreso”, indicó por su parte The New York Times, en la nota principal de su versión impresa del 31 de enero.

Varios medios de Estados Unidos –impresos y electrónicos– sostuvieron que hay más de medio centenar de legisladores republicanos que ya se consideran enemigos de Trump, aunque atribuyeron esas versiones a fuentes confidenciales que debían mantenerse en el anonimato.

Procuradora rebelde

Trump se enfureció por la rebelión de los republicanos y porque Sally Yates –la subprocuradora general, a quien Barack Obama dejó en el cargo mientras el Congreso ratificara al procurador del nuevo gobierno– dio instrucciones de no aplicar la orden ejecutiva contra los ciudadanos musulmanes; en consecuencia, el mandatario destituyó a la funcionaria.

Yates, quien conoce al dedillo las leyes migratorias, determinó que el decreto de Trump era inconstitucional. Ante esto, el presidente la despidió, acusándola de traición, y en su lugar nombró a Dana Boente, como procurador general interino; éste de inmediato afirmó que aplicará las medidas contra los musulmanes.

“El presidente Trump está demostrando un total desconocimiento de las leyes y de la Constitución política, y esto es muy alarmante para el futuro del país”, declaro al periódico USA Today un legislador republicano que también se escudó en el anonimato.

En los pasillos del Capitolio, entre republicanos y demócratas, es evidente la intranquilidad por las acciones de Trump a 15 días de haber asumido la Presidencia. “Está actuando como ejecutivo de una empresa y así no se maneja al país. Lo cual, está claro, preocupa a los republicanos del Congreso”, escribió el pasado miércoles 1 en The New York Times el reconocido articulista Thomas L. Friedman.

Aunque se sabe que hay una lista de republicanos que ya se oponen a Trump, los nombres de quienes la integran se mantienen en secreto en Washington. Los analistas políticos consideran que si la disidencia republicana se hiciera pública, esto permitiría a los demócratas exponer a un presidente ignorante de la Constitución y que se siente emperador, sin importarle las consecuencias político-electorales para el partido que lo llevó a la Casa Blanca.

Desde su cuenta en Twitter, Trump desató la semana pasada una andanada de desacreditaciones contra todos los que ponen en tela de juicio sus decisiones, en especial sobre la prensa por cuestionarlo.

“Son todas noticias falsas las que hablan de la rebelión republicana por la orden ejecutiva sobre los musulmanes. Noticias falsas, noticias falsas”, subrayó en uno de sus muchos tuits.

Contra las designaciones

El 30 de enero, desde la sala de prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, portavoz de Trump, dejó perfectamente establecida la intolerancia de la nueva Presidencia para quien se atreva a desafiar sus órdenes: “Si están en desacuerdo, renuncien”, dijo, cuando se le cuestionó sobre la posición de diplomáticos y empleados federales inconformes con las órdenes ejecutivas (más de una docena en dos semanas) firmadas por el presidente.

Precisamente por los aires de presidencia imperial que circulan en la Casa Blanca y que desataron una guerra entre los republicanos, los líderes de este partido salieron a arropar a Trump.

Paul Ryan, el presidente y líder republicano en la Cámara de Representantes, ofreció el 31 de enero una conferencia de prensa destinada a calmar y zanjar la animadversión de miembros de su partido hacia Trump, provocada por la orden ejecutiva contra los musulmanes.

“Lamento que haya habido una confusión respecto a la manera como se llevó a cabo la orden, pero el presidente está en lo correcto y debemos someter a un escrutinio más riguroso a los ciudadanos de esos países, por el bien de la seguridad nacional y el bienestar de nuestros ciudadanos”, afirmó.

Horas más tarde Trump anunció, en horario estelar y en cadena nacional, la nominación de Neil Gorsuch para ocupar la vacante en la Corte Suprema de Justicia.

El nuevo presidente sabía que Ryan le dio la oportunidad política que necesitaba para hacer el anuncio de su candidato a la Corte, consciente de que los demócratas lo habían amenazado con alargar y atascar el proceso de confirmación de Gorsuch hasta hacerlo recular y buscar a otro candidato.

El 31 de enero se celebraron varias audiencias de confirmación de los nominados de Trump para ocupar puestos en su gabinete, pero los demócratas obstaculizaron los procedimientos legislativos al boicotear varias de las sesiones, que acabaron por cancelarse.

El senador Orrin Hatch, republicano por Utah, no pudo resistir la táctica política de los demócratas y públicamente les dijo que eran unos “idiotas”. Los demócratas mantuvieron la calma pese a tal agresión, recordándole a los republicanos que el atraso de la confirmación de los nominados del Poder Ejecutivo fue la táctica que usaron con el expresidente Barack Obama.

El pasado miércoles 1, Mitch McConnell, líder de la mayoría en el Senado y legislador por Kentucky, convocó a una reunión urgente con sus colegas de partido.

McConnell instruyó a los senadores republicanos a contener a los demócratas, aprovechando que son mayoría en las dos Cámaras. El líder del Senado les mandó redefinir las leyes sobre el quórum en las audiencias y sólo así logró que el Comité de Finanzas aprobara la nominación de Steven Mnuchin como secretario del Tesoro, y la de Tom Price como secretario de Salud y Servicios Humanos.

El Comité de Educación avaló la nominación de Betsy DeVos como secretaria de Educación, el de Energía la de Rick Perry como secretario del ramo, y el de Asuntos del Interior la de Ryan Zinke como secretario del Interior. Quedó pendiente la nominación de ­Jeff Sessions como procurador general, aunque al cierre de esta edición ya se hablaba de que los republicanos cambiarían las reglas de nuevo, para sacarlo adelante.

Preocupadas por las repercusiones del abuso del control legislativo de parte de sus líderes para complacer a Trump, dos legisladoras republicanas amenazaron con votar en contra de una candidata del presidente, cuando fuera sometida a confirmación en el pleno.

Susan Collins, senadora por Maine, y Lisa Murkowski, por Alaska, al cierre de esta edición habían garantizado que votarían contra la nominación de DeVos. Las senadoras rechazan a la escogida por Trump porque la consideran inexperta en temas de educación pública y porque como empresaria se dedicó a promover a la educación privada y a respaldar el cierre de escuelas públicas en áreas rurales.

La noticia de la oposición de Collins y Murkowski fue bien recibida por los demócratas. De las 100 curules en el Senado, 52 son republicanas y 48 demócratas; con el no de Collins y Murkowski, la nominación de DeVos se anularía, porque habría un empate de 50 votos a favor y 50 en contra.

Al enterarse de la oposición de las dos senadoras republicanas, Trump le pidió a McConnell reescribir las reglas del pleno del Senado para impedir un bloqueo demócrata a su candidato para la Suprema Corte de Justicia.

“Considero que sería una absoluta vergüenza para un hombre de las cualidades de Gorsuch; te lo digo, Mitch, adelante, cambia las reglas”, declaro Trump el miércoles 1 en la Casa Blanca.