La cosecha de agua

Desde el año pasado, los habitantes del ejido San Isidro, municipio de San Gabriel, comenzaron a construir contenedores de ferrocemento para cosechar agua pluvial y reutilizarla para sus cultivos. Ya cuentan con una veintena de “cosechadoras” donde almacenan, en cada una, entre 20 mil y 30 mil litros, pero lo que más los alienta es que ejidatarios de otras comunidades agrestes de la zona ya les pidieron asesoría para impulsar su propio proyecto alternativo de reaprovechamiento del agua de lluvia.

Los habitantes del ejido San Isidro, asentado en el páramo de Llano Grande, en los límites de San Gabriel con Zapotitlán de Vadillo, a 160 kilómetros al sur de Guadalajara, promueven un proyecto de desarrollo sustentable para “cosechar de agua”.

La iniciativa surgió de la propia comunidad en 2015 y cuenta ya con el apoyo de varias organizaciones, entre ellas la denominada “Gira la Tierra”, dedicada a impulsar iniciativas de desarrollo alternativo como la de San Gabriel, que fueron referente geográfico y social en la obra del escritor jalisciense Juan Rulfo, y zonas aledañas.

Ante la carencia del líquido en la región, dicen los ejidatarios, esa técnica les permitirá aprovechar el agua pluvial y darle nuevos usos. El presidente del Comisariado Ejidal de San Isidro, Raúl de la Cruz Reyes, comenta que en la localidad, conformada por 180 campesinos, se construyeron 20 cosechadoras o contenedores de ferroconcreto para la captación del líquido.

Manifiesta que la mayoría de los campesinos siembran maíz y sorgo con métodos de la agricultura orgánica, para evitar el deterioro de la tierra o el envenenamiento de los pocos mantos freáticos que tienen a su disposición.

“La idea es evitar el uso de sustancias químicas que envenenan el suelo, afectan a la fauna y terminan por alterar el entorno ambiental”, dice De la Cruz Reyes.

Cada cosechadora puede almacenar hasta 30 mil litros de agua de lluvia, que nunca se aprovechó. Antes, reitera, bajaba de los cerros o de la zona del volcán de Colima, ubicado a pocos kilómetros de San Isidro, pero iba contaminada por el arrastre de pesticidas y químicos que utilizan las agroindustrias en las cosechas de aguacate y otros cultivos.

“Esa agua ya no servía para el consumo de los animales, menos para el consumo humano… En ocasiones descubríamos que cuando una vaca estaba preñada, el becerro nacía enfermo o se moría por ingerir el líquido contaminado.

“Y en la presa de la localidad los peces comenzaron sufrir alteraciones genéticas, lo mismo que la demás fauna acuática. Eso nos hizo pensar en el riesgo al que estaban sometidas nuestras familias”, comenta el entrevistado.

Fue cuando iniciaron la construcción de los 20 contenedores de ferroconcreto en las parcelas del ejido. De la Cruz cuenta con cuatro unidades, lo que le permitió almacenar 20 mil litros en la pasada temporada de lluvias.

Precisa que la “cosecha de agua se prolonga cuatro meses –entre mayo y noviembre–, lo que significa que tenemos 16 semanas de aprovechamiento del agua de lluvia que es almacenada en un depósito de 14 por 14 metros cuadrados.

“Para este año veremos los beneficios de las cabañuelas que se registran en la zona, sobre todo porque estamos aquí a un lado del volcán de Colima. Antes, veíamos que esa agua que nos regala la naturaleza simplemente se escurría. Hoy tenemos un doble gusto por el provecho que podemos sacar de ella.”

Un proyecto exitoso

Los ejidatarios de San Isidro calculan una inversión cercana a los 35 mil pesos por cada contenedor de ferroconcreto, en cuya construcción participan cuatro personas que trabajan una semana completa, aclara el Comisariado Ejidal.

Cada cosechadora cuenta con varias canaletas a través de las cuales se capta el agua de lluvia y se direcciona hacia el tanque de almacenamiento. Además, cuenta con “trampas” para impedir la filtración de basura o residuos que pudieran contaminar el líquido.

Hoy, dice De la Cruz, algunos ejidatarios utilizan el líquido de los contenedores para el riego de sus parcelas. Otros tienen filtros para purificar el líquido y darle usos domésticos, aunque por ahora eso no es recomendable debido a la gran cantidad de ceniza que expele el volcán de Colima.

Las autoridades de Zapotitlán de Vadillo y de San Gabriel pidieron asesoría a los ejidatarios de San Isidro para la construcción de 80 ferroconcretos; también los han invitado compañeros de otras comunidades del sur de la entidad donde escasea el agua, dice De la Cruz.

En Zapopan, habitantes de la comunidad agraria San Esteban, enclavada en una de las orillas del río Blanco, viajarán a San Isidro para conocer detalles de la cosecha de agua para aplicar ese método en la exvilla maicera, olvidada por el ayuntamiento encabezado por el emecista Pablo Lemus Navarro, dice al reportero el líder ejidal Mario Díaz Meza.

Ellos se quejan porque las autoridades de los tres niveles no han hecho nada para atacar la contaminación de río Blanco pese a las reiteradas denuncias. “Anteriormente dependíamos del agua de ese afluente para regar nuestras siembras de mango, guayaba y otros frutos, pero ahora nada se puede cosechar”, lamenta Díaz.

Desde hace años la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación y la Comisión Nacional del Agua advirtieron a los ejidatarios de San Esteban que ninguno de los productos que cultiven ahí comestibles por los altos índices de contaminación del río Blanco.

“Nos dijeron que únicamente podíamos dedicarnos a la siembra del nopal, por ser un producto que casi no requiere de agua y es fácil de cosechar incluso en las tierras más áridas”, dice el líder ejidal.

De ahí la necesidad, dice, de recuperar el río Blanco. “Hay temporadas en que las aguas son espesas, chocolatosas y hediondas. En el río Blanco ya no hay vida; hoy ni los sapos sobreviven en sus aguas”, explica. Lo peor es que el alcalde Lemus Navarro ni siquiera concede audiencia a los ejidatarios para escuchar el problema.

El problema con Nutrilite

El ejido San Isidro enfrenta otros problemas desde hace lustros por el despojo de 280 de las mil hectáreas, un viejo litigio que las autoridades de los tres niveles se niegan a solucionar. Ellos culpan a los gobiernos federal y estatal de apoyar a la trasnacional Nutrolite, que se niega a devolver esa franja territorial (Proceso Jalisco 634).

De la Cruz responsabiliza a Rosario Robles Berlanga, titular de la Secretaría de Desarrollo Agrario Territorial y Urbano (Sedatu), de hostigar a los campesinos de San Isidro para que dejen en paz a Nutrilite y se olviden del reclamo de las tierras.

En agosto pasado, un grupo de ejidatarios viajó a la Ciudad de México con la idea de hablar con ella sobre el problema. Sin embargo, luego de ese encuentro, funcionarios de la Sedatu visitaron San Isidro y comentaron a sus habitantes que no les devolverían las tierras, pues ya se habían entregado a la empresa mediante una resolución presidencial.

Según él, el decreto que exhibe Nutrilite data de 1997, pero no es válido, pues pasa por encima de los derechos contenidos en las resoluciones presidenciales emitidas en 1927 y 1936 en beneficio de los ejidatarios de San Isidro.

“Ya son tres veces que un juez federal nos concede un amparo directo –dice De la Cruz–. Le hemos ganado todo a Nutrilite, pero la empresa sigue ocupando las tierras y el gobierno no hace nada por quitárselas.” l