“La candidata”

Regresa la política a las telenovelas. Aunque faltan dos años para el relevo presidencial, ya los actores mediáticos se preparan a calentar la pantalla. Televisa opta por la ficción en dos registros: el drama y la farsa. Termina un melodrama llamado La candidata y empieza otro, El bienamado.

La empresa elige estrategia distinta al 2006 cuando La fea más bella apoyó de forma explícita al candidato del PAN con su parlamento, en una escena cercana al desenlace. Ahora el tema es justamente partidos, abanderados, comicios.

Los antecedentes de La candidata se remontan a los años 90, cuando TV Azteca apuesta por introducir nuevas tramas y formatos con Nada personal, bajo la producción de Argos. Más adelante Zurita y Bach hacen lo propio con la obra El candidato, cuya salida al aire ya no sorprendió.

La telenovela consta de 61 episodios, en éstos se hacen guiños a la actualidad.  Mujer en busca de la candidatura a la Presidencia, es inevitable remitir a Margarita Zavala. En la historia ese personaje está casado con un gobernador con las mismas aspiraciones. Él es corrupto, ella no. Participan también policías honestos y policías venales; periodistas con ética e informadores plegados al sistema. Entreverado en el hilo conductual aparece la prostitución, trata de blancas, drogas entre los muy jóvenes, víctimas de traficantes sin escrúpulos a la hora de matar. Sin embargo la serie está lejos de ser una denuncia, puesto que no se dan señales inequívocas a través de las cuales podamos apreciar a qué personas se alude, cuáles son las circunstancias específicas que dan marco al desarrollo de las acciones de los personajes.

La candidata nos quiere convencer de sus buenas intenciones pero nunca escuchamos su programa, ni cuando asume su cargo ante el público. Sabemos únicamente que sostiene un albergue para mujeres. Los legisladores parecen una banda de mafiosos, violentos con los débiles, infieles a sus esposas, traidores a sus colegas, rodeados de guaruras. Ninguno habla de estrategia en términos ideológicos, sólo de intereses y del poder. Así, la serie diluye sus propósitos de mostrar la lucha partidaria al decantarse por las historias de amoríos, de pasiones sexuales, de abusos, asesinatos y arbitrariedades.

La huella dejada por Argos se nota únicamente en la factura. Encuadres novedosos, espacios naturales, calles de la ciudad sin glamour, uso de edificios emblemáticos como el Basurto de la colonia Condesa, grabaciones en edificios históricos. No hay sets prefabricados. La dirección de actores logra obtener buen desempeño aun de los secundarios. Destaca el estupendo histrión Rafael Sánchez Navarro, quien se lleva la serie, por encima de la protagonista.

El bienamado busca un tono humorístico con un planteamiento parecido a la película La ley de Herodes, pero sin la aguda crítica de ésta.  El artificio de decorados, sets, vestuario le quitan interés y el argumento es tan soso que vuelve la telenovela prescindible.