Un“troll” en la Casa Blancae

Con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca parece inaugurarse una era en la cual el trabajo político ya no se hará mediante diálogos, negociaciones o cabildeos, sino con insultos publicados en Twitter. Esa red social es el arma favorita del empresario inmobiliario, que en los breves mensajes que impone esa plataforma marca agenda pero, sobre todo, insulta y descalifica a quienes considera sus adversarios, México, en primerísimo lugar… y fue gracias a un tuit que el mundo supo de la cancelación de la reunión que iba a tener con Peña Nieto.

Los mensajes de odio de Donald J. Trump contra México se iniciaron un día después de que el cineasta mexicano Alejandro González Iñárritu arrasara con los premios de la Academia con su película Birdman: “México tuvo una gran noche en los Oscar. Y cómo no, si están acostumbrados a arrebatarnos lo nuestro más que ninguna otra nación”, redactó el magnate el 24 de febrero de 2015 en su cuenta de Twitter.

Encarrerado, volvió a emprenderla contra nuestro país y, en especial, contra el empresario yucateco Rodolfo Rosas Moya, por un presunto conflicto derivado del concurso Miss Universo realizado en Quintana Roo. El 5 y 6 de marzo de 2015 Trump redactó en su cuenta @realDonaldTrump, que para entonces tenía unos 18 millones de seguidores:

“Por Rodolfo Rosas Moya, quien me debe mucho dinero, México jamás volverá a organizar el Miss Universo. Tengo una demanda en el corrupto sistema jurídico mexicano. Yo la gané, sin embargo, aún no puedo cobrar. No hago más negocios con México”.

Por primera vez, en esas fechas, Trump planteó lo que se convertiría en el tema obsesivo durante su precampaña y campaña presidencial en 2015 y 2016 hasta el inicio de su mandato este 2017: el muro fronterizo.

“No quiero nada con México más que construir un muro impenetrable y que deje de estafar a Estados Unidos.”

En mayo de 2014, cuando Trump no se había decidido a contender por la Casa Blanca, redactó en su cuenta de Twitter:

“A México le está yendo fenomenalmente bien. México va a ser la nueva China en términos de producción de bienes. Fíjense en lo que está ocurriendo en México.”

Para entonces, nuestro país no “robaba” empleos ni los mexicanos llevaban a Estados Unidos “drogas, crímenes y violadores”, como dijo el 16 de junio de 2015, cuando pronunció su discurso para ser precandidato en las primarias del Partido Republicano.

A partir de junio de 2015, el magnate inmobiliario atacó no sólo a México y a los mexicanos, sino a todos los que se le enfrentaran en su meta obsesiva de llegar a la Casa Blanca: sus contendientes en el Partido Republicano, su rival demócrata Hillary Clinton, senadores que lo criticaron, medios impresos y electrónicos, periodistas, empresarios, actrices y actores, incluyendo a Meryl Streep, a quien le llegó a redactar un tuit así: “Mala actriz. Está engordando. Haz algo con tu vida”.

El tuiteo compulsivo y ofensivo de Trump le generó una enorme simpatía entre los sectores blancos, protestantes y más resentidos de Estados Unidos, al grado de llegar a 22 millones de seguidores en una red social menos popular que Facebook pero más interactiva.

Su exdirector de campaña, Corey Lewandowski, consideró que “en 140 caracteres, él (Donald Trump) puede cambiar la dirección de una compañía de Fortune 100, puede notificar  a los líderes mundiales y también puede notificar a agencias gubernamentales que el negocio tal como se venía haciendo ha terminado”.

Sus ataques tienen el mismo lenguaje que utilizó en el reality show televisivo El aprendiz, donde Trump se hizo famoso por su expresión “¡Estás despedido!” y son igual de sentenciosos que sus múltiples libros y videos de consejos empresariales.

Una de las citas más recordadas de su libro El arte de negociar, redactado en 1987, retrata claramente el estilo provocador de Trump: “Me gusta provocar a mis adversarios para ver cómo reaccionan; si son débiles, los aplasto, y si son fuertes, negocio”.

La diferencia fue que en menos de dos años Trump dejó de utilizar Twitter como una plataforma de comunicación, información e interacción para convertirse en un auténtico troll, es decir, una persona que publica mensajes hirientes, cuya principal intención es molestar o provocar una respuesta emocional negativa.

En la jerga cibernética, el troll busca dañar a los contrarios, a cuentas en ­Twitter con muchos seguidores o a los sitios de elogio con el ánimo de causar dolor y desestabilizar al contrario.

Por supuesto Trump no se considera troll. A él le gusta que sus seguidores lo describan como “el Ernest Hemingway de Twitter”, pero otros especialistas comparan el uso que le da a Twitter con el uso que Adolfo Hitler le dio a la radio en Alemania de los treinta y cuarenta, para marcar agenda y provocar reacciones, tal como sucedió la semana pasada con el gobierno de México.

Un análisis de la cadena radiofónica española Ser afirmó el domingo 15 que “el nazismo y el fascismo hicieron del nuevo medio de comunicación un método muy eficaz para implicar a la población en sus ‘rituales colectivos nacionales’. También exploraron la televisión, aún incipiente, que luego aprovechó el presidente ­Kennedy y que aún emplean regímenes totalitarios como China y Corea”.

En el caso de Trump, abundó la cadena Ser, su cuenta en Twitter, abierta el 18 de marzo de 2009, se ha convertido en una herramienta eficaz para comunicarse sin la mediación de las grandes cadenas de televisión, sin ruedas de prensa, sin aceptar cuestionamientos, pero también para atacar, adelantar políticas públicas y arrasar con toda posibilidad de contrapeso a sus decisiones.

El tuit de Trump más replicado fue “Hoy hacemos América grande otra vez”, frase escrita con mayúsculas, lo que en Twitter significa un grito. Más de 350 mil cuentas repitieron este mensaje del 8 de noviembre de 2016, el día de las elecciones presidenciales de Estados Unidos.

Trump no es el primer presidente estadunidense en hacer uso intensivo de esta red social. El primero fue Barack Obama, quien empezó a interactuar desde el 29 de abril de 2007, llegó a tener más de 80 millones de seguidores y él mismo sigue 632 mil cuentas.

La gran diferencia entre Trump y Obama, advirtió el periodista Jorge Ramos, es que Obama “utiliza Twitter como un profesor que explica sus decisiones” y para Trump “el Twitter es una pistola, un arma para amenazar constantemente”.

En entrevista con Proceso, Ramos analiza el estilo de hacer bullying de Trump a través de su cuenta de Twitter. “Escogió desde 2015 a México como su enemigo y se dio cuenta de que el gobierno está agachado y débil.  Trump cree que si pega a los mexicanos no tendrá ninguna ­consecuencia”.

Ramos, periodista mexicano con 30 años en la cadena Univisión, vivió las consecuencias directas de un ataque de Trump vía Twitter. Tuvo que cambiar su número telefónico, pues el empresario lo hizo público en un tuit y generó una oleada de llamadas y amenazas de los trumpistas.

El insulto como método

Como resultado de un seguimiento a sus mensajes de Twitter durante 60 días, el New York Times publicó en su edición del 24 de octubre de 2016 dos planas con la reproducción de los principales mensajes e insultos que lanzó Trump.

En dos meses, el entonces candidato republicano había agredido a 305 personas, lugares y cosas; destacaban los insultos que le recetó a su adversaria Hillary Clinton, a quien llamó “mentirosa”, “hipócrita”, “la persona más corrupta” y –uno de sus calificativos preferidos– crooked (torcido, chueco, deshonesto).

En segundo lugar el más atacado fue Obama, a quien definió como “el peor presidente en la historia de Estados Unidos”. Esos superlativos también los usó contra el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, o sus adversarios en el Partido Republicano, Jeb Bush y Ted Cruz.

Al propio New York Times lo describió como “realmente repugnante”, y a varios medios como Univisión, Fox News, CNN y CBS los ha despreciado. Uno de sus ataques constantes fue contra el analista de Fox News, Juan Williams.

Otro de sus adjetivos predilectos para descalificar a alguien, especialmente a las mujeres, es goofy (bobo). Trump utilizó este adjetivo más de 20 veces contra la senadora Elizabeth Warren. A la mandataria alemana Angela Merkel la calificó de “ruina”.

Producto de la mezcla de la farándula, los negocios y la política, Trump no repara en adjetivos contra actores de Hollywood, en especial contra afroamericanos, como Samuel L. Jackson o Whoopi Goldberg, a quienes consideró en sus tuits “aburridos”, “terribles”, “arruinados”.

Su respuesta más irascible fue contra Meryl Streep, quien lo criticó sin mencionarlo por su nombre en la entrega de los premios Golden Globe, a principios de 2017. Trump le recetó tres tuits a la actriz más galardonada de Hollywood diciendo que es una de las intérpretes “más ­sobrevaloradas”.

Lo mismo sucedió con Alec Baldwin, actor que ha parodiado con gran éxito a Trump: “No eres gracioso. ¡Eres patético! ¡Un payaso! ¡Ve a buscar un trabajo! Triste”, le recetó en un tuit.

Los insultos más constantes son contra los migrantes de origen latinoamericano. Al escritor César Chelala le envió el siguiente tuit: “¿Quién diablos sabe quién eres? Suenas como un inmigrante. ¡Piérdete!”.

Otro de los adjetivos más utilizados en sus tuits es “hipócrita”. Así ha descalificado a Paulina Vega, ex Miss Universo, o al músico Neil Young y a decenas de personalidades públicas que lo han criticado como mal empresario, racista o estafador.

Al propio Enrique Peña Nieto, antes de que lo calificara como very nice, Trump le recetó: “Serás el primero en estar detrás del muro. ¡Amigou!”.

Son contados los políticos o personajes públicos a quienes Trump alaba en sus tuits. Al mandatario ruso Vladimir Putin le redactó la siguiente flor: “Te miré a los ojos y confío en ti, tovarich Putin!”.

En The New Herald, Chelala advirtió que “no todo el mundo toma a la ligera los tuits de Trump. Los medios estatales chinos criticaron ‘la política exterior de ­Twitter’ de Trump, y los gobiernos extranjeros siguen sus tuits con creciente atención y preocupación”.

En la misma red existe un seguimiento a los tuits del republicano. Poco antes de las elecciones del 8 de noviembre, The Trump Twitter Archive, página de seguimiento a los mensajes del republicano, publicó: “Trump es un hombre que carece de brújula moral o de una ideología coherente… ha demostrado una naturaleza impredecible e inestable, con una personalidad limítrofe con desarrollo detenido, narcicismo completo, delirios de grandeza y paranoia”.

El fenómeno de su cuenta en Twitter provocó que el investigador Phillip Howard, de la Universidad de Oxford, realizara un estudio de 19.4 millones de tuits emitidos entre el 1 y el 9 de noviembre del año pasado. El académico descubrió que cerca de 18% de los mensajes de Trump eran replicados por bots, es decir, por cuentas automatizadas que inflaron la percepción favorable a los republicanos.

De los 19 millones de tuits generados en esa última y definitiva semana previa a las elecciones, 55.1% fueron a favor de Trump con el hashtag #MakeAmericaGreatAgain (Hagamos América grande de nuevo) y sólo 19.1% fueron con la frase #ImWithHer (Estoy con ella), a favor de Hillary Clinton.

Tuits desde la Casa Blanca

Una vez que asumió el poder, Trump dijo en entrevista con Fox News que no dejará de tuitear porque “los medios de comunicación engañan”, y sin rubor asumió que tiene una “guerra” contra los grandes periódicos.

Su director de estrategia en la Casa Blanca, Stephen K. Bannon, aseguró que “los medios deberían estar avergonzados y humillados, y mantener la boca cerrada y simplemente escuchar un rato”.

Bannon, quien dirigió la web ultraderechista Breitbart News, le ordenó al reportero que reprodujera estas declaraciones: “Quiero que cites esto: los medios son la oposición aquí. Ellos no entienden a este país. Ellos siguen sin entender por qué Donald Trump es el presidente de Estados Unidos”.

Al día siguiente de su toma de posesión, casi 5 millones de personas, en su mayoría mujeres, marcharon por las principales ciudades estadunidenses (más de 500 mil sólo en Washington) y Trump lanzó mensajes en Twitter para criticar a los medios y a las personalidades que estuvieron en la llamada Women’s March.

“Mirando las protestas de ayer, bajo la impresión de que sólo hubo una elección. ¿Por qué no votaron estas personas?”, redactó Trump y luego presumió el rating que tuvo su toma de protesta (31 millones de personas vieron la ceremonia de inauguración, 11 millones más que hace cuatro años) como una forma de responder a las fotos que compararon la escasa asistencia a su toma de posesión, en comparación con la llegada de Obama a la Casa Blanca en enero de 2009.

Un intento de automoderación se leyó en la cuenta de Twitter de Trump cuando trató de aminorar el daño de su crítica a la Women’s March: “Las protestas pacíficas son una seña de identidad de nuestra democracia. Aunque no siempre estoy de acuerdo, reconozco el derecho de las personas a expresar sus puntos de vista”.

El tono belicoso y arrogante de Trump retornó en vísperas de la llegada del canciller mexicano Luis Videgaray y del secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, a Washington para negociar el Tratado de Libre Comercio.

En la noche previa al inicio de las negociaciones, Trump anunció que firmaría varios acuerdos en materia de seguridad nacional, incluyendo la construcción del muro fronterizo. Al mismo tiempo ordenó una investigación sobre el voto fraudulento (escrito en mayúsculas) y en su cuenta de Twitter adelantó una hipótesis: muchos de los votantes “están muertos (y muchos por mucho tiempo)”.

La mañana del jueves 26, en pleno debate sobre la posibilidad de que se cancelara la reunión entre él y Peña Nieto, el mandatario estadunidense decidió cancelarla unilateralmente, y volvió a acusar a México y al Tratado de Libre Comercio de “robarse” los empleos y las compañías de Estados Unidos.

“Si México no está dispuesto a pagar por el muro, es mejor cancelar el próximo encuentro”, redactó. El propio Videgaray admitió la noche del mismo jueves 26 que la delegación de negociadores se enteró de la cancelación por el tuit del mandatario estadunidense.

El viernes 27 Trump volvió a arremeter en su cuenta de Twitter contra nuestro país: “México ha tomado ventajas de los Estados Unidos durante bastante tiempo. El masivo déficit comercial y la poca ayuda a la frontera debe cambiar AHORA!”.