Sobrevivieron a la droga

Bogotá.- Yo viví siete años en el Bronx –cuenta Alberto Durán, de 37, con estudios de bachillerato, esposa y dos hijos que crecieron sin él– y me dediqué a robar para pagar el vicio.

Hacía mucho el “escapazo”. Llegaba a un establecimiento y agarraba lo primero que podía y salía corriendo. En el mismo Bronx me compraban lo que robaba y yo me gastaba todo en “bichas” (papeletas de basuco).

Dormía en el Bronx, ahí en la calle, drogado casi todo el tiempo. Amanecía tirado, con frío, encima de la basura, cagado, orinado, y salía del Bronx a robar. Es lo normal, es lo que hacen casi todos. Unos reciclan basura, otros piden limosna, otros roban o hasta matan para comprar la bicha.

En el Bronx lo único que se piensa es en consumir y uno hace lo que sea por meterse el basuco, que es la droga más mala que hay, la que más “agarra”. Para mí, basuco es basura, la hacen de los sobrados (de la cocaína) y le meten un poco de químicos y hasta cal. Pero si tenía 10 mil o 100 mil o 1 millón (de pesos), compraba bicha y me la metía toda. Eso es así.

Un día me fui a la (avenida) Circunvalar y le di una puñalada a una persona para quitarle una bicicleta muy pintosa (de buena calidad). La vendí en 30 mil pesos (10 dólares) en la “L” (como también se le dice al Bronx). Me alcanzó para 10 papeletas y para jugar a las maquinitas (tragamonedas).

Las papeletas me las fumé en un día y con las últimas monedas que me quedaban me gané medio millón de pesos (166 dólares) en una maquinita. Los que metemos droga somos ludópatas. No sé si es por el ocio o por el mismo vicio, pero también gastamos mucho en las maquinitas.

Con el medio millón me renté una pieza en el Bronx dos semanas (por 24 dólares) y todo lo demás me lo fumé en basuco. Me alcanzó para más de 100 papeletas. Me encerré en la pieza, no dormía, no comía, sólo fumaba. Todo se volvió humo.

Cuando uno consume basuco, el efecto es inmediato. Uno chupa la pipa, jala el humo, cuenta hasta 10, y ya ahí uno se siente bacano (muy bien) y uno lo suelta. El efecto perfecto es aspirar y contar hasta 10… ¡Aaahhhhh!, qué descanso… Una papeleta de 2 mil (66 centavos de dólar) da para cinco “pipazos”.

Cuando uno no duerme lo agarra una angustia. Yo aguanté hasta ocho días, de lunes a lunes. Se me salían las lagañas de los ojos, gesticulaba, hacía caras de loco involuntariamente, hablaba solo, me empezaba a quejar, como si alguien estuviera junto a mí y le reclamaba ¡eh!, ¡eh!, ¡eh!, pero no había nadie, y yo haciéndole el reclamo. Me dio pánico y sentí ganas de llorar.

Luego de eso me salí a robar y me agarraron. Estuve preso en La Picota y en La Modelo (las dos principales cárceles de Bogotá). A uno lo agarran, pero a los verdaderos dueños de este negocio nunca los cogen. Ellos no se “untan”, no están ahí. Para eso tienen a su administrador y a sus sayayines.

Poquito antes de que cerraran el Bronx me quebré. Me caí de un tercer piso, borracho y drogado. Estaba en un edificio, estaba lloviendo y me había subido a robar a un balcón, no sé cómo me trepé, y cuando llegué al balcón vi una bicicleta. Entré al apartamento y vi como 100 mil pesos (33 dólares).

Cuando iba a bajar por el balcón me fui al suelo, desde el tercer piso. Quedé inconsciente un rato, me desperté y me paré con el brazo partido y cojeando, así llegue al Bronx, con plata, a consumir. Se me veía el hueso en el brazo y tenía sangre en la pierna, pero fumé y se me quitó el dolor.

Más de un día seguido fumé y fumé basuco, pero llegó un momento que ya no aguantaba el dolor, por más “pipazos” que me metía, porque era una quebradura de radio y cúbito, así que me salí del Bronx y me hice el güevón (el pendejo) de que me habían atropellado.

Llegó una ambulancia por mí, era lunes, me hospitalizaron, me tuvieron que operar, y el viernes, ya con un yeso, me dieron la salida del hospital.

El día de la intervención (en el Bronx) yo estaba ahí y funcionarios de la Alcaldía me ofrecieron que entrara a una casa de acogida y a un programa de rehabilitación, y aquí estoy. Ya llevo un tiempo sin consumir drogas. Quiero recuperar a mi esposa y a mis hijos.

Connie

Yo comencé en las drogas –dice Norma Constanza Bocanegra, Connie– a los 22 años. Hoy tengo 45 y pasé 10 en el Bronx. Tengo tres hijos que me crió mi mamá. Mi desgracia fue haberme enamorado de alguien que consumía mucho, muchísimo basuco. Tanto, que murió de una sobredosis.

Pero cuando él murió, yo estaba “agarrada” de la “pipa”, y me quedé con eso, “enganchada”. Yo hacía turnos en el Bronx. Tenía un nivel demasiado fuerte de consumo y hacía turnos de 24 por 48. Dormía 24 horas y consumía 48 horas. A veces 72. Hay gente que dura seis, siete, 10 días sin dormir.

Uno cuando está “embasucao” empieza a ver cosas más allá de lo que hay. Yo veía un mundo pequeñitico, pequeñitico, de animalitos pequeñitos. Había un reno y duendecitos. Eso era cuando tenía tres días de consumo continuo, sin descansar ni nada, sin comer, sin dormir, y sin ninguna higiene. Yo comenzaba a mover la carraca (la mandíbula) rápido, rápido, y a mover los brazos, las piernas… me ponía como un caucho (hule)…

Y cuando no consumía empezaba un ansia también. Uno como adicto está ansioso siempre, cuando consume y cuando no. Eso es así todo el día. Es por eso que hay tanta delincuencia y tanta prostitución y tanta desesperación en las calles. Es gente “embasucada” que busca plata. Y a uno no le importa meterle un puño a alguien para conseguir plata.

Yo robaba todo lo que encontrara en mi camino. Sólo pensaba en mi adicción sin importar a cuántas personas me llevara por delante. Las mujeres se prostituyen, pero lo único que no hice fue prostituirme. Yo estudié con monjas, hasta tercero de bachillerato.

Pero caí en la degradación más grande, que es el basuco.