¿Y ahora qué con la música oficial?

Como la planificación gubernamental de largo alcance ex inexistente, la cultural no es la excepción, y cuando mucho se expresan ideas (que no proyectos concretos y coherentes) de duración sexenal. Si esto ocurre en la “cabeza del sector” –como se le llama a la instancia más elevada, en este caso la Secretaría de Cultura–, se entiende fácilmente que mucho menos aún puede hacerse en las instancias inferiores y en sus distintos departamentos.

Así, poco puede planearse, planificarse para desarrollarse en, digamos, tres o cuatro años (que dentro de un proyecto nacional no son nada), porque las circunstancias reales lo impiden.

En la música, por ejemplo, si vemos las programaciones de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN), la Orquesta de Cámara de Bellas Artes (OCBA), y los coros de Madrigalistas y Solistas Ensamble (para citar únicamente cuatro casos), observaremos que su proyección no rebasa el mes de diciembre, salvo casos verdaderamente excepcionales de uno o dos conciertos que se programen para los primeros días del año siguiente. Esto sucede así porque los titulares de estos conjuntos –cuando los hay, porque muchas veces permanecen acéfalos–, tienen contratos por un año y, consecuentemente, no se atreven a programar nada más allá del año, pues carecen de garantía alguna de que seguirán en el puesto.

¿Cómo, sobre qué bases, un director puede pensar en algo más permanente y productivo para su conjunto?  ¿Cómo ese director puede, por inventar un ejemplo, pensar en presentar este año todos los cuartetos de Beethoven, el próximo año sus conciertos para piano y para el siguiente sus nueve sinfonías, si ni siquiera sabe si le será renovado su contrato? En estas condiciones se comprenderá fácilmente que no se puede concebir ningún plan de mediano, ya no digamos largo aliento.

Esto mismo, solo que agravado por las particulares circunstancias de producción y contratación, sucede también en la ópera.

Desgraciadamente hay ocasiones en que las diferentes dependencias, aun en los primeros meses del año, no saben de qué presupuesto dispondrán.

Por eso es que son muy válidas nuestras interrogantes de qué pasará con la música oficial este año.

Unos minutos antes de concluir este artículo nos llega la noticia del nombramiento de María Cristina Cepeda como nueva secretaria de Cultura. Se le da la bienvenida, nos congratula su nombramiento, pero las interrogantes siguen abiertas.