Navideño, por supuesto,­ el último concierto del año

El tradicional receso de actividades musicales decembrino y de principios del siguiente año nos produce un largo vacío en cuanto al placer de disfrutar conciertos individuales o de grupo, ya que, merecidamente o no, la inmensa mayoría de nuestros músicos y conjuntos toman vacaciones, siendo muy pocos los conciertos que se efectúan.

La enorme mayoría (casi la totalidad) de esos pocos se dedica a música navideña o supuestamente navideña, tal el caso del famosísimo El Mesías de Häendel que se escucha profusamente en estas fechas –aunque muy poco tenga que ver con ellas, porque solo una de sus tres partes trata del nacimiento de Jesús y las otras dos se destinan a la pasión, muerte y resurrección de, justamente, el Mesías–. El resto de los pocos programados, incluyen, invariablemente, villancicos de aquí, allá y acullá.

Pues bien, uno de estos conciertos, el último del año si no estoy equivocado, tuvo lugar en el Teatro de las Artes del Centro Nacional de las Artes, y aparte de lo puramente musical sirvió para rendir un homenaje más al recientemente fallecido primer secretario de Cultura del país, Rafael Tovar y de Teresa.

Titulado Navidad en el mundo, el concierto a cargo del coro y la Camerata de Sivam, que dirige el tenor Leonardo Villeda, pintó un trazo siguiendo un tanto el recorrido que su nombre sugiere, y así fuimos de Inglaterra a Alemania, de Estados Unidos a Francia y, claro, llegamos a Italia, cuna de los nacimientos, a través de las deliciosas creaciones vivaldianas.

Vale la pena acotar que en las dos audiciones del concierto, sábado por la noche y domingo al medio día, la entrada fue totalmente gratuita, y en ambas ocasiones la capacidad del teatro fue rebasada quedándose mucha gente sin poder entrar, lo que demuestra, una vez más, que lo que hace falta es justamente eso, que este tipo de manifestaciones artísticas se pongan al alcance real de la gente que está ansiosa de recibirlas.

Así, nuestro paseo musical navideño empezó precisamente en un paseo, el conocido “Sleigh ride” (Paseo en trineo) del aún más conocido estadunidense Leroy Anderson, para seguir con el infaltable “Adeste Fideles” de dominio público, y pasar después a Viena y “Pueri concinite” (Cantan los niños) de Johann Ritter von Herbeck, poco conocido ahora pero sensación en su momento por ser el descubridor de la, en contraposición, hoy muy muy difundida octava Inconclusa sinfonía de Franz Schubert, y cuya primera audición él dirigió.

A ese tenor (y barítonos y sopranos y contraltos, puesto que se trataba de un coro) prosiguió el concierto y escuchamos así la más famosas de las Ave María, la de Schubert, pero también la bella de Johann Sebastian Bach-Charles Gounod, y de esa combinación germano-francesa fuimos a la Italia de Vivaldi con su hermosa “Gloria in excelsis Deo” y, con la camerata, el “Invierno” de sus Cuatro estaciones. Y, desde luego, la imprescindible “Stille Nacht” (Noche de paz) de Franz Xaver Grüber, posiblemente el más conocido de los villancicos. Otras dos o tres piezas se oyeron y, como no podía ser de otra manera, cerró el concierto y el año esa apoteosis de la fe y cumbre musical que es el “Aleluya” de El Mesías.