El vuelo infinito del “Ave Phoenix”

En los últimos tres años, Betsy Pecanins había renacido creativamente con su espectáculo Ave Phoenix, que incluía a músicos de varias generaciones y vocalistas como Regina Orozco y Verónica Ituarte, amén de jóvenes alumnas suyas como Julia González Larson, Natalia Marroquín y Elena Garnes.

“Para mí el blues ha sido un encuentro con mi propia alma”, dijo a este reportero en mayo de 1985, tras grabar Betsy canta el blues (Proceso, 446).

Por agosto del año pasado, contó a Talía Pantoja Díaz, colaboradora de este semanario (Proceso, 2025):

“Desde hace 18 años tengo una condición neurológica que se llama disfonía espasmódica… De tener una gran voz fui perdiéndola poco a poco… El darme cuenta de que cantar no era más una opción, me derrumbó anímicamente y me enfermé, casi morí de tristeza. ¡Pero pude recuperarme y me estoy reinventando! Me parece muy mal y muy preocupante que en este país no exista la seguridad social para los artistas.”

Al periodista Félix Morriña, la vocalista rupestre Nina Galindo declaró para el volumen Rupestre. El libro, en 2013:

“¿Qué pienso en definitiva de Betsy? Para mí es lo máximo, es una guerrera por cómo ha logrado sobrevivir a todo lo que le ha pasado. Ella está de pie, sigue dando clases y creando todo el tiempo, es de las mejores cantantes que ha dado México… El espacio de Betsy no lo va a llenar nadie, nadie, nadie.”

La madrugada del martes 13 murió Betsy mientras dormía. Al día siguiente, medio centenar de amigos, colegas y fans se dieron cita para despedirla al filo de las tres de la tarde, sin ningún discurso ni cánticos –aunque con un gran aplauso–, mientras una grabación en la sala 8 de la funeraria J. García López de la capital mexicana reproducía su voz con melodías de Los Beatles. Estas son algunas remembranzas que ahí recogió Proceso.

Margie Bermejo, intérprete

Nos conocimos en los setenta. Fuimos vecinas durante 30 años puerta con puerta en los edificios Condesa, realizamos giras, participamos muchas veces juntas para grabaciones; en teatro con Ofelia Medina y Angélica Aragón en Póker de reinas, de Víctor Hugo Rascón Banda (Proceso, 847), o la puesta de Rocío Carrillo Quemar las naves…

Betsy, además de una artista realmente única, era una gran amiga y confidente. Si bien ha sido muy querida, por ser una artista independiente no se le ha dado el lugar que merece en la música mexicana, no obstante haber hecho cosas preciosas como el disco que estamos escuchando con piezas de Los Beatles. Fue una luchona en cuanto a buscar trabajo, generar 14 grabaciones en su carrera y no doblarse a las enfermedades que padeció. Betsy nunca se dejó achicar por su propio dolor.

Guillermo Briseño, compositor

La importancia de Betsy no sólo radica por ser una magnífica cantante de blues, también es una maravillosa arreglista, una buena orquestadora con un pensamiento musical muy desarrollado, seductor. Los periodistas del rock no la toman en cuenta porque se ven rebasados por ella, y no es para humillar a nadie pero Betsy forma una parte esencial de la historia del rock mexicano.

Su historia en el blues empezó con Papa John Creach a finales de los setenta, ahí apareció José Cruz con Real de Catorce y me tocó entrar al quite, pues su relación no fue muy amable. Pepe Cruz no es fácil y Betsy no se deja, así que en 1983 me preguntó “¿Me salvas? Debo ir a tocar al Festival Jazz Plaza en Cuba y Real de Catorce ya no me acompaña.” Le dije que sí, pero no me iba a quedar con ella para siempre pues yo tenía mi numerito, así que armamos un grupo con Jorge Velazco, Enrique Quezadas y Arturo Guzmán, al que luego se unió Felipe Souza. Tocamos en el Teatro Julio Antonio Mella de La Habana, increíble. Siempre que tocamos fue caliente, desafiante.

La banda que formó para su espectáculo Ave Phoenix me pareció sensacional, con las chavas egresadas de nuestra Escuela del Rock, donde Betsy dio clases y todo mundo la ama.

Tere Estrada, “Sirena del rock”

La oí por primera vez a los 20 años en Radio Educación, ella cantaba en inglés, hacía presentaciones en el Cervantino y era un agasajo. Se me enchinó el cuero escucharla.

Ya la conocí personalmente para un concierto que dimos en el Teatro de la Ciudad allá por 1994 con Astrid Hadad, Nina Galindo, Betsy con Memo Briseño y yo que era la más bebé. Posteriormente la entrevisté para mi libro Sirenas. Tenía una visión muy clara de hacia dónde debía ir una rola. Betsy Pecanins internacionalizó el blues de México al presentarse en Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, con su raíz catalana y gringa. Sin duda que merece un lugar especial en el rock nacional. La llevo en mi corazón, siempre tuvo para mí palabras dulces a pesar de ella sufrir profundos dolores físicos, para ella cantar blues era como un exorcismo de tantos pesares.

Jorge García Montemayor,

guitarrista

Tuve la fortuna de haber sido tocado por ese índice de amor infinito que es Betsy. He sido privilegiado con ese don de colaborar con ella y acompañarla con mi guitarra a lo largo de 21 años, tiempo que nos vimos en montones de conciertos y grabamos discos de sabores únicos.

El gran dolor que tengo ahora con su partida puedo superarlo sólo por el sentimiento que me reconforta al recordar todas las poderosas enseñanzas de esta gran chamana que sigue siendo Betsy; ella nos enseñó a permanecer creativos toda la vida, poner buena cara ante la adversidad, ser como el salmón que va contra la corriente. Lo que trasciende es su legado no sólo en la obra creativa, sino en la forma de vida. La obra de Betsy refleja esa manera pródiga y generosa de existir.

Elena Garnes, cantante

Betsy me conoció desde antes de nacer (el 25 de junio de 1988). Iba desde chica a su casa y ahí la veía ensayar, trataba de aprenderle todo… Para mí ella era de mi familia, teníamos gran empatía, siempre me trató súper bien, su espíritu era demasiado grande para su cuerpecito.

En el verano del 2014, Betsy pasaba por una nueva etapa y compuso algunas cosas para su espectáculo Ave Phoenix. Era bastante relajado trabajar juntas, muy a gusto, en confianza, literalmente era como mi tía. Yo con mis muertitos siempre platico, yo no sé cómo funcione esto de la muerte pero creo que Betsy sigue aquí, sólo que a nuestros muertos no los vemos.

Verónica Ituarte, jazzista

Me siento perdida, no he dejado de llorar pues nos hemos quedado sin una buena capitana, nos ha dejado un nivel muy alto como ejemplo en muchos sentidos: humana, musical, amorosamente y para continuar con esa dignidad que ella siempre tuvo y defendió ante tantas adversidades. Los medios del rock y del jazz mexicano apenas y la reconocieron, yo no sé a nivel institucional; pero entre su público y sus amigos sí gozó de un lugar fundamental en nuestra historia del arte. Yo creo que Betsy estaría muy contenta en saber que su público del jazz, del rock y del blues la va a extrañar profundamente.

Nayeli Nesme, cantautora

Creo que generó una gran personalidad en vastos géneros del arte musical de nuestro país, desde que a su llegada a México por convicción y formación pasó por la canción catalana y fue descubriendo buena parte de lo que sería su sentimiento como bluesera.

Fue una sembradora que trascendió al blues y con su búsqueda permanente se mantuvo en la fusión de sonoridades, además de la importancia de sus textos, aliándose siempre con buenos poetas, así fue depurando su esencia artística al punto de definirse como una artista de exploración. No hay que encasillarla sólo en una corriente como si sólo hubiese reinado en los blues; me tocó efectuar giras por todo México con ella en la etapa suya de música funk durante la década de los noventa, una experiencia aleccionadora en tiempos donde gozamos de tremendas complicidades y muchas travesuras. Desde entonces ella exploraba tendencias muy diversas, y luego ya ella hizo El efecto tequila cuando mezcla blues y rancheras, músicas hermanas por el dolor.