Pienso en el periodismo a partir de esta realidad, y sólo en ella lo concibo, con todas las consecuencias éticas que se derivan del periodismo mismo y de esa realidad en que se desarrolla.
EM
La obligación social
El periodismo tiene su raíz en la sociedad y en causas sociales y políticas. Sería ingenuo pretender una explicación religiosa moral del periodismo, la cual es sociopolítica. El periodismo es política y su función es social y política. Pero no es una función partidista, ni gobiernista, ni ideológica. No es servidor de intereses particulares y, por tanto, nunca puede sustraerse de su propia libertad. La existencia del periodismo depende de esa independencia y de esa libertad, que no son solamente un deber personal, sino una obligación social. En consecuencia, no se trata sólo de una ética individual, sino de una ética social.
a) El criterio ético es decir siempre esa verdad, salvo casos extremos que son inevitables, ésta es una obligación primaria.
b) El criterio para decir esa verdad periodística no es teológico, filosófico, sociológico, político, económico, pastoral, pedagógico, clasista, guerrillero, burgués. Es estrictamente periodístico.
c) Toda persona tiene derecho a la información. El derecho a ella no pertenece a los periodistas, sino a la sociedad, a toda persona. La profesión del periodista consiste en cumplir ese derecho de la sociedad. No es ni sola ni principalmente que el periodista sea informado por los gobiernos, funcionarios o autoridades, sino esencialmente que la sociedad sea informada de manera veraz, oportuna, permanente y completa. El derecho a la información es de la sociedad. Del periodista es la obligación de informar, porque esa es su profesión.
d) El derecho a la información:
Es innato y es inalienable.
Es independiente de los poderes
–políticos y económicos– y de la propiedad de los medios de comunicación. Muchas veces no son los poderes políticos los que manipulan la información, sino los intereses políticos, económicos, ideológicos, mafiosos, lo que sean, de los dueños de los medios de comunicación. De ahí la necesaria valentía, la vigilancia constante y la rectitud desinteresada para evitar caer en la autocensura.
Es necesario e insustituible para la vida en común, la participación en la sociedad, la existencia de la democracia, la toma de decisiones, la actividad política y la posibilidad democrática.
Es elemento esencial de la opinión pública, sin la cual la sociedad estaría radicalmente enferma, sumisa y marginada.
e) La información debe ser:
Completa, hasta donde sea posible.
Veraz
Oportuna
Periodísticamente profesional.
f) A todo derecho corresponde una obligación.
Al derecho de la persona a estar informado y al derecho a informar de los informadores, corresponde la obligación de todos, y especialmente del Estado y de los dueños y dirigentes de los medios, de respetar, por un lado, y de ejercer, por el otro, la libertad de expresión. La libertad de expresión, de información, de opinión, de investigación y de publicación es un derecho, es una obligación y es una responsabilidad.
Al derecho de toda persona a la información, corresponde la obligación ética, moral, social cívica y política –tan seria y tan importante como el derecho-, de parte de los informadores y de los que conducen a la sociedad, de dar esa información.
No es opcional.
Es una obligación
La información de la administración pública es esencialmente pública, no secreta.
La obligación de informar, en los informadores, es con la sociedad, no con el director del periódico no con los intereses de los publicistas y de los publicitantes.
g) La obligación de informar que corresponde a los periodistas es periodística y responde a la ética profesional y a la fidelidad a la verdad, como periodísticamente, no filosóficamente, se entiende.
No responde al dinero.
No responde al poder
No responde a intereses personales de los periodistas. Ni a intereses ajenos, así sean religiosos.
No responde a causas ni a compromisos con causas.
No responde a ideologías ni a fidelidades ideológicas.
No responde a los intereses de los dueños de los medios.
No responde a partidos políticos ni a simpatías.
No responde a militancias
Responde exclusivamente a la verdad investigada y entregada.
h) Eso implica, otra vez, conocer, reflejar, ser honesto y congruente frente a la realidad y darla a conocer. El periodista es informador, no defensor de causas. No es apóstol social. No le corresponde luchar contra las estructura de la injustica. Es solamente informador.
i) Pero es informador veraz, con todas sus consecuencias. Si la realidad es de injusticia, su información tendrá que darla a conocer y, en esa medida, será un delator social de esa injusticia, proporcionará a la sociedad los elementos de información necesarios para la acción social y política, que al periodista no le corresponde provocar, ni dirigir, ni encauzar, pero, en esa medida y en esa forma, luchará contra las estructuras injustas.
j) No es líder social, es informador. Repito: su misión no es decirles a los demás cómo deben pensar ni cómo deben actuar, sino dar los elementos de información que los demás necesitan para pensar por sí mismos, formar sus propios juicios y actuar de acuerdo con sus convicciones, su conciencia y su responsabilidad personal y social. El periodista informa y dice lo que unos ocultan y otros no tienen modo de decir. En consecuencia, puede –y frecuentemente lo hará, si es honesto– enemistarse con el poder, que tiende a ocultarse en el secreto y silenciar a los otros por medio del soborno o de la represión. También puede, y frecuentemente lo hace, enemistarse con los seguidores de una causa, que siempre le exigen al periodista que defienda, promueva y abandere su causa, y lo denigran si no lo hace. El periodista autentico no se identifica con causas, porque eso le hace perder la objetividad que necesita y que debe a todos, no sólo a los que piensan de un determinado modo. Por ejemplo, si Marcos (o cualquier otro líder, por carismático y querido que sea) mete la pata, hay que decir que Marcos metió la pata, aunque se enojen Marcos, los seguidores de Marcos y los simpatizantes de Marcos y los que creen que la infalibilidad de un líder es la salvación del país.
k) El periodista no tiene bola de cristal. No sabe ni puede saber, ni le importa saber lo que pasará después, ni qué repercusiones va a tener lo que publicó, ni a quiénes les va a hacer bien y a quiénes les va a hacer mal, ni si va a perjudicar esta causa o esta otra; ni si traiciona a los militantes que creían que el periodista militaba con ellos, ni se van a ofender las militancias; ni si los intelectuales o los ideólogos o los moralistas o los pastoralista o los prudentes le reprochan su falta de consideración por los posibles efectos futuros o adversos de su noticia o de su revelación; ni si toma o no toma en consideración a los seres humanos y, previendo su posible mal, cancela su información, para no ofender a los pudibundos; ni si el gobierno va a desatar la represión debido a sus revelaciones. El periodista no es árbitro, ni nadie lo ha nombrado tal, de lo que el pueblo debe saber y debe ignorar, ni de cuándo está maduro para recibir esta información o no recibirla. Nadie es árbitro de los conocimientos ajenos ni de la maduración de los demás. La información tiene derecho sobre la ocultación, mientras no se demuestre lo contrario.
l) El periodista se rige por su fidelidad a la realidad, por su honestidad en el aval periodístico de su información y por la consideración única de no dañar injustamente a terceros.
m) La realidad mexicana tiene consecuencias en el periodismo. Apunto solamente algunos de los problemas que plantea:
La percepción de la realidad. Es decir, el a priori de su acercamiento a la realidad. Ese es un problema profundo de conciencia personal, de pertenencia social, de alineamiento ideológico, de educación recibida, de opciones tomadas. Es el trasfondo de la conciencia, de los valores, de las convicciones, inclusive de la cultura, que integra la personalidad, el modo de ser y el modo de interpretar. Un periodista, porque es ser humano, no puede despojarse de ese trasfondo. De ahí lo imposible de una objetividad químicamente pura. Este es un problema que se plantea y que el periodista y su medio deben enfrentar y resolver.
El análisis de la realidad, que depende también de ideologías, de preconcepciones, de intereses, de compromisos, de pertenencias y condicionamientos sociales, económicos, políticos, religiosos, familiares, etcétera.
La valoración de la realidad, que depende del sistema de valores que rige en lo personal y en el medio para el que se trabaja.
El establecimiento de prioridades y de importancias, de acuerdo con valores y percepciones.
La elección y selección de campos de investigación, de temas de reportaje, de informaciones, de analistas que escriban en la publicación, de enfoques en la escritura y en el desarrollo del escrito y en los materiales que se escogen para integrar el escrito.
* Maza, Enrique, Medios de comunicación: realidades y búsquedas, Universidad de la Ciudad de México, 2003, pp. 84-89.








