El nuevo salario mínimo nació muerto

El aumento de siete pesos al salario mínimo general que entrará en vigor el 1 de enero próximo no sólo quedó por debajo de la “línea de bienestar mínimo” –que el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social  estableció en 91 pesos diarios–, sino que prácticamente nacerá muerto, pues la inflación se lo comerá desde los primeros días de 2017. Para empezar, se verá impactado por el incremento de precios que se espera con el inevitable aumento a las gasolinas.

Antes de que termine este año, la Secretaría de Hacienda dará a conocer los nuevos precios de las gasolinas, que entrarán en vigor apenas se inicie 2017. Es inevitable que la medida contribuya a la inflación, pues este tipo de aumentos son los que más inciden en el índice general de precios.

Las semanas previas a la toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos –el 20 de enero– serán de intensa volatilidad en los mercados cambiarios y, en general, de mucha incertidumbre en el ámbito financiero internacional, lo que podría provocar una caída acelerada del peso y encarecer las importaciones.

Lo anterior moverá a las empresas –que ya no tienen margen de maniobra porque llegaron al límite con la depreciación persistente del peso en el último año– a incrementar los costos, y esto se reflejará en los precios finales al consumidor.

El aumento de 77% a la tasa de referencia que decidió el Banco de México el jueves 15 –de 3.25 a 5.75% – hará más caro el dinero, los créditos y, en general, el financiamiento para empresas y personas.

Ante este panorama, el aumento de siete pesos al salario mínimo pasará de los 73.04  a 80.03 pesos diarios a partir de enero próximo, y se compone del incremento habitual en el marco de la inflación esperada –3.9%, o casi tres pesos–, más un “monto independiente de recuperación” (MIR) de cuatro pesos, que por primera vez incluyó la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) el jueves 1, cuando hizo el anuncio.

Sin embargo, ese aumento está por debajo de la línea de bienestar mínimo establecida por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), que asciende a 91 pesos diarios por persona e incluye la canasta alimentaria (compuesta por carnes, lácteos, leguminosas, frutas y verduras) y la no alimentaria (integrada por gastos que van desde el transporte, cuidados personales, educación, vestido y vivienda, hasta esparcimiento).

Peor: El incremento se da después de 40 años durante los cuales el salario mínimo ha perdido más de 70% de su valor, golpeado por crisis económicas y por una política que sacrifica el salario para mantener una inflación “estable” y “baja”, según lo dicta el Banco de México.

Deflactado a pesos de 2016, este monto representa apenas 33.3% del poder adquisitivo del salario mínimo en 1978.

Si bien es cierto que, por primera vez en la historia, la Conasami incluye un aumento constituido por el MIR de cuatro pesos, más el tradicional incremento de fijación anual de 3.9% (tres pesos), el ritual fue el mismo y sólo quedó la promesa de que será en 2017 cuando el salario podrá alcanzar la línea de bienestar mínimo.

Esa recuperación tendrá que esperar y corre el riesgo de diluirse ante el incremento de precios a raíz de la depreciación del peso, el bajo crecimiento de la economía mexicana y la incertidumbre provocada por el resultado de las elecciones en Estados Unidos, que ganó el republicano Donald Trump.

La ruptura del dogma

Para Rogelio Gómez Hermosillo, coordinador de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza, el aumento salarial no cubre las necesidades de una persona, menos aún las de una familia.

“El monto es absolutamente insuficiente –dice en entrevista telefónica–. Lo importante es la ruptura del dogma. Ahora corresponde dar el primer paso para colocar ese incremento por arriba del umbral de pobreza de una persona. Y luego, en los años subsecuentes, tratar de llegar al monto correcto para que cubra el costo de manutención de la familia, como lo marca la Constitución y como corresponde a una economía como la mexicana.”

–¿Hay margen para ello, pese al panorama económico que se espera para el 2017?

–Por supuesto. Si bien estamos enfrentando un entorno económico muy adverso, debemos hacerlo con nuevas herramientas. Seguir con la misma receta absurda de empobrecimiento no nos va a resolver el ambiente económico adverso; incluso nos puede hundir más.

“Entonces, lo que está empezando a verse es el fortalecimiento del mercado interno y la vinculación entre productividad e ingreso, una lógica en la que lo deseable es que ganen tanto los trabajadores como los empresarios. Parece un buen camino a explorar.”

Consultor y asesor de programas sociales en diferentes países y organismos internacionales, como el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Gómez Hermosillo reitera:

“No sólo estaremos hablando de un salario mínimo, sino de una dinámica de mejora del conjunto de salarios, sobre todo los de los más pobres, de tal manera que recuperen valor. El problema del salario mínimo no en sí mismo el salario; pueden ser sólo 3 millones quienes lo tengan, aunque la mayoría de ellos sean trabajadores informales que no gozan del sistema de seguridad social.”

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, de la población ocupada hasta el tercer trimestre de 2016, el 15.1% –7.8 millones de personas– sólo gana un salario mínimo; mientras que 13.6 millones obtienen de dos a tres salarios y representan la mayor parte de la población ocupada (26.2%). Sólo 12.8% gana entre tres y cinco salarios, y 6.1% de quienes laboran perciben cinco salarios.

Más aún, en un año se sumaron 970 mil 68 mexicanos a las filas de quienes ingresan sólo un salario mínimo. Casi 1 millón de personas aumentaron el ejército de trabajadores con las peores condiciones laborales.

Lo anterior provoca que México sea el país más rezagado en salario entre los miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ya que un trabajador gana en promedio 0.6 dólares por hora; en Chile, 2.3 dólares, mientras que en Estonia, República Checa y Hungría el salario es de 2.5 dólares.

Ya ni mirar los salarios de economías desarrolladas como Estados Unidos, con un promedio de más de siete dólares por hora, en tanto que en Holanda, Francia, Alemania, Bélgica e Irlanda los trabajadores ganan más de 10 dólares.

La posición del Banxico

Juan Carlos Moreno-Brid, maestro en economía por el Centro de Investigación y Docencia Económicas y doctor en la Facultad de Economía y Política de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, va más allá:

“Al tener un salario tan bajo impide que la gente se formalice, que diga: ‘Yo por fuera puedo ganar mucho más’. El salario mínimo puede ser una variable que te ayude no sólo en términos sociales a tener un ingreso decente; te puede ayudar a formalizar el mercado laboral, a tener mayor empleo, mayor formalidad y mayor crecimiento.”

Moreno-Brid, quien fuera coordinador de Investigación de la sede subregional en México de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe y actualmente investigador de tiempo completo en la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM, coincide con Gómez Hermosillo sobre el manejo político económico que se ha dado al salario:

“… México ha ignorado la desigualdad por muchos años. Ignorar al mercado interno no nos ha permitido crecer… México no se puede dar el lujo de no subir el salario mínimo, de no colocarlo en una senda de recuperación.”

Y añade: “El salario mínimo sería un gran instrumento no sólo para mantener la parte ética y legal de la Constitución, sino de una estrategia de poner la desigualdad en el centro de la preocupación, la recuperación del mercado interno y del dinamismo de esta economía”.

Aunque es insuficiente, el incremento del salario mínimo representa un hecho sin precedentes en el país, ya que quedaron a un lado los aumentos inerciales aprobados por la Conasami.

Eso sí, tuvo que ser hasta que la Conasami hizo público el Informe Final de la Comisión Consultiva para la Recuperación Gradual y Sostenida de los Salarios Mínimos Generales y Profesionales –en el que se consigna que sí es posible un alza de los salarios más pronunciada– que la Confederación Patronal de la República Mexicana tomó bandera y formuló una senda de recuperación del poder adquisitivo del salario.

La instancia que no se pronunció fue el Banco de México (Banxico), encabezado por Agustín Carstens, quien el mismo día de la decisión de la Conasami –el jueves 1– anunció su renuncia al cargo y que a partir de julio de 2017 ocupará la gerencia de Banco de Pagos Internacionales.

Al banco central nunca le gustó la idea de un alza al salario mínimo. En su documento Salario mínimo e inflación, concluyó:

“Los ejercicios cuantitativos del posible efecto de incrementos del salario mínimo sobre la inflación presentados en este documento indican que aumentar el salario mínimo podría tener un efecto importante sobre la inflación. Por ello, cualquier propuesta de incremento debe tomar este efecto en consideración y recordar que si se empieza a descuidar la estabilidad de precios se corre el riesgo de perder el control sobre la inflación, con su consecuente impacto negativo sobre el bienestar de la población.”

Según el Banxico, un alza en el salario mínimo desligado de las condiciones generales de la economía tendría efectos redistributivos entre los trabajadores, ya que “mientras algunos trabajadores que ganan el salario mínimo tendrían mayores ingresos, otros podrían llegar a perder su empleo formal”.

La institución encargada de la política monetaria del país definió lo que piensa sobre el tema en ese documento: “Es necesario enfatizar que el salario mínimo debe ser sólo un instrumento más para aumentar el poder adquisitivo de la población en el corto plazo. Otras medidas deben incluir reformas y programas adecuados con un enfoque microeconómico que busquen eliminar las fallas de mercado…. Un alza sostenible del poder adquisitivo en el mediano plazo sólo es posible a través de mayor competencia económica y mayor productividad que permitan alcanzar mayores tasas de crecimiento económico”.

Las resistencias

Moreno-Brid y Gómez Hermosillo, el Banxico y la Conasami se oponen a convertir el salario mínimo en un motor de crecimiento económico.

Gómez Hermosillo, quien fue coordinador Nacional del Programa Oportunidades en el gobierno de Vicente Fox, comenta:

“El Banco de México va a tener que aceptar esta decisión. Aquí lo que hay que cuidar es que no traten de culpar al salario mínimo del problema. Evidentemente, el gobierno está aumentando los precios, por ejemplo, algunos energéticos y, por lo tanto, la posibilidad de que la inflación suba, pero no es por el salario mínimo.”

Moreno-Brid opina que la visión del Banxico es “miope”, ya que la resistencia a subir el salario mínimo es en última instancia una resistencia a poner la desigualdad en el centro de la preocupación.

La otra gran resistencia es la misma Conasami, según se deriva de una solicitud de información hecha a través del Sistema Infomex por la Secretaría de Desarrollo Económico (Sedeco) del Gobierno de la Ciudad de México, que encabeza Salomón Chertorivski, a la comisión (folio 1407500006316) el pasado 1 de agosto.

El argumento de la Conasami para reservar por un año el documento sobre el salario fue que los trabajos no serían “definitivos” sino hasta que los patrones y sindicatos analizaran el contenido de dicho informe. Darlo a conocer antes, arguyó la comisión, pudo “influir o presionar indebidamente” a las empresas y gremios.

Ante la negativa, la Sedeco interpuso el Recurso de Revisión (RRA 1919/16) ante el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI), para que la comisión dependiente de la STPS entregara e hiciera público el informe.

La Sedeco, junto con el Gobierno de la Ciudad de México, retomó la discusión sobre el salario mínimo en 2014. De ahí a la fecha sólo se ha logrado “desindexar” el salario de multas y otras tarifas del gobierno.

El salario mínimo que la Conasami fijó para 2017 –80.04 pesos por día– es una bicoca si se le compara con el salario bruto de 233 mil pesos que gana el presidente de esa dependencia –Basilio González Núñez, quien ocupa el puesto desde que Carlos Salinas de Gortari estaba en Los Pinos–, según el Presupuesto de Egresos de la Federación 2017.

Para Moreno-Brid hay un mandato en la Conasami que dista de colocar a los salarios mínimos de acuerdo con lo que dice la Constitución: “Han estado más enfocados a evitar presiones inflacionarias que en estudiar la forma de cómo subir el salario sin presiones inflacionarias… El problema no es Basilio; el problema son los términos con los que la Conasami contiene los salarios. Es la institución la que está diseñada de tal manera que no ayuda, ni de casualidad, a colocar el salario mínimo en una trayectoria respetable”.

–¿Hay que hacer cambios en la Conasami? –se le pregunta al coordinador de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza.

–Sí, requiere modificarse de fondo. México necesita un mecanismo técnico fuerte. Hay títeres de una decisión que no tenía sustento técnico y ahora necesitamos ese mecanismo para calibrar la meta a donde queremos llegar, justo para que no esté sujeto a presiones políticas o a decisiones demagógicas, sino que tenga bases para argumentar. Actualmente no argumenta nada.