El escritor británico Julian Barnes dio a conocer en 1990 la novela El puercoespín, que trata sobre la caída del comunismo en Bulgaria y describe el juicio al que es sometido el dictador (inspirado en Todor Zhivkov), así como recoge las impresiones de varios personajes con la intención de mostrar el funcionamiento de la forma de gobierno despótica. Ahora publica la narración: El ruido del tiempo (Anagrama. Col, Panorámica de narrativas No. 924, Barcelona, 2016. 196 p.) sobre la vida de Dmitri Shostakovich y su sumisión al poder.
Barnes narra la historia del compositor a partir de tres momentos:
El primero es la presentación de la ópera Lady Macbeth en Mtsensk, a la que asiste Stalin a quien, oculto en un palco, le disgusta, y días después ordena criticarla en el periódico Pravda como decadente y desviacionista. El cuestionamiento condenaba al autor a la muerte o al exilio. Para evitarlo, Shostakovich repudia la ópera, coopera con las autoridades, jura lealtad a Stalin y compone música “patriótica”, “heroica” y “proletaria”. Con esta sumisión se siente seguro.
Tiempo después crea las sinfonías octava y novena, que son denunciadas como burguesas. La sentencia le hace perder las canonjías, ante lo cual adjura de nuevo de sus obras y acepta la tutela de comisarios stalinistas para que orienten el sentido de las creaciones.
En el tercer momento, integrado al régimen, recibe premios y prebendas, asiste al Congreso Cultural y Científico por la Paz Mundial en Nueva York y defiende el carácter libre e independiente del arte producido en la Unión Soviética y los países del bloque comunista.
En El ruido del tiempo Barnes presenta la particular posición de Shostakovich frente al poder dictatorial soviético. En un inicio realizó una creación orientada por su inspiración. Cuando el poder lo amenazó se subordinó y creó una obra acorde a los dictados de Stalin. En el instante en que se le señaló alguna desviación la corrigió, de acuerdo a los criterios de los poderosos, y además confesó sus gustos pequeño-burgueses.
No obstante, creyó que a pesar de las coacciones como compositor manifestaba en lo profundo su sentir de que estaba intocado y que era su música: “… lo suficiente fuerte y auténtica y pura para acallar el ruido del tiempo (y) transformar(se) en el susurro de la historia.” Sin embargo, varios compositores y críticos señalan que la subordinación limitó su creatividad y sólo en pocas ocasiones logró creaciones intensas y no sólo susurros.
El ruido del tiempo es una obra en donde Julian Barnes capta de manera soberbia la medrosidad de Shostakovich, así como su talento opacado. Libro breve con un gran apoyo bibliográfico que interesa desde la primera página.








