Señor director:
Agradeceré a usted, sea publicada la siguiente carta, dirigida al doctor Miguel Ángel Mancera Espinosa, jefe de Gobierno de la Ciudad de México:
En el módulo de la Secretaría de Movilidad (Semovi) ubicado en Calzada de la Virgen se lleva cada año la revista anual de los taxis capitalinos, todos los cuales son revisados documentalmente, y sólo los que resultan sorteados o señalados de antemano son sujetos de inspección física. Es en este último caso en el que se observa la corrupción por lo burdo y notable de la exacción económica de la que son objeto los concesionarios.
La primera intimidación, y para empezar a preparar mentalmente al concesionario, ocurre cuando el empleado que revisa en una primera etapa la documentación le pregunta si el vehículo ha sido pintado con la nueva cromática, que si ya tiene instalado copete nuevo y bandera electrónica, advirtiéndole que de lo contrario tendrán que “bloquear las placas de circulación del taxi”.
El siguiente paso es muy sencillo: el vehículo pasa a un patio, donde un “perito”, con la documentación del taxi en la mano, se encarga de revisar el estado físico de la unidad: el tono de la pintura, el rotulado, la carrocería, luces, funcionamiento de copete y bandera electrónica, estado y confort de la vestidura, llantas, extintor, triángulos, botiquín, luces, herramienta, rueda de refacción, etc.
La palabra “perito” entrecomillada tiene la intención de resaltar que dichos personajes tienen todo menos aptitudes, imagen, vestimenta y vocabulario de peritos, puesto que, por ejemplo, con unas pequeñas placas de acrílico con los colores blanco y rosa que traen consigo –que uno supone son los oficiales de la nueva cromática–, y mediante una comparación con los colores del taxi en turno utilizando la avanzada tecnología del “buen cubero”, determinan que alguno de los colores o los dos no se ajustan a los oficiales de sus placas de acrílico. ¡Alégueles que sí son los tonos correctos! ¡Es su palabra contra la del concesionario!
Hay que considerar que un taxi pudo haber estado pintado de rojo y dorado anteriormente, la anterior cromática (el costo de la nueva cromática, rosa y blanco, va de tres mil a cuatro mil quinientos pesos), y que la calidad de la nueva pintura depende del nivel del taller y, desde luego, de la calidad de los materiales y la mano de obra.
Es de suponerse que cuando el “perito” de pronto dice: “este o estos no son los tonos de los colores blanco o rosa, tiene que repintarlo”, el concesionario se enfrenta al costo adicional que eso significa, además de los dos o tres días en el taller de pintado durante los cuales no podrá generar ningún ingreso.
Así, la segunda intimidación ha surtido efectos. Entonces el “perito” le pregunta enseguida al concesionario que cómo le pueden hacer, lo que implica la posibilidad de incurrir en un arreglo económico que puede ir desde los 500 hasta los 1000 pesos o más, independientemente de que surjan otras observaciones que ameriten rechazo o arreglo.
En ningún momento del proceso de la revista el concesionario es informado de que en caso de que se detecten problemas durante la inspección física del taxi le será concedido un plazo razonable para subsanarlos y que podrá regresar a acreditar que los problemas han sido resueltos. Antes al contrario, de principio a fin el ambiente y el trato son de intimidación y de preparación psicológica para llegar a un arreglo mediante la consabida “mordida” con la que los taxistas están habituados a arreglar sus asuntos.
Al principio de su administración, doctor Mancera, entregué una carta al entonces secretario de Transportes y Vialidad –con copia al Contralor Interno de la dependencia, mediante oficialía de partes–, en la que denuncié los citados actos de corrupción. Lo mismo hice en el módulo de Calzada de la Virgen, donde aporté incluso el nombre de uno de los “peritos”, pero nada pasó. Dicho “perito” sigue ahí tan campante y con la misma mecánica.
La pregunta, doctor Mancera, es: ¿No pueden ustedes, o bien, no quieren terminar con la corrupción en el gobierno de esta ciudad?
Atentamente
Alberto Armando Pérez Luna








