De José Asunción Luna Ortiz
Señor director:
Los felicito por el 40 aniversario de este prestigioso semanario creado por el connotado periodista Julio Scherer García y otros colaboradores.
Por otra parte, le pido publicar la presente carta relacionada con el artículo Trotsky y Mercader, ficción basada en la realidad, de Columba Vértiz de la Fuente, aparecido en el número 2087. Ahí dio a conocer la narración del cineasta español Antonio Chavarrías sobre la forma en que concibió y desarrolló su filme El elegido.
No he visto aún la citada película, por ello no puedo opinar en el aspecto fílmico, pero sí puedo hacerlo en cuanto al relato que hace Chavarrías, quien afirma que León Trotsky fundó el Ejército Rojo.
Al respecto debe recordarse que el 7 de noviembre de 1917 –y por primera vez en el mundo– triunfó una revolución socialista, de obreros y campesinos, y eso ocurrió en Rusia. Inmediatamente el gobierno proletario surgido de esa revolución empezó a desmovilizar el antiguo ejército del zar y de Kerensky. El 15 de enero de 1918 el Consejo de Comisarios del Pueblo aprobó el decreto de formar al nuevo Ejército Rojo, con obreros y campesinos. Toda la formación de las nuevas fuerzas armadas de la República de los Soviets la dirigió el Partido Comunista Bolchevique, que encabezaba el gran Lenin, pero los directamente encargados de su formación fueron los altos jefes revolucionarios, bolcheviques también, N. Krylenko y N. Podvoiski. En ningún momento aparece Trotsky porque, entre otros aspectos, él no era bolchevique.
Para ahondar en este aspecto, recordemos que el 27 de enero de 1918 el gobierno fascista alemán, que representaba al imperialismo mundial, exigió al gobierno bolchevique la firma de un tratado de paz, que arrancaba de iure los territorios rusos que de facto ya ocupaban los alemanes. Aquí es importante señalar que Trotsky presidía la delegación soviética que negociaba el Tratado de Paz de Brest-Litovsk. Él tenía indicaciones terminantes de Lenin de dilatar por todos los medios las negociaciones, y en caso de que los alemanes insistieran en su ultimátum firmar el tratado de paz. Todavía el 28 de enero, Lenin, en un telegrama firmado también por Stalin, reitera la necesidad de concertar el tratado de paz, pero Trotsky infringió las instrucciones del presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo: le expresó a Alemania que el gobierno soviético se negaba a firmar el tratado en las condiciones propuestas, que el gobierno soviético cesaba la guerra y desmovilizaba su ejército. Tales declaraciones constituyeron una gran traición a la República Socialista que todavía los revolucionarios del mundo están sufriendo.
Al cineasta Chavarrías le decimos que sería mejor que hiciera un largometraje de cuando Hernán Cortés y los imperialistas españoles vinieron a masacrar a nuestros ancestros e impusieron con la espada y la cruz la religión cristera y la esclavitud en el Nuevo Mundo. Creemos que presentar ese hecho histórico sería de mayor beneficio para México y España. (Carta resumida).
Atentamente:
José Asunción Luna Ortiz








