Sinergias en el Museo de la Cancillería

El Museo de la Cancillería es contradictorio. Si bien es un acierto que presente artistas contemporáneos mexicanos que son ignorados por la programación museística del Instituto Nacional de Bellas Artes, también es lamentable que el trato y servicio que ofrece al público sea tan deficiente.

Cerrado los fines de semana, indiferente ante la importancia de respetar los horarios, y carente de información museográfica que permita identificar la ubicación, el museo evidencia una gran indiferencia ante el servicio que debe prestar a sus asistentes.

El recinto, dependiente de la Secretaría de Relaciones Exteriores a través del Instituto Matías Romero, está emplazado a un costado de la Biblioteca Lerdo de Tejada, en la calle de República de El Salvador 47, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, y más que funcionar como un museo, se inscribe en la modalidad de “Kunsthalle”, ya que no tiene alguna sala permanente dedicada al acervo de la secretaría.

Dirigido por Natalie Gama Pourdanay, el museo inauguró recientemente tres exposiciones, entre las que destaca Sinergia con esculturas de Yolanda Azul Paulsen y pinturas de Fernanda Brunet. Pertenecientes a la generación nacida en los años sesenta, ambas artistas tuvieron una presencia relevante en la escena joven de los años noventa. Amigas desde su infancia e interesadas en establecer una sinergia entre sus obras, las creadoras organizaron una muestra intuitiva que, al carecer de un guión temático definido, se convierte en una presencia visual de dos amigas y artistas.

Silenciosa y profunda en la interpretación de la naturaleza vegetal, Paulsen ha desarrollado una propuesta escultórica que transita entre la mímesis y la metáfora. Creadas a partir de formas, estructuras y texturas de hojas, pétalos y arbustos, sus esculturas en bronce se imponen como entes vegetales que, tirados en el piso, afirman una existencia propia y misteriosa  en el mundo humano. El inicio de la vida o más bien el nacimiento de un ente vivo es un tema recurrente en la obra de Paulsen. En Sinergias, además de algunos enormes pétalos que se envuelven entre sí convirtiéndose en suaves y orgánicas formas metálicas, la artista presenta una serie de obras en gran formato que se distinguen por sus dimensiones ascendentes. Trabajadas en cera sintética sobre metal o sobre resina con tonos de una claridad casi monocromática, sus esculturas ya no sólo están en el piso, ahora ascienden hacia un infinito inexistente evidenciando, con pequeños y minuciosos capullos, el nacimiento de una nueva vida.

Totalmente diferente por lo explosivo y saturado de su propuesta pictórica, Fernanda Brunet, sin perder el vínculo con las estéticas de las historietas japonesas que caracterizan su obra, exhibe piezas realizadas a partir de 2012 en las que flores, insectos, animales y mandalas conviven con campos pictóricos intervenidos con botones, cuentas y papeles metálicos de diferentes colores.

Al margen de la sugerente propuesta no-curatorial, Sinergias es un proyecto interesante que permite dar seguimiento a la creación de dos artistas de trayectoria media. Como excepción, la muestra podrá visitarse este domingo 13 de noviembre.