Leyendo al Doctor Strange

La compañía Marvel Comics ha ido creciendo y absorbiendo todo tipo de medios de entretenimiento a lo largo de casi 80 años; este pulpo descomunal posee la capacidad de adaptarse a cualquier revolución tecnológica y fortalecerse con cada crisis social o política, a manera de los mega villanos de sus historietas, sólo que este monstruo, que emergió a raíz de la Gran Depresión, se ha vuelto invencible.
La mercadotecnia para lanzar Doctor Strange: Hechicero supremo (Doctor Strange; E.U., 2016) evitó presentar su producto como un mero Blockbuster veraniego, calculó el momento en que le público ha dejado de atiborrarse de cine chatarra para abrirle el apetito con la nueva franquicia de este héroe, muy a tono con la crisis del estatus económico, la amenaza de exterminio de los valores americanos por parte de cultos pervertidos, y el barniz de espiritualidad heredado del difunto New Age.
Creado en 1963 por Steve Dikto en plena Guerra Fría, el Doctor Stephen Vincent Strange es el más sobrenatural de los héroes de Marvel; exitoso y arrogante cirujano, cuya hibris (insolencia) es castigada con la pérdida de su habilidad manual en un accidente (la versión cinematográfica omite el alcoholismo); ahora tendrá que aprender a ser mejor persona y luchar por la justicia; si la ciencia fracasa hay que recurrir a la magia. A diferencia del Hombre Araña y otros mutantes, el Doctor Strange aprende a desarrollar súper poderes cuando descubre que existen otros niveles de realidad; los guardianes, a manera de teoría conspiratoria, defienden el mundo de los malos que intentan destruirlo; la mística y el entrenamiento corporal son orientales, como en las películas de Kung-fu.
Los productores se permitieron el lujo de contratar actores como Benedict Cumberbatch, apenas repuesto de su Hamlet en Londres, en el rol principal, y Tilda Swinton en el papel del maestro supremo (the Ancient One); pero éstos y otros de los grandes actores que participan en la cinta apenas logran sobrenadar el mar de efectos especiales; mismos que, en realidad, son los verdaderos protagonistas de la cinta, caleidoscopios de varias dimensiones que explotan la gramática visual de Inception (El origen, dirigida por Nolan). Hubo, además, que cambiar la nacionalidad tibetana del maestro supremo para no enojar a los chinos y salvar el riesgo de perder cientos de millones de dólares de ganancia.
Siguiendo un poco el esquema propuesto por Jean-Marc Lainé, especialista en Comics y colaborador de la enciclopedia Universalis, al Doctor Strange no le falta la capa ni el atuendo colorido para representar su lucha, en este caso el escudo (señal de militancia) es un amuleto. El traumatismo original, un accidente, es criterio de definición; y para que el esquema maniqueo del bien contra el mal funcione, el Doctor tiene su némesis en Kaecilius (el estupendo Mads Mikkelsen), mega villano que utiliza el conocimiento de la magia para destruir el universo.
El lugar privilegiado es siempre la megalópolis donde triunfan formas extremas de capitalismo y fermentan vicios e injusticia; el Doctor Strange vive en Nueva York, pero el lugar de iniciación es el Oriente. A medida que el sueño americano se hace insostenible con villanos como Trump, la fantasía se torna más extravagante.