Uno de aquellos tantos días en los que el periodista y antropólogo Fernando Jordán (1920-1956) recorría los territorios de la península de Baja California, una persona le preguntó qué pensaba de su tierra.
“Recuerdo el momento… Fue en la acantilada costa de Punta Banda (el lugar más altivo del litoral bajacaliforniano) donde mi acompañante me asaltó con una pregunta: ‘¿Qué piensa usted de nuestra tierra?’. Y sin reflexionar, automáticamente le respondí: ‘Pienso… pienso que es un otro México’.”
Tiempo después, el propio Jordán se preguntaba:
“¿Por qué, siendo otro, es México?”
De ahí nació el título del libro en el cual Jordán describe el territorio bajacaliforniano luego de haber recorrido sus desiertos y mares, y su cordillera: 7 mil kilómetros que dieron origen, inicialmente, a la serie de reportajes Baja California, tierra incógnita, publicados a partir del 26 de noviembre de 1946 en la revista Impacto, dirigida por Regino Hernández Llergo.
Así lo relata el también periodista Felipe Gálvez Cancino, profesor e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, quien tras una vasta investigación bibliográfica y hemerográfica, compila en tres volúmenes la obra de Jordán:
Baja California, tierra incógnita; El otro México. Biografía de Baja California; y Mar Roxo de Cortés. Biografía de un Golfo.
Publicados por el gobierno del Estado de Baja California Sur, el Archivo Histórico Pablo L. Martínez, y el ya desaparecido Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (hoy Secretaría de Cultura), los volúmenes se presentaron el pasado 13 de octubre en la Casa del Tiempo de la UAM.
Vía telefónica, Gálvez Cancino (Ciudad de México, 1942) relata que trabajaba para la revista Transformación, órgano de la Cámara Nacional de la Industria de la Transformación (Canacintra), y lo enviaron a Baja California a hacer un reportaje de tema industrial, cuando Henrique González Casanova, quien había sido condiscípulo de Jordán en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, le preguntó si conocía su libro El otro México:
“Si quieres escribir de Baja California, tienes que conocer a Fernando Jordán.”
En su recorrido por las ciudades de Ensenada, Mexicali y Tijuana buscó el libro sin éxito y fue hasta llegar a La Paz cuando un joven que lo escuchó preguntar por él se lo ofreció. Fue el inicio. El investigador quedó encantado con las historias de Jordán.
Luego conocería a Vicente Vila, un cronista de cine, con quien entabló conversación y resultó conocer al antropólogo convertido a periodista:
“Fue mi gran amigo, yo le publiqué su libro antes de que se suicidara.”
El comentario lo dejó más intrigado aún y así comenzó a acumular datos del periodista de Impacto: el propio Vila le recomendó buscar a Jalet Mujaes, quien también fue amigo de Jordán, y al reportero Arturo Sotomayor. Y conoció al también periodista tijuanense Federico Campbell (1941-2014), quien entonces era jefe de Publicaciones de la UAM.
Fue Campbell quien lo presentó con la editora Aidé Grijalva, como “el hombre que más sabe de Fernando”. Ella le pidió hiciera una biografía y ahí fue donde se puso a investigar más a fondo sobre su vida y obra. Localizó a la viuda del periodista, la antropóloga sueca Barbara Dahlgren, quien se negó rotundamente a hablarle de su esposo. El misterio lo impulsó aún más y buscó a los antropólogos Fernando Cámara y Arturo Romano, quienes sabían mucho de Jordán; y a José Héctor Salgado, quien hizo el viaje con él.
Cuenta Gálvez en el prólogo de El otro México que desde el primer número de Impacto, Fernando Jordán estremece a los lectores.
Escribe el antropólogo en su monumental reportaje:
“…Baja California es un país extraño y extraordinario. Su longitud peninsular es la segunda más larga del mundo. Su historia geológica es reciente y buena parte de sus desérticas llanuras tienen la misma edad que el hombre sobre la tierra, algo así como medio millón de años. El origen de sus primeros hombres es oscuro, y la peregrinación de las siete tribus nahuatlacas que explica en gran parte el origen de todos los hombres de México, no es válida para Baja California.”
Comenta Gálvez que compartía con Campbell y con Grijalva todo lo que iba descubriendo de Jordán, naciendo entre ellos una fraternal amistad en torno al personaje. En un texto publicado en internet dice también:
“La vida de un escritor como Fernando Jordán hay que rastrearla en sus imágenes y en sus textos. En las primeras, en un intento de abarcar y entender su polifacética, compleja personalidad, mediante un rastreo minucioso de fotografías que da paso al interrogatorio visual del pretérito, de lo que fue. Y en los segundos, en una búsqueda entre líneas de vida que late en sus escritos. Algo así como intentar tomar el pulso de alguien extinto hace más de cuatro décadas. Sin olvidar, en ambos casos, que se está ante la única presencia dable y posible de ese autor: la de la ausencia…”
Mar Roxo de Cortés no nació como un libro; se formó con 22 “atrayentes y amenísimos reportajes que exhumados de las hemerotecas a 45 años de su publicación y al contacto con el aire y el sol de hoy resultan ser algo más, mucho más que la fiel y puntual bitácora de un viaje truncado por el infortunio”, aclara Gálvez en las primeras páginas.








