Una excelente exposición que abarca arte, investigación y modos de ver, comprender y valorar el fenómeno artístico, se presenta en el Museo del Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.
Organizada en el contexto del Año Dual México-Alemania 2016-2017, la muestra El color de los Dioses. Policromía en la Antigüedad Clásica y Mesoamérica, es un fascinante proyecto que desequilibra los estereotipos eurocentristas que definen como belleza y arte clásicos aquellas creaciones marmóreas y blancas provenientes del arte europeo –antiguedad greco-romana, renacimiento, academicismo– y, como estéticas primitivas, aquellas en las que sobresale la policromía de fuerte saturación y expresividad provenientes en su mayoría de culturas colonizadas y periféricas.
En su origen, la muestra es resultado de las apasionantes investigaciones de los arqueólogos alemanes Vinzenz Brinkmann y Ulrike Koch, quienes a partir de las exploraciones de su maestro Volkmar von Graeve han actualizado los recursos tecnológicos, logrando detectar tanto organizaciones formales que ornamentaban las superficies pétreas y térreas de la escultura antigua, como ubicar sus tonos y densidades cromáticas.
Basados en estudios que se sustentan en el uso de tecnología espectroscópica de absorción ultravioleta visible (UV-VIS), los investigadores han construido réplicas que permiten experimentar la diferencia entre la visualidad original y las convenciones clásicas. A diferencia de las limpias esculturas en mármol blanco que se imponían por el volumen escultórico, las réplicas delatan intenciones creativas que centran su poder en la estridencia y simbolismo del color: tonos claros para la piel de deidades femeninas, tonos amarillentos para deidades masculinas, dibujo de ornamentos que refieren al lujo de teñir los ropajes, distintos matices de cabello, y un notorio maquillaje facial que enfatiza los ojos y los labios.
Itinerante desde 2003 en aproximadamente 21 sedes museísticas –en su mayoría europeas–, la muestra contiene originales y réplicas que abarcan escultura griega arcaica –comparada con originales de antecedentes egipcios–, escultura y arquitectura clásica temprana –deidades femeninas y Templo de Afaya–, y escultura retratística romana –emperador Calígula.
Enriquecida con originales de esculturas de deidades prehispánicas que contienen restos policromáticos y algunas réplicas pintadas de piezas tan espectaculares como la diosa lunar Coyolxauhqui, la muestra plantea dos imaginarios divinos en los que el color tuvo un importante poder simbólico. Curada por los historiadores Mariana Morales y Julio Pérez Rivas, la sección prehispánica sobresale por una cuidada selección que alterna la belleza de las piezas con la representatividad de distintas épocas y culturas del altiplano.
Sin embargo, aun cuando ambas creaciones refieren a deidades policromas, su significado e impacto en el imaginario contemporáneo es muy diferente. Considerado como el prototipo de la belleza clásica, el blanco, en su deterioro, se transfigura en las réplicas en una traicionera vulgaridad que evidencia la igualdad estética de todas las culturas; incluyendo aquellas que, por su expresividad policromática, se consideran exóticas.








