León, GTO.- La leyenda del beso (1924), zarzuela española con libreto de Enrique Reoyo, José Silva Aramburu y Antonio Paso, y música de los maestros Reveriano Soutullo y Juan Vert, constituye el primer gran éxito de la dupla Sotullo-Vert, quienes compusieron algunos pasodobles y 31 zarzuelas entre las que destacan La del soto del parral y El último romántico.
El Teatro del Bicentenario de esta ciudad tuvo el buen tino de programar y producir la zarzuela citada inicialmente que, huelga decirlo, se representa muy pocas veces en México, y el éxito fue absoluto. Sólo tres funciones a teatro lleno, gente que como de costumbre acudió desde lejanos puntos del país que, con la local, disfrutó de La leyenda del beso, cuya música no le es tan ajena, pues contiene al menos tres momentos muy conocidos:
El dúo “Amor mi raza sabe conquistar”, para tenor y soprano, que Plácido Domingo y José Carreras cantaban en festivales de zarzuela a la menor provocación. La romanza “Hecho de un rayo de luna”, para tenor, que los mencionados divos y otros célebres tenores cantaron y grabaron no pocas veces. Y el celebérrimo intermezzo de música arrobadora (una de las más conocidas piezas sinfónicas españolas) al que el grupo Mocedades puso letra e interpretó bajo el nombre de “Amor del hombre”. https://www.youtube.com/watch?v=WDtVbUu2JVA
La producción del Teatro Bicentenario contó con la acertada y brillante dirección orquestal de Christian Gohmer, joven director de clara batuta a quien cada vez se le dan más oportunidades y no defrauda.
El personaje principal, la seductora y joven gitana Amapola, fue Violeta Dávalos, quien no deja de sorprendernos; esta vez bailó junto con las chicas del pequeño cuerpo de baile flamenco, cantó y actuó de maravilla y, sobre todo, le imprimió a su interpretación pasión y verdad escénica; por méritos propios, ya escribió su nombre con letras doradas en el libro de la historia del canto lírico de nuestro país.
El joven enamorado, el conde Mario, fue interpretado por el barítono Amed Liévanos, destacado cantante de las nuevas generaciones nacionales. Alegre, de grandes cualidades escénicas, con grata voz y presencia, se ganó de inmediato al público. Curiosamente en la zarzuela el galán no es un tenor como en la ópera, sino un barítono, pero hay que decirlo, un barítono muy agudo, casi atenorado, lo que hace realmente difícil estas partituras, pero Liévanos cumplió airosamente.
El tercero en discordia, Iván, el gitano celoso, enamorado de Amapola, fue el tenor Ángel Ruz y asombró con lo bien que lo hizo; cantó como los grandes y actuó muy bien; así que, señoras y señores de Bellas Artes, vean a este joven y meritorio tenor que nos parece está muy olvidado por ustedes. Iván ganó en 2008 el primer lugar en el concurso de canto de Tel-Aviv y aquí vino a demostrar por qué.
Mario Hoyos, tenor, cantó el difícil personaje de Goró, y maravilló al público con su gracia y experiencia, mientras coros y demás personajes (imposible nombrarlos aquí) fueron interpretados por Solistas Ensamble del INBA, en una especie de coproducción con esa institución.








