La versión no oficial del Reglamento Interior de la Secretaría de Cultura, difundida hace unas semanas, no sólo movilizó a la comunidad del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH); ha puesto también en alerta a docentes, investigadores y trabajadores del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) debido a que sus atribuciones en materia de educación artística son asignadas al Centro Nacional de las Artes (Cenart).
Por ello, en una reunión con los funcionarios de la Secretaría de Cultura, Luis Cacho, del área Jurídica, y Antonio Hernández Brito, de Relaciones Laborales, en la cual tanto los trabajadores del INAH como los del INBA reiteraron su exigencia de participar en la elaboración de dicho reglamento, representantes de los trabajadores de Bellas Artes demandaron la desaparición del artículo 17 en el cual se detallan las atribuciones del Cenart.
Se le dan, por ejemplo, la de “impartir estudios de licenciatura, posgrado, maestrías y doctorados en materia cultural y artística, formular los planes de estudio y programas necesarios, y expedir las constancias, certificados, diplomas y títulos procedentes, que tendrán la validez correspondiente a los estudios realizados”.
Igualmente, “impartir programas pedagógicos a nivel profesional, en materia cultural y artística”. En otro punto, “establecer, coordinar, controlar y evaluar las acciones encaminadas al desarrollo de profesionales de excelencia en las distintas disciplinas artísticas que se imparten en las escuelas de educación artística profesional”.
En la Ley de Creación del INBA ya se le asigna “la organización y desarrollo de la educación profesional en todas las ramas de las Bellas Artes”, y participar en la “implementación de los programas y planes en materia artística que establezca la Secretaría de Educación Pública para la educación inicial, básica y normal”.
También es encomienda de Bellas Artes “el cultivo, fomento, estímulo, creación e investigación de las bellas artes en las ramas de la música, las artes plásticas, las artes dramáticas y la danza, las bellas letras en todos sus géneros y la arquitectura”.
Integrante de la comisión reunida con los funcionarios de la SC, Rocío Álvarez, profesora de piano en la Escuela de Iniciación Artística (EIA) No. 3 y consejera de organización del Sindicato Independiente Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Cultura, señaló a Hernández Brito que no se trata de una duplicidad de funciones.
“Nosotros decimos que no es duplicidad, es suplantación porque son funciones y obligaciones del INBA, previstas en su Ley de Creación: Velar por la educación artística en todos los niveles, desde educación básica, hasta profesional y posgrados, cursos de capacitación.”
Le parece muy grave pretender concederle al Cenart esas facultades, pues el INBA corre el riesgo de ser considerado innecesario por una política de Estado. Cuenta que los representantes de la SC y el mismo titular Rafael Tovar y de Teresa, con quien se reunieron en el primer encuentro, argumentan que Bellas Artes no cumple ya con toda la demanda de educación.
Los académicos e investigadores consideran a su vez que es el instituto el que tiene toda la infraestructura, los conocimientos, los especialistas, las escuelas, los docentes y demás para impartir educación artística, y lo que falta es mayor apoyo y presupuesto. Pero informa que lejos de ello, se han reducido los recursos y también la matrícula de estudiantes.
Viejo problema
Desde que en abril de 1993 el propio Tovar, como presidente del desaparecido Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), anunció al entonces presidente Carlos Salinas de Gortari el proyecto del Cenart, reinó la incertidumbre porque no se definió jurídicamente su papel frente al INBA.
En diciembre de 2006, al asumir la coordinación general del Centro, el fallecido abogado Martín Díaz y Díaz admitió en entrevista con este semanario la necesidad de ordenarlo tanto en su estructura como en sus funciones, y aceptó que ese reordenamiento tendría que pasar por el Congreso de la Unión:
“Una de las tareas inaplazables de esta administración es darle orden a las distintas piezas que desarrollan funciones culturales en el país, a nivel federal. Esto tendrá que pasar por una articulación normativa de carácter general, no sé si una ley de cultura.”
Hasta hoy sigue sin cumplirse el ordenamiento jurídico. Las escuelas y centros de investigación pertenecen al INBA y el Cenart es sólo el espacio territorial donde se albergan. No es raro escuchar a investigadores y docentes quejarse por la falta de apoyo en infraestructura del Centro, que los considera miembros de otra institución.
El INBA tiene varias escuelas: Conservatorio Nacional de Música (que se negó a ir al Cenart y sigue en Polanco), Laudería (Querétaro), Superior de Música y Danza (Monterrey), Academia de la Danza Mexicana (Coyoacán), Nacional de Danza Folklórica (Centro Cultural del Bosque), Nacional de Danza “Nellie y Gloria Campobello” (Polanco), Artesanías, Centro de Investigación Coreográfica y Escuela de Diseño, las tres en Xocongo. Además, cuatro son las EIA y 12 los Centros de Educación Artística (Cedart) en varias entidades del país. En el reglamento, dice la profesora, ni siquiera se menciona la educación en los niveles básico y de iniciación.
En el Cenart sólo se encuentran la Escuela Superior de Música, las nacionales de Arte Teatral, de Danza Clásica y Contemporánea, y la de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”.
Los trabajadores expusieron a los funcionarios que más allá de dar al Cenart atribuciones que no le corresponden mediante el reglamento, el INBA debe absorberlo, pues incluso los centros de investigación en Artes Plásticas, Danza, Música y Teatro, alojados en la Torre de Dirección, son de Bellas Artes.
La propia ley de creación del instituto así lo señala en su artículo 3º:
Las escuelas, instituciones y servicios, que en el futuro cree el Gobierno Federal con finalidades semejantes a las comprendidas en el artículo anterior, quedarán a cargo y bajo la dependencia del Instituto. Igualmente, las subvenciones que otorgue el Gobierno Federal, así como los trabajos que encargue o patrocine para el fomento de actividades de la misma naturaleza de las que conforme a la presente Ley son propias del Instituto, deberán ser otorgados, encargados o patrocinados por éste.
El problema, a decir de la profesora, es que mientras el espíritu de Bellas Artes ha sido la promoción del arte, la cultura, el patrimonio, la investigación y la educación, el Cenart tiende a la privatización (que fue uno de los propósitos de creación del Conaculta).
Comenta que Tovar les ofreció en la primera reunión que sí eliminaría el punto 17 del reglamento; pero “el problema es que no ha habido ninguna minuta o documento que nos lo garantiza”. Sin embargo, confía en su palabra.
Dice finalmente que se deberá atender en el ordenamiento el aspecto de la evaluación en las escuelas del INBA, específicamente los Cedart porque se les está imponiendo la misma evaluación de la SEP, cuando ya no pertenecen a ésta, y además el instituto cuenta con su propio Consejo Técnico Pedagógico integrado por especialistas en arte, mientras que el Instituto Nacional de Evaluación Educativa de la SEP no cuenta con este tipo de profesionales.








