La “Numancia” de José Emilio Pacheco *

A la memoria de Salvador Allende

I

La presente edición de El cerco de Numancia se debió a la iniciativa de Guillermo Barclay y Manuel Montoro. Cuando me pidieron que la redactara, me sentí apoyado por las palabras de Rafael Alberti: “Ninguna obra clásica más necesitada de retoque que esta de Cervantes, para su posible presentación”. Y a fin de huir del oprobio que lanzaba Mariano José de Larra contra los mutiladores de comedias, recordé las enseñanzas de Fernando Wagner: es necesario aligerar una pieza como la Numancia para hacerla accesible a un público incapaz de soportar una representación que dure cinco o seis horas. (…)

Aunque mi versión se aparta de muchos puntos de la que hizo admirablemente Alberti, quiero reconocer que sin ella no hubiera sido posible. Le devuelvo a la obra las escenas de magia e invocación pero retengo en distintos pasajes diez líneas inmejorables de Alberti, así como los nombres que eligió entre las varias lecciones del texto: Coravino en vez de Carabino, Leoncio en lugar de Leonicio, Morandro por Marandro, Viriato y no Bariato, como homenaje al gran guerrillero lusitano. (…)

El texto que va a leerse traduce inevitablemente mi lectura de Numancia y en modo alguno pretende sustituir el original que –a despecho de Fuenteovejuna, tan superior en su versificación– es y será siempre la mejor tragedia de la lengua española.

II

Cuando en octubre de 1580 Cervantes desembarca en España tiene treinta y tres años y quiere ver cumplida su vocación literaria. Tiempo atrás, en la academia del erasmista Juan López de Hoyos, había despertado su pasión por la cultura humanística italiana y escrito sus primeros versos. No dejó de hacerlos durante la época que incluye su estancia en Italia, su participación heroica en Lepanto y el lustro de cautiverio en Argel. Entre 1581 y 1587, cuando se convierte en recaudador de aceite y trigo para la Armada Invencible, escribe unas treinta comedias. Se conservan dos: El trato de Argel y la que ha venido a designarse como El cerco de Numancia y su autor llamó indistintamente La Numancia y La destrucción de Numancia. (…)

Se sabe que para componer sus obras iniciales Cervantes tenía que cumplir plazos rara vez mayores de dos semanas y recibía en pago 40 ducados (450 reales): veinte como anticipo, la otra mitad al representarse la comedia. De acuerdo con Sturgis E. Leavitt, que estudió el mercado teatral en la época de Alarcón, 500 reales alcanzaban para comprar aproximadamente 4000 kilos de carnero y 2500 litros de vino.

Numancia es, según se vea, la última obra primitiva o la primera moderna del teatro español. Para Marcelino Menéndez y Pelayo “ostenta cierta épica grandeza, que retrae a la memoria la férrea poesía del viejo Esquilo en Los siete sobre Tebas. No sabemos si este arte confuso, vago y contradictorio hubiera podido llegar a madurez; pero es lo cierto que le ahogó en su desarrollo el portentoso drama de Lope”. (…)

Como Shakespeare, su contemporáneo, Cervantes no se preocupa de la teoría y encuentra sus propias formas originales. Su obra es una tragedia impura que solo hasta cierto punto ajusta con las palabras de Aristóteles sobre el género (…) No describe la ruina de un gran hombre sino la caída y ascenso de todo un pueblo. Utiliza la narración y las figuras alegóricas como un anticipo de lo que Brecht llamará “distanciamiento”. Es una obra singularmente moderna en su construcción suelta, a base de cuadros, y pertenece a un terreno “intermedio entre los géneros épico y trágico” (Cotarelo). Cuando el teatro se representaba sin escenografía y era para el oído más que para la vista, Cervantes alterna la versificación culta e italianizante y la española popular. (…)

Cervantes emplea redondillas al lado de los tercetos (la terza rima de Dante), metro propio de la poesía reflexiva y descriptiva, y octavas reales (la otava rima de Ariosto y Tasso), propias de la épica, no de la literatura dramática, que Cervantes tal vez aprendió a usar leyendo La Araucana (1569-89) y Os Lusíadas (1572). (…) Escrita la Numancia entre 1581 y 1585 –1581 según Cotarelo y Valledor; 1583 según Moratín– es contemporánea en España de la Introducción de la fe, Los nombres de Cristo, La perfecta casada; en Francia de los primeros ensayos de Montaigne; en Italia de la Gerusaleme liberata y La cena de le ceneri, Il candelaio, De gl’heroici furori de Giordano Bruno; en Inglaterra de Euphues and his England de John Lyly, Defense of Poetry de Philip Sidney y tal vez las primeras tragedias de Cristopher Marlowe (Shakespeare no comenzará hasta 1590 con Richard III y Henry IV).

III

En una interpretación literal Numancia es una alegoría cristiana de la muerte como promesa de vida eterna, una exaltación del destino histórico español, un elogio de la España imperial y una alabanza de sus hazañas guerreras.

Numancia cae pero de la semilla de heroísmo que su muerte arroja en la tierra ibérica se levanta España. El valor de los españoles / numantinos los lleva a edificar un «imperio dichoso» que sojuzga a la misma Roma, mater et magistra de todas las tentativas imperiales. (…)

Al volver de su cautiverio en Argel Cervantes se encuentra con la España de la era que Américo Castro llamó “la edad conflictiva”. Ha caído definitivamente el mundo feudal. El personaje ya no es el caballero andante sino el pícaro, hijo de un mundo corrompido por el oro y la plata de América. Sevilla, capital mercantil del imperio, es la nueva Sodoma, no la nueva Roma ni la nueva Jerusalén que hubieran deseado los grandes capitanes, los teólogos y moralistas· de la Contrarreforma. Cuando a diecisiete años de la apoteosis de Lepanto el espíritu caballeresco y la sed de hazañas se hunden sin gloria en el desastre de la Armada Invencible, la picaresca se adueñará de la sociedad entera hasta hacer de la realidad la fantasmagoría esperpéntica por donde cumplirá su doliente peregrinación el Quijote.

Mientras tanto la guerra empobrece a una España que fue el único y verdadero melting pot, crisol multirracial en donde se fundieron Oriente y Occidente. Pureza de sangre, honra, ortodoxia, muralla china contra las infecciones del mundo moderno son algunas de las locuras que han ido drenando la fuerza y el impulso españoles hasta llevarlos al borde de un desengaño y una lamentación perdurables. Oro y plata de México y Perú se consumen en destruir, importar, pagar deudas. España es la intermediaria, la proveedora que con sus riquezas de ultramar da nacimiento al capitalismo sin saber hacerse capitalista. No hay industria, los oficios mueren. Los pobres tienen hambre. Los precios se han decuplicado. Los ricos gastan fortunas en el consumo santuario. (…)

Todas las ideas del momento se hallan en circulación y en pugna en Numancia. .. Como los primeros cristianos los numantinos al morir por su fe sacralizan el peor crimen contra Dios: el suicidio. Pero mueren por una fe terrenal y secular: la libertad:

Oh muros de esta ciudad,

si podéis hablad decid

y mil veces repetid:

numantinos, libertad. (…)

Numancia es la gran expresión poética y teatral del pensamiento español del siglo XVI que reacciona contra la realpolitik definida por Maquiavelo. (…) El argumento más fuerte para apoyar esta lectura de Numancia es como suele suceder el más obvio: descansa en el hecho indiscutible de que nunca en los cuatrocientos años posteriores a su escritura se ha representado Numancia para servir a los intereses imperiales y totalitarios…  invariablemente se ha llevado a escena desde principios del siglo XIX como un alegato en favor de la libertad, de la lucha contra las invasiones y tiranías. A pesar de los inmensos esfuerzos por enmudecerla y desprestigiarla, Numancia no ha perdido su potencialidad revolucionaria. l

*Fragmentos del prólogo de José Emilio Pacheco a su versión de El cerco de Numancia, tomado de la edición conmemorativa por el Cincuentenario de El Colegio Nacional en Siglo XXI Editores, 2011, 109 p.