Estancamiento en Paralímpicos

México tuvo su peor participación en Juegos Paralímpicos de los últimos 20 años, al menos. Las 15 medallas que ganó quedan muy lejos de las logradas en las últimas tres ediciones o de las 42 que sumó en 1980. Y si en 1994 México aún obtenía más metales que Brasil, ahora el país sudamericano se colgó cinco veces más preseas que el nuestro. Las federaciones inútiles y corruptas, la Conade omisa, la inexistencia de programas de relevo generacional y el desprecio al deporte adaptado son las causas de esta debacle.

En menos de dos semanas, el deporte paralímpico de México evidenció su declive. En Río 2016 se obtuvieron 15 medallas: cuatro de oro, dos de plata y nueve de bronce; en contraste, en Londres 2012 la delegación regresó con 21 metales: seis oros, cuatro platas y 11 bronces.

La delegación nacional, así, tampoco pudo acercarse a las 20 preseas logradas en Beijing 2008, incluidas las 10 del metal dorado. En Brasil, México terminó en la posición 29 del medallero y fue superado por países de la región a los que antes dominaba, como Cuba (lugar 18 en el medallero). En Londres 2012, México también cerró en el sitio 29.

Esto ocurrió a pesar de los vaticinios del responsable del deporte adaptado en la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade), Samuel Pérez Portillo, quien aseguró que en la justa brasileña la delegación mexicana ganaría más preseas que hace cuatro años.

En los Paralímpicos de Río 2016, realizados entre el miércoles 7 y el domingo 18, la delegación nacional estuvo conformada por 69 deportistas (31 mujeres y 38 varones), que compitieron en nueve disciplinas. Los 14 atletas mexicanos que se adjudicaron las medallas tienen un promedio de edad elevado: 39.5 años, por encima de los cuatro países que se ubicaron en los primeros lugares: China, Gran Bretaña, Ucrania y Estados Unidos.

Los 107 deportistas que encaramaron a China en la cúspide, con 239 medallas (107 de oro, 81 de plata y 51 de bronce), tienen un promedio de 26 años; los 89 participantes de Gran Bretaña tienen una media de 28.5 años, contra los 27.3 años de edad de los 67 ucranianos, que concluyeron en el tercer sitio. Y los 57 competidores de Estados Unidos –que ganaron 115 preseas–promedian 29.2 años de edad.

Así, la incertidumbre impera porque no se ven los nuevos prospectos del deporte paralímpico nacional: el único medallista mexicano joven es el nadador Jesús Hernández, quien a sus 24 años consiguió el bronce en la prueba de 50 metros espalda S4. En contraparte, Salvador Hernández, 30 años mayor que Jesús, logró la plata en atletismo 100 metros T52.

De hecho, desde Sídney 2000 siguen ganando los mismos atletas nacionales, e incluso en las mismas disciplinas:

Patricia Valle (bronce en 50 metros SB3) participó en sus sextos Juegos Paralímpicos, mientras que para Amalia Pérez (oro en powerlifting), Salvador Hernández (bronce en atletismo) y Édgar Navarro (doble medallista, en 100 y 400 metros T51) fueron sus quintos juegos. Luis Zepeda, plata en lanzamiento de jabalina en Río 2016, y Pedro Rangel (bronce en natación 100 metros SB5) participaron en sus cuartos Paralímpicos.

Ángeles Ortiz (oro en lanzamiento de bala), Lenia Fabiola Ruvalcaba (oro en judo en la categoría de 70 kilos), Eduardo Ávila (oro en judo en la división de 81 kilogramos), José Castillo (bronce en powerlifting) y Nelly Miranda (bronce en 50 metros estilo libre S4) compitieron en sus terceros Juegos. Rebeca Valenzuela, de 24 años (bronce en lanzamiento de bala) cumplió su segunda experiencia paralímpica. Jesús Hernández fue el único debutante.

Para colmo, la multimedallista mexicana Doramitzi González, quien ha conquistado 11 preseas desde Sídney, así como otros tres nadadores nacionales, se quedaron sin la oportunidad de competir por un descuido de la empleada de la Conade Aline Arouesty. Ella no llegó a tiempo para inscribir al equipo de relevos 4×50 metros mixto.

Junto con Doramitzi, también fueron privados de participar en el equipo mixto: Nely Miranda, Gustavo Sánchez y Raúl Martínez, de 16 años, el competidor más joven de la delegación mexicana.

La estrella de la natación nacional, Juan Ignacio Reyes, asistió a Río con la idea de conquistar su quinto título consecutivo en igual número de ediciones en la especialidad de 50 metros dorso categoría S4. Por primera vez en su carrera, el nadador de 35 años regresó sin podio, luego de haber sumado cinco preseas doradas, una de plata y otra más de bronce en sus diversas participaciones.

El sábado 17, Reyes, quien además ostenta el récord paralímpico y mundial (42.71 segundos), cerró su prueba en el cuarto lugar con tiempo de 45.46 segundos en el Estadio Acuático Olímpico. En contraste, Jesús Hernández obtuvo el bronce con 45.30 segundos.

Reyes nadó con un tiempo de 45.96 su hit eliminatorio. Ahí terminó primero, pero no le alcanzó para mejorar su registro en la prueba final. Por su parte, Jesús calificó a la final en el tercer sitio, con tiempo de 44.49 segundos.

Los chinos se proclamaron monarcas de los Paralímpicos tras destacar en 13 deportes: natación, tiro con arco, powerlifting, atletismo, ciclismo, judo, tenis de mesa, volibol, esgrima, bocha, remo, goalball, tiro deportivo.

Gran Bretaña, con 147 medallas (64 de oro, 39 de plata y 44 de bronce) finalizó en el subliderato. Con tan sólo dos preseas de ventaja, Ucrania desplazó a Estados Unidos del tercer sitio en el medallero gracias a 11 pruebas en la que sus 67 atletas sumaron 117 medallas (41 de oro, 37 de plata y 44 de bronce). Estados Unidos consiguió las 115 medallas en 14 pruebas. Y entre sus participantes, la ciclista Jill Walsh conquistó dos preseas de plata a sus 53 años, en las especialidades de ruta y ruta contrarreloj. La más joven de sus competidoras, Alexa Halko, de 16 años, contribuyó con dos platas en atletismo de 400 y 800 metros T33/34 y un bronce en 100 metros.

La británica Anne Dunham se proclamó monarca paralímpica y doble subcampeona en ecuestres a los 67 años. Fue la atleta más veterana en ganar preseas, mientras que el chino Yi Chen, de 15 años, se adjudicó una presea dorada, una de plata y dos de bronce en natación. Junto a su compatriota Yue Deng, de la misma edad y ganadora de una de plata y una de bronce en natación, destacaron como los más jóvenes medallistas paralímpicos en Río.

Los números del desastre

Amalia Pérez, atleta referente de la delegación mexicana, asistió a su quinta cita en Juegos Paralímpicos, decidida a ponerle punto final a su brillante carrera, en caso de un resultado adverso en Río 2016. Pero todo cambió al colgarse la medalla dorada en powerlifting (levantamiento de potencia) con marca mundial y paralímpica incluida, tras levantar 130 kilos en la categoría menos de 55 kilos.

La pesista –quien acumula cinco preseas en igual número de Paralímpicos: tres de oro y dos de plata– es una de los cuatro deportistas nacionales que ganaron el metal dorado en Río 2016, además de Ángeles Ortiz en lanzamiento de bala y los yudocas Fabiola Ruvalcaba y Eduardo Ávila.

Dos medallas de plata y nueve más de bronce completaron la actuación de México en Río, uno de los balances de más bajo rendimiento desde Heidelberg 72, donde México terminó sin sumar en el medallero, ni tampoco alcanzó el oro en Barcelona 92, si bien en el ciclo siguiente, Atlanta 96, consiguió tres preseas doradas.

Los finales de los setenta, así como las década de los ochenta y 2000 fueron las más exitosas para la representación nacional, que en Arnhem 80 terminó con 20 medallas de oro, 16 de plata y 6 de bronce, para un total de 42, con lo que cerró su mejor participación en la historia. Con estos resultados, México superó los logros de su segunda incursión en Juegos Paralímpicos: Toronto 76 (16 de oro, 14 de plata y nueve de bronce, para una suma de 39).

Al menos desde Sídney 2000, los deportistas nacionales siempre volvieron con una decorosa cosecha de medallas doradas: 10 en Sídney 2000, 14 en Atenas 2004 y 10 en Beijing 2008. Pero en los últimos años la delegación refleja un alarmante declive: apenas alcanzó seis oros en Londres 2012 y cuatro años después la producción se redujo a sólo cuatro.

Amalia Pérez, de 43 años, tiene varias explicaciones para este progresivo descenso: “La generación de Sídney 2000 ya envejeció: el cuerpo, el trabajo y la vida te lo cobra. Todo tiene un principio y un final. Tampoco hay un relevo generacional, porque no se ha trabajado para ello”. Peor aún: “Faltan programas de desarrollo y seguimiento de los nuevos prospectos, como consecuencia de que los directivos se han eternizado en la federación”.

“Tenemos que ser honestos y realistas: los atletas de Sídney 2000 ya estamos en una edad madura. Por eso consideré justo que en Río dependía de mis resultados continuar otro ciclo paralímpico, aunque la verdad desconozco si alcanzaré a llegar bien a Tokio (2020).”

Para ella, el problema en su disciplina radica en la Federación Mexicana de Deportes de Sillas Sobre Ruedas –que aún preside Pablo Lárraga. Desafortunadamente, dice, ahí se han generado muchos círculos viciosos y compromisos personales que dejan de lado el interés deportivo.

De acuerdo con la atleta, en Río 2016 la delegación mexicana debió conseguir mejores resultados. “Ni siquiera alcanzamos a empatar lo que hicimos en ediciones anteriores. La mayoría de los atletas tuvimos un proceso y desarrollo a pulso y pulmón; no es que haya sido producto de un trabajo ni seguimiento ni preparación específica, que desde hace varios ciclos hemos pedido a gritos”.

Con 25 años dedicada al deporte, la monarca paralímpica de levantamiento de potencia acusa de conformistas a las autoridades deportivas que se colgaron de los resultados gracias a las medallas de los atletas y con eso justificaban los recursos.

–¿Lo ocurrido en Río 2016 debe ser una fuerte llamada de atención para las autoridades deportivas del país?

–Definitivamente. Tampoco me da gusto, pero ya lo veía venir. No son mentiras, caprichos ni berrinches, o como nos han llegado a decir: que “las ladies quieren todo”. Sólo queremos lo necesario para trabajar, porque estamos viendo con desazón que el deporte paralímpico se está cayendo a pedazos.

A Pérez le duele que ahora “nos superan países latinos como Brasil y Cuba, que ya se nos están despegando”.

La hegemonía de México sobre Brasil se mantuvo hasta Atenas 2004, aunque con escaso margen, pues mientras la delegación nacional sumó 34 preseas, los brasileños cerraron con 33. Todo cambió en Beijing 2008, donde Brasil acumuló 47 medallas contra 20 de México. Y para Londres 2012, el país sudamericano mantuvo su tendencia al alza, con 43 preseas contra 21 de México.

Cuatro años después, en Río 2016, la diferencia se multiplicó: los primeros sumaron 72 preseas (14 de oro, 29 de plata y 29 de bronce). México, en cambio, apenas alcanzó 15 (cuatro de oro, dos de plata y nueve de bronce).

El fin

Cristina Hoffman, la mejor exponente paralímpica de tenis de mesa, ya en el retiro, tiene clara la situación en el deporte adaptado: la generación de exitosos deportistas paralímpicos entró en declive.

“Varios deportistas van en decadencia”, alerta Hoffman, quien recuerda que ella, junto a su esposo, Sergio Luján, y la medallista paralímpica Amalia Pérez encendieron los “focos rojos desde hace dos ciclos paralímpicos” en el sentido de que no se estaba trabajando con los jóvenes ni existe un programa integral para detectar a los nuevos prospectos.

Hoffman detalla que las autoridades deportivas se concentraron exclusivamente en los deportistas que han obtenido medallas. “Es importante apoyar tanto los que están arriba como a los que vienen abajo. Pablo Lárraga no tiene la calidad moral para estar ahí”.

Para Hoffman, hay dos responsables de la debacle de su deporte: Lárraga y el director técnico de dicha federación, Sergio Durán, a quienes acusa de tener “secuestrado” al referido organismo.

“No es posible que un solo director técnico represente a todos los deportes, porque no puede ser un todólogo. Debe haber un director técnico por cada disciplina, que conozca los reglamentos y las modificaciones a las reglas de competencia. Muchas veces los deportistas se enteran de que cambiaron las reglas en plena competencia. Así, es muy difícil que alcancen los lugares que deberían. ¿Y quién se enteró? Tristemente nadie”, expone Hoffman.

Desde 2013, Hoffman, Luján y Pérez promovieron litigios en contra de Lárraga, señalado de modificar los estatutos del organismo para perpetuarse en el cargo. Los denunciantes aún esperan las resoluciones de la Comisión de Apelación y Arbitraje del Deporte (CAAD). (Con información de Beatriz Pereyra).