Han transcurrido más de cuatro años desde que comenzó la filmación de este multipremiado documental, conmovedor retrato de un ejemplo de solidaridad único en el mundo: el de Las Patronas, mujeres veracruzanas que alimentan a los migrantes montados, con riesgos de sus vidas, sobre el lomo de La Bestia.
Tras sorprender en más de 60 festivales de cine nacionales e internacionales
–en los cuales ha obtenido más de 10 reconocimientos–, el largometraje documental Llévate mis amores, que pinta de cerca la vida de Las Patronas, se estrenará en las salas comerciales del país en octubre próximo.
Durante cuatro años un equipo de sólo tres jóvenes universitarios: Arturo González Villaseñor, Indira Cato y Antonio Mecalco (con créditos de director, productora y fotógrafo), realizó, prácticamente sin recursos, la filmación de esta cinta de 90 minutos.
En ella se muestra la ayuda que este grupo de mujeres veracruzanas, conocidas a nivel internacional, ofrecen con comida y a veces con hospedaje a los migrantes centroamericanos y mexicanos que viajan “de mosca” en el tren La Bestia. Van rumbo a Estados Unidos, enfrentando un sinnúmero de peligros, inclusive secuestros y asaltos cometidos tanto por el crimen organizado como por la policía.
El filme será distribuido por la empresa Piano y se lanzará a la cartelera con 10 copias para llegar a por lo menos 40 pantallas en Baja California, Chiapas, Chihuahua, Ciudad de México, Estado de México, Hidalgo, Jalisco, Morelos, Nuevo León, Oaxaca, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí, Veracruz y Tlaxcala.
También formará parte del ciclo Talento Emergente, organizado por la Cineteca Nacional para propagar obras de jóvenes realizadores, por lo que se proyectará del 3 al 8 de octubre con dos funciones diarias en dicho recinto. Además, junto con otros 13 títulos que integran la programación de esta muestra, viajará a finales de octubre a Guadalajara, Monterrey y Tijuana, entre otras ciudades.
Si bien Las Patronas han aparecido en diversas cintas donde los personajes son La Bestia y los migrantes, este es el primer largometraje donde ellas son las protagonistas: cómo viven, qué piensan, cuáles sus preocupaciones económicas, cómo nació su compromiso; en fin, su entrega cotidiana.
Con música de Muna Zul, en Llévate mis amores aparece Daniela Romero Huerta, quien mueve el arroz y relata que cuenta con 24 años de edad y dos hijos: el mayor, de nueve años, Daniel, y Jorge, de seis. Y sigue:
“Estuve juntada con el papá de Jorge. Vivimos cinco años. Él se fue a Estados Unidos. Yo me quedé embarazada. Seguía trabajando y Jorge nació. Cuando su papá regresó, Jorge empezó a caminar, pero su papá tomaba mucho. Era muy rudo. No le podíamos decir nada porque era muy agresivo.
“Un día que estaba tomando mi esposo, sentado en la esquina de su casa con su sobrino, llega su amigo y le dijo que por qué estaba diciéndole de cosas, pero ya no le habló su amigo, nada más llegó y le disparó. Le dio un tiro en la mejilla. Mi esposo falleció al instante.”
Ella narra que ha pensado irse a Estados Unidos a conseguir “algo mejor”:
“Por lo que he vivido y sufrido, me gustaría que mis hijos tengan lo mejor y, primeramente Dios, me pienso ir porque aquí es lo mismo lo que te pagan en Córdoba. Aquí el sueldo es como para ir muriéndonos de hambre. Hay que arriesgarse también, porque si uno nunca se arriesga, siempre voy a estar aquí en este hoyo.”
Indira Cato destaca que la cinta evidencia que si es posible ayudar al más necesitado aunque no se tenga dinero:
“Las Patronas todos los días, desde hace 21 años, cocinan grandes cantidades de comida para los migrantes. Apoyadas por donaciones de universidades y grupos sociales, su labor es un claro testimonio de solidaridad, como queda claro en el largometraje, que después de cuatro años de filmación se estrenó en el Festival de Cine de los Cabo de 2014, donde ganó el Premio México Primero, el único económico, con el cual se lograron pagar deudas acumuladas de la postproducción.
“Y ha cosechado otros reconocimientos y donaciones para Las Patronas, hasta el día de hoy, en el que por fin será visto en salas por todo público, gracias al apoyo del Estímulo Fiscal a Proyectos de Inversión en la Producción y Distribución Cinematográfica Nacional (Eficine189), a través de las editoriales Santillana y Richmond.”
Las distinciones a Llévate mis amores en lo que va de 2016 son Mejor Documental del Festival Internacional de Cine Álamos Mágico (Sonora, México); Premio de Bronce por Mejor Mensaje de Derechos Humanos en el Festival Internacional de Documentales del Milenio (Bruselas, Bélgica); Mejor Documental y reconocimiento del Público en la Muestra de Cine Latinoamericano de Cataluña (España); Mejor Documental y Mención Honorífica del Jurado en el Festival Internacional del Cine Pobre (Gibara, Holguín, Cuba).
En 2015 recibió Mención Honorífica al Mejor Largometraje Documental en el Festival Internacional de San Cristóbal de las Casas (Chiapas, México) y el Premio del Público en Viva México. Encuentros Cinematográficos (París, Francia). Todos estos estímulos no incluyen gratificación monetaria.
Un largo y sinuoso camino
Para Cato, crear Llévate mis amores “fue un largo y sinuoso camino que recorren la mayoría de los documentales mexicanos independientes”:
“Con escasísimos recursos emprendimos la tarea de filmar a Las Patronas en su cotidianidad. Había trabajos previos sobre su labor, pero queríamos retratar a estas mujeres para entender de dónde brota tanta entrega, tanta solidaridad, y el documental se centra en ellas”, relata la joven cineasta, quien obtuvo un premio en Bolivia en 2008 por su cortometraje Percepciones.
El inicio de la jornada de filmación fue difícil:
“¡Hacer cine es muy caro! No imaginaba cuánto hasta que decimos realizarlo. Muchas veces nos topamos con negativas, pero las primeras imágenes de la película comenzaron a convencer a quien las veía. Y así, la edición estuvo a cargo de la reconocida Lucrecia Gutiérrez Maupomé, cuyo trabajo fue pagado en parte con los donativos que 128 personas aportaron a través de microinversiones en la plataforma Fondeadora.
“La solidaridad se extendió con empresas y personas, con las que hubo intercambios en especie, como Labo Digital y Entera Post. La revista Proceso ofrece apoyo en la difusión. Y para terminar la postproducción hubo un convenio con la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) Xochimilco, por lo que es la primera película producida por esta casa de estudios. Al mismo tiempo se juntaron más de 10 colectas específicas para Las Patronas, no para los migrantes, que consistieron en grandes cantidades de ropa y artículos de baño e higiene, para hacer la vida de ellas más fácil.”
Los realizadores aprecian a Llévate mis amores como un ejemplo de solidaridad dentro y fuera de la pantalla. “Las Patronas auxilian a los migrantes, nosotros queríamos ayudarlas difundiendo su labor, y mucha gente nos apoyó”, explica Cato.
Cabe destacar que se han organizado funciones del largometraje a beneficio de organizaciones de derechos humanos, como Scalabrinianas, Misión con Migrantes y Refugiados y Fundación Camino a Casa, esta última atiende a niñas y jóvenes que fueron víctimas de trata con fines de explotación sexual comercial.
Las compañías productoras de la película son Acanto Films y Pimienta Films.
El pasado 17 de septiembre Las Patronas publicaron en su cuenta de Facebook cambios en su estructura, ya que varias de sus colaboradoras se integraron a Scalabrinianas y una más se retiró para formar una nueva familia, se lee.
Es dicha red publicaron que actualmente el grupo lo integran Karla María y María Karina Aguilar Romero, Jafet Figueroa Romero, María Guadalupe González Herrera, Ana Lilia Jiménez Alvízar, Mariela Nájera Romero, Julia Ramírez Rojas, Bernarda, María Antonia, Norma y Rosa Romero Vásquez, Leonila Vásquez Alvízar y José Luis Aguilar Hernández.
Agregan que reconocen a las personas que cooperan continuamente con ellas de forma voluntaria: Uriel Gamaliel Guzmán Alvarado, Anahí Cristóbal Reyes e Isabel Romero Tejero.
El crítico de cine Javier Betancourt escribió en Proceso el 14 de febrero de 2015 que Llévate mis amores “ofrece una línea dramática tan intensa como el paso del tren, las entrevistas a cada una de ellas; todo un coro de historias de vida”.
Se percibe en la trama que casi todas Las Patronas mayores no estudiaron, y trabajaron como empleadas domésticas y en el campo. Otra de ellas, Lorena Aguilar, frente a una milpa, se describe con lágrimas:
“Atrás de esta mujer fuerte…, existía una mujer que le ha pasado de todo. Mi papá fue alcohólico. Yo bien chica tuve que salir a trabajar. A los 11 años empecé a hacerme cargo de mi casa, y algo que me marcó mucho fue que me enfermé. Después de esa operación dilaté un año en depresión porque mi familia me había dejado sola, pero aquí estoy…”








